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¿Mercosur o Hispanoamérica?

Ya en 1847, Andrés Bello sostuvo que la lengua española era «un medio providencial de comunicación y un vínculo de fraternidad entre las varias naciones de origen español». Hoy lo es más que nunca: 96,6% de quienes viven en estas tierras la poseen como hablantes nativos y casi todos ellos como lengua materna.

Artículo de CARLOS LEÁÑEZ ARISTIMUÑO, publicado en el diario El Nacional (Caracas), el 11 de noviembre de 2012

hispanoamerica unida y brasil divididoEl mundo unipolar de los noventa ha desaparecido. Vamos hacia grandes y múltiples polos actuando en marcos multilaterales. Quien se halle articulado a un polo falto de organicidad no tendrá consistencia ni pegada. Quien se encuentre desarticulado tendrá que correr los riesgos que implica ser un enano en medio de gigantes. Quien esté adscrito a un polo adecuado a su cuerpo histórico-cultural encontrará la fortaleza necesaria para un intercambio óptimo con el mundo. ¿Cuál será el polo de los hispanoamericanos? ¿Uno que gravite en torno a los Estados Unidos? Aunque en plena mutación, todavía difieren demasiado de nosotros. ¿O más bien uno en torno a Brasil? No parecería óptimo: tiene otra historia, otra lengua, otros intereses. Dicho crudamente: ya juega en el patio de los grandes, donde los pequeños no deben aventurarse sin haberse previamente reagrupado para dar la talla. Sin embargo, con la salida de Venezuela de la Comunidad Andina de Naciones y su entrada al Mercosur, pareciera no irse hacia el reagrupamiento de los semejantes, sino hacia una hegemonía brasileña en América del Sur. Errado camino. Sigue leyendo

«Hispanoamérica, una nación fragmentada»

El siguiente texto es un extracto de «Una crítica radical del concepto nación» (Julio de 2007), escrito por el sociólogo y político panameño Olmedo Beluche.

Hispanoamérica, una nación fragmentada

Desde la perspectiva que defendemos, la base objetiva, real, que explica la pervivencia de esta idea a través del tiempo es que Hispanoamérica constituye una nación fragmentada en una veintena de repúblicas. Fragmentación impuesta por las circunstancias políticas, técnicas y geográficas, que el propio Bolívar consideró en su Carta de Jamaica de 1815. Sigue leyendo

La identidad hispanoamericana

«hacia 1810 existía una protonacionalidad panhispanoamericana (…) Un caraqueño en Santiago de Chile era un forastero, pero no un extranjero (…) entonces operaban dos identidades colectivas superpuestas. Por un lado estaba la lugareña (cordobés, limeño, quiteño) y por encima de ella funcionaba el paraguas identitario «español-americano». Este aunaba en un solo «nosotros» a los criollos de toda la región»

Artículo publicado por Carlos Escudé para el diario argentino La Nación (5 de agosto de 2009)

Virreinatos de la América española hacia 1810

Virreinatos de la América española hacia 1810

Pocos ejercicios aportan tanto a la comprensión de quiénes somos los hispanoamericanos como comparar el origen del sentido de identidad en nuestra región con el de los europeos. Sorprenden tanto las diferencias como los paralelos, que enseñan incluso por qué la guerra es menos frecuente entre nosotros.

Curiosamente, en ambos casos la cadena causal que condujo a la formación de las identidades nacionales actuales se origina en el colapso de un imperio: el romano, en el caso europeo, y el español, en el nuestro. En la temprana Edad Media, la quiebra de las instituciones imperiales produjo anarquía e inseguridad, aislando las comarcas europeas unas de otras. Siguiendo el conocido planteo de Benedict Anderson, en las regiones más romanizadas el latín del vulgo se transformó en forma acelerada, dando lugar a una multitud de lenguas vernáculas diferenciadas. A lo largo de siglos se produjo una segmentación cada vez mayor de estos romances, de modo que casi en cada valle se hablaba un dialecto diferente. Simultáneamente, en la Europa menos romanizada las lenguas indígenas recobraron su vitalidad, configurando un mosaico no menos segmentado. A la vez, el clero y las aristocracias permanecieron vinculados lingüísticamente por medio del latín eclesiástico. Sigue leyendo

A Roosevelt

ruben dario

Poema de Rubén Darío incluido en “Cantos de vida y esperanza”, 1904, libro en que el poeta expresa su inquietud por el futuro de la cultura hispánica frente al aplastante predominio de los Estados Unidos. Darío es considerado el máximo representante del modernismo literario en lengua española y posiblemente el poeta que ha tenido una mayor y más duradera influencia en la poesía del siglo XX en el ámbito hispánico.

 

¡Es con voz de la Biblia, o verso de Walt Whitman,
que habría que llegar hasta ti, Cazador!
Primitivo y moderno, sencillo y complicado,
con un algo de Washington y cuatro de Nemrod.
Eres los Estados Unidos,
eres el futuro invasor
de la América ingenua que tiene sangre indígena,
que aún reza a Jesucristo y aún habla en español. Sigue leyendo

La unidad indestructible de Hispanoamérica

Extensión

Extensión de las Indias (Hispano-américa) en el siglo XVIII [Pulsar en el mapa para ampliar]

«No hay linaje ni más claro ni de mayor arraigo histórico que el nuestro en todo el mundo (…) Somos una sola unidad indestructible desde hace cuatrocientos cincuenta años. Conviene recordarlo y recalcarlo a cada momento (…) La indianidad, o sea, la existencia y predicamento en la América civilizada por españoles de un concepto vital de unidad, sentido uniformemente en todas partes, era en 1810 una realidad más palpable que la de las restrictas nacionalidades»

Texto recopilado en «Estudios Históricos e Internacionales», del Dr. Felipe Ferreiro, Edición del Ministerio de Relaciones Exteriores de Uruguay, Montevideo, 1989. Publicado originalmente en la revista Por la Patria, Nº 19, Septiembre-Octubre de 1945

Nuestra América Hispana no será afectada por las posibles incidencias que convulsionarán al Mundo en la Postguerra.

Aquí no hay problemas pendientes de límites, ni de rivalidades de razas, ni de competencia comercial, ni de regímenes políticos, ni sociales ni de clases.

Somos un todo único y solidario y lo que necesitamos sobre todo para hacernos considerar en lo que valemos es volver el corazón y la mirada hacia el pasado para fortificar nuestra fe común y sentirnos iguales y hermanos desde el fondo de los tiempos.

Nos pertenece el continente desde que por el esfuerzo de España se incorporaron sus tierras a la civilización cristiana. No hay linaje ni más claro ni de mayor arraigo histórico que el nuestro en todo el mundo. Tampoco puede existir una fraternidad de pueblos más firmemente cimentada, puesto que es de sangre, ideales y sentimientos.

Somos una sola unidad indestructible desde hace cuatrocientos cincuenta años. Conviene recordarlo y recalcarlo a cada momento. Sigue leyendo