Pedro Henríquez Ureña y la identidad hispanoamericana

“La llamada utopía de América de Pedro Henríquez Ureña no es solamente el título de un discurso que el autor pronuncia en Argentina, sino un verdadero proyecto civilizador que lograría integrar a Hispanoamérica”

Portada de "La utopía de América", de una edición de 1925.

Portada de “La utopía de América”, de una edición de 1925.

El siguiente texto es un fragmento del ensayo titulado “Pedro Henríquez Ureña: La identidad cultural hispanoamericana en La utopía de América“, de Laura A. Moya López, publicado en la sección “Estudios de historia moderna y contemporánea de México” del sitio web del Instituto de Investigaciones Históricas de la UNAM (Universidad Nacional Autónoma de México).

La cultura como problema moral

El problema de la identidad, es decir, de la definición del conjunto de referentes que fijan los sentidos de pertenencia a una comunidad, tuvo durante el siglo XIX su núcleo fundamental de discusión en torno a la variable de la raza. De esta forma, el ideal de patria, por lo menos en México, estaba profundamente ligado a contenidos de tipo mestizo. Algunos miembros del Ateneo de la Juventud, entre ellos, Henríquez Ureña, plantearon sus reflexiones sobre la identidad bajo un marco de interpretación que enfatizó no el contenido biológico de las razas, sino la posibilidad de un mestizaje cultural, aceptando de una vez el peso de la herencia latina y humanista. Sin duda José María Vigil y Justo Sierra fueron en el contexto mexicano antecesores importantes en esta reflexión.

La identidad de Hispanoamérica para nuestro autor se encontraba fincada en el ámbito de la cultura, que fue planteado en dos dimensiones complementarias a lo largo de su obra. En primer lugar, el autor convirtió a la historia de la cultura en la América hispánica en un objeto de estudio que logró clasificar y ordenar un complejo entramado de costumbres, expresiones estéticas y artísticas, así como de tendencias literarias y filosóficas diversas, para brindarnos un panorama coherente de la esencia hispanoamericana, vinculada para Henríquez Ureña por la existencia de una forma de expresión y por tanto de representación común del mundo: el idioma español. Encontró en la escritura de la historia de la cultura una forma de afianzar la memoria colectiva de Hispanoamérica.

La segunda dimensión de su análisis sobre la cultura se refiere al planteamiento de un problema filosófico de gran importancia en su época: la relación entre lo particular y lo universal, es decir, el eterno conflicto entre lo nacional y lo universal, tema del que se ocuparon también Vasconcelos, Caso, Reyes y, posteriormente, Samuel Ramos en 1934 con la obra El perfil del hombre y la cultura en México.

Frente a este dilema entre lo universal (la cultura de las humanidades) y lo particular (las manifestaciones culturales nacionales), Henríquez Ureña respondió a partir de la formulación de una utopía, es decir, de un esfuerzo por construir una imagen de la sociedad deseable en que la armonía sería el valor dominante. Para cumplir con este objetivo, la atención del autor se centró no en reflexiones sobre el contexto socioeconómico y político hispanoamericano, sino en la dimensión de la vida cultural como el gran horizonte que permitiría la perfectibilidad moral y espiritual del hombre. Muchos de los ensayos a los que nos referiremos a continuación reflejan una gran confianza en las posibilidades humanas.

El utopismo de Henríquez Ureña contribuyó a recordarle a las sociedades hispanoamericanas sus limitaciones y que, aunque pudieran estar satisfechas consigo mismas, eran concebibles otras formas de vida. Si en la época actual podemos advertir que el utopismo logra articular una perspectiva y un diagnóstico sobre los problemas más acuciantes, a partir del contraste con el mundo ideal, Henríquez Ureña logró no sólo reconstruir nuestra memoria histórica sobre la vida cultural de Hispanoamérica, sino que además contribuyó a perfilar una utopía, un proyecto cultural que, si bien en sí mismo era irrealizable como toda utopía, su importancia radicó en orientar la vida intelectual del autor hacia ese fin, otorgándole sentido y dirección a cada una de sus empresas culturales. Logró pensar lo posible a través de la dimensión de lo deseable y, si bien reconoció la importancia de las transformaciones estructurales en Hispanoamérica, depositó su fe absoluta en la necesidad de una transformación moral y cultural.

La llamada utopía de América de Pedro Henríquez Ureña no es solamente el título de un discurso que el autor pronuncia en Argentina, sino un verdadero proyecto civilizador que lograría integrar a Hispanoamérica. Sus componentes fundamentales eran los siguientes: en primer lugar, la discusión en torno al papel de la educación pública, la Universidad y la alta cultura; en segundo, el referente griego de la cultura humanista y su ideal de progreso, y finalmente su aguda reflexión sobre el sentido de las utopías en América.

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