Bolívar y el sueño de una Hispanoamérica unida

“lo que Bolívar tenía en mente era nada menos que la creación de un imperio hispánico independiente en América (…) EI propósito (…) era, desde luego, llevar a los hispanoamericanos al centro mismo del dinámico comercio del Atlántico Norte, conquistar un lugar en la naciente hegemonía, obtener para la América española las mismas cosas que veía avecinarse a los Estados Unidos. Y esto es, sin duda, un sueño que la mayoría de los hispanoamericanos han acariciado desde la independencia, sueño expresado de mil maneras distintas, pero cuya esencia se ha mantenido constante a través de los muchos cambios de regímenes políticos o ideologías de moda”

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Simón Bolívar y Francisco de Paula Santander saliendo del Congreso de Cúcuta, según un óleo de Ricardo Acevedo Bernal (1926).

El siguiente texto es un extracto del ensayo titulado “Simón Bolívar y el sueño de una Hispanoamérica unida” (1983), del historiador y profesor universitario estadounidense John V. Lombardi. Tomado del sitio web REDINED (Red de base de datos de información educativa – Ministerio de Educación y Ciencia de España).

LA VISION BOLIVARIANA

EI legado de Bolívar a América se encuentra en los volúmenes de leyes, decretos, proclamas, cartas y similares que, mejor que ningún historiador, muestran la vida que él intentó crear. Este fructífero frenesí dejó a Venezuela y a la América española una visión extraordinaria del hombre de letras y de acción del siglo XIX, parangón muy imitado desde entonces en las Américas. A través de sus escritos vemos a Bolívar como una de las figuras intelectuales importantes de Venezuela. Sus cartas revelan un intelecto cultivado y lúcido, documentado y perceptivo, Ileno de idealismo moderado por el realismo nacido de la experiencia y la observación aguda. Sin embargo, sus obras mayores están escritas con gran estilo y habilidad, para impresionar a aquellos a quienes iban destinadas: por ejemplo, la célebre Carta de Jamaica, enviada desde Kingston en 1815 y dirigida a un público inglés que aún podía dudar de la legitimidad del espíritu independentista de Hispanoamérica; o el discurso de Angostura, pronunciado ante los vacilantes legisladores venezolanos del Congreso de Angostura en 1819, en un esfuerzo por robustecer su resolución de emprender el asalto continental contra el imperio español y la creación de un gobierno fuerte. Cada una de estas muestras, junto con otras obras clásicas bolivarianas, podría aparecer en una antología de grandes cartas hispanoamericanas.

Dentro de este marco, Bolívar tuvo mucho que decir acerca del futuro y el pasado de la América española. Aunque frecuentemente influidos por el peso de crisis polfticas y necesidades militares, estos escritos muestran una comprensión nítida y preclara de la índole del ámbito hispanoamericano. Más que ninguno de sus contemporáneos, Bolívar captó la esencia de una Hispanoamérica unida, libre de España, partícipe del creciente comercio mundial de los imperios atlánticos y asociada igualitaria de Gran Bretaña y los Estados Unidos en la administración de los asuntos del hemisferio.

LOS ORIGENES DE UNA AMERICA UNIDA

“Es una idea grandiosa pretender formar de todo el mundo nuevo una sola nación… Ya que tiene un origen, una lengua, unas costumbres y una religión, debería por consiguiente tener un solo gobierno que confederase los diferentes estados que hayan de formarse…” (Bolívar, Carta de Jamaica, 6 de septiembre de 1815).

Hoy, el concepto de una Hispanoamérica unida, que actúe según un conjunto común de principios y aspiraciones nacionales, sigue siendo una meta muy anhelada por los países de este hemisferio. No representa un entusiasmo nuevo, inventado por preocupaciones modernas, sino que dimana de la urdimbre misma de la sociedad y las políticas hispanoamericanas, visible al menos desde mediados del siglo XVIII. Y pocos lugares ilustran mejor esta verdad que la región septentrional de Sudamérica.

La Venezuela que Simón Bolívar conoció a comienzos del siglo XIX existió como entidad reconocible a resultas de un largo proceso de consolidación, iniciado en el siglo XVII, que Ilegó a una conclusión lógica y  general con la creación de la Capitanía General de Venezuela en 1776. Apenas en su segunda generación, la Venezuela que llegaría a ser una república gracias a los héroes de la independencia, debía su forma, lógica organizativa y existencia política a los esfuerzos de un imperio español cuyo mandato consolidador y organizador unió a toda la América española.

Es esta tradición hispánica de un solo sistema gobernante, una organización económica integrada y racionalizada, y una omnipresente matriz cultural, la que imbuye la comprensión bolivariana del poderío y el potencial de una América unida. Como los demás caudillos de las guerras de independencia latinoamericanas, Bolívar sólo tuvo que contemplar lo que lo rodeaba para encontrar inspiración para la unidad y la cohesión continental. Pero la visión de casi todos los héroes independentistas -en contraste con la de Bolívar- no pudo trascender los requerimientos ideológicos y materiales de las guerras de independencia, para enfocar los más grandes asuntos estructurales que traería consigo el triunfo de la independencia.

LOS ORIGENES DE LA INDEPENDENCIA

La independencia hispanoamericana, vista en su contexto más general, puede interpretarse como un gran paso en la reorientación de la economía hispanoamericana hacia los dictados del comercio mundial moderno, un cambio de enfoque, de un sistema económico y comercial regenteado por España, a un sistema comercial administrado primeramente por Inglaterra y después por los Estados Unidos. Los intereses de los comerciantes y productores latinoamericanos habían sido influidos desde tiempo atrás por los cambios de la balanza comercial europea, simbolizados por la expansión del comercio holandés e inglés, por el surgimiento de la flota británica como principal instrumento de un imperio comercial mundial y por el consiguiente declinar del poderío comercial español. Pero, antes de 1810, tal influencia llegaba a la América española amortiguada por la estructura organizativa, las leyes y las costumbres del imperio español. Esta  organización insólitamente poderosa, con sus múltiples conexiones por medio del idioma, las leyes, las costumbres y la familia -así como la organización política y la regulación económica- limitaba las oportunidades de los hispanoamericanos de participar en la expansión del comercio atlántico, y protegía a los hispanoamericanos de los rigores del capitalismo mercantil que regía dicho comercio.

La invasión napoleónica de España y el consiguiente desorden causado en el sistema imperiai español después de 1808 brindaron a los hispanoamericanos la oportunidad de afirmar su autosuficiencia, de exigir acceso a este nuevo comercio y de adquirir independencia para comerciar con los crecientes mercados del Norte del Atlántico. Pero España no fue fácil de vencer en América, y en Sudamérica la guerra necesaria para romper el vínculo entre la metrópoli y el imperio colonial resultó excepcionalmente feroz y prolongada.

Correspondió a los héroes de la independencia -Bolívar, San Martín,  Marino, Páez, Sucre, Santander y muchos otros- llevar la independencia a la América del Sur. Pero, de todos estos héroes militares, ninguno comprendió mejor que Simón Bolívar las dimensiones continentales de la guerra de independencia y de la prosperidad independiente.

LA DIMENSION MILITAR

Condicionados por su pasado hispánico a considerarse en lo individual como dependientes y dúctiles ante España, los dirigentes de las guerras de independencia hispanoamericanas a menudo vieron su esfuerzo por obtener la independencia como conflicto unidimensional, entablado entre cada región y la metrópoli. Aunque les interesaban las noticias de los acontecimientos que ocurrían en otras partes de América, rara vez concibieron su lucha vinculada con algo más que los intereses de su enclave colonial inmediato. San Martín podía preocuparse por Chile y aun interesarse en el Perú, pero los sucesos de Venezuela le parecían remotos y los de México, simples curiosidades. Aunque muchos caudillos independentistas comprendieron quizá que aquel esfuerzo era de envergadura continental, su experiencia personal con España les señalaba una solución que, en el mejor de los casos, sería local y que sólo bajo la más severa compulsión sería continental.

La República de Colombia, conocida como Gran Colombia, se concibió como el primer paso para la unión de toda la América española en un solo Estado. Sin embargo, se desintegró tras una vida efímera (1831).

La República de Colombia (conocida como Gran Colombia), se concibió como el primer paso para la unión de toda la América española en un solo Estado. Sin embargo, se desintegró tras una vida efímera (1831).

Desde luego, Bolívar a veces se vio limitado por estos mismos conceptos. En sus primeras campañas y acciones, antes del Congreso de Angostura de 1819, se centró en el esfuerzo de tomar Caracas y, desde allí, conquistar Venezuela. Esto, claro está, refleja directamente la administración imperial española, y habría podido dar resultado; pero España tenía profundas raíces en tierra venezolana, no sólo en la ciudad central, Caracas, sino también en los centros provinciales de Coro y Maracaibo, en las regiones agrícolas de Valencia y por doquier en los campos de Venezuela. Gradualmente, por la experiencia de ver la guerra desde el Caribe, desde Colombia y desde diversas partes de Venezuela, Bolívar llegó a comprender que se trataba de una empresa continental; que el imperio español, siendo una entidad continental, sólo podría ser remplazado con un esfuerzo de todo el continente. De ahí el giro que representó el ataque lanzado sobre Colombia desde Angostura, por encima de los Andes, las ulteriores campañas para quebrantar el dominio español de toda Venezuela, Ecuador, Perú y Chile.

Algunos han considerado esta impresionante visión militar como un reflejo del inmenso ego de Bolívar, como demostración de su voluntad de ordenar y mandar. Sin duda, Bolívar tenía un increíble ego, un vasto sentido de su propia competencia y una fe abrumadora en su capacidad de prescribir lo adecuado para América. Pero la imágen que imbuye el gran designio de Bolívar para América no guarda semejanza con un simple afán de poder, con un plan de enriquecimienio personal o con una mezquina busca de satisfacción.

Ver el sueño bolivariano dentro de este marco sería no comprender el alcance de su visión, la fuerza de su voluntad y la grandeza del designio que él propuso. Porque lo que Bolívar tenía en mente era nada menos que la creación de un imperio hispánico independiente en América. Deseó reinventar el concepto -conocido desde hacía 400 años- dotándolo de reglas nuevas y formas modificadas, pero tras el exterior modernizado, quería mantener los eslabones esenciales que habrían hecho del imperio español una entidad política tan duradera.

EI propósito de su re-creación del imperio español en América sin España era, desde luego, llevar a los hispanoamericanos al centro mismo del dinámico comercio del Atlántico Norte, conquistar un lugar en la naciente hegemonía, obtener para la América española las mismas cosas que veía avecinarse a los Estados Unidos. Y esto es, sin duda, un sueño que la mayoría de los hispanoamericanos han acariciado desde la independencia, sueño expresado de mil maneras distintas, pero cuya esencia se ha mantenido constante a través de los muchos cambios de regímenes políticos o ideologías de moda.

LA LOGICA DE LA INDEPENDENCIA

Por desgracia, ia visión bolivariana de una América española unida que heredara el poderío del imperio español contenía contradicciones que impedirían su realización en los años de la independencia y establecerían las tradiciones que harían imposibles alcanzar la unidad durante muchas generaciones por venir.

En primer lugar, los patriotas que conquistaron la independencia tuvieron que erigir al menos la apariencia de gobiernos republicanos liberales, dotados de constitución, legislatura, ramas ejecutivas, y una judicatura que diera a las principales jurisdicciones hispanoamericanas la dignidad exterior de un gobierno moderno poderoso. Esto tenía el fin de validar la afirmación de los americanos rebeldes de que no eran impertínentes colonizados sino sobrios republicanos, capaces de darse un gobierno firme y responsable. Así, para hacer creíble esta afirmación, cada jurisdicción colonial creó su propia constitución, legislatura, judicatura y otras instituciones, se dio un nombre nacional y proclamó ante el mundo su autonomía, independencia y responsabilidad. Cada jurisdicción intentó, asimismo, administrar sus propios asuntos con todo el estilo, complejidad y eficacia de sociedades mucho más experimentadas. Huelga decir que muchos de estos intentos fracasaron, pero el esfuerzo ha continuado hasta la actualidad, con algunos resultados notables.

Los caudillos patriotas consideraron esencial dar sustancia a sus pretensiones de autonomía local, y los hombres ambiciosos y capaces vieron amplias oportunidades de aprovechar aquellos acontecimientos para aumentar su riqueza, ajustar viejas cuentas o, en general, mejorar su situación. En consecuencia, en 1824, cuando España ya no podía afirmar objetivamente sus pretensiones en el continente americano, la ficción creada por los patriotas se había convertido en realidad, en una realidad que no coincidía exactamente con la imagen presentada al mundo, pero sí, al menos, en una realidad cuya sustancia principal estaba constituida por élites regionales autónomas, cada una de las cuales resguardaba celosamente sus prerrogativas de negociar independientemente con las principales naciones mercantiles de Europa.

La segunda ficción, que hasta cierto punto fue el análogo externo de la primera, requirió el repudio del contenido español de la vida hispanoamericana. Esto respondió, desde luego, a la necesidad de presentar la rebelión de América como un conflicto internacional entre una América independiente y una España colonizadora, y no como un asunto interno de España. Si esto podía sostenerse -pensaron Bolívar y sus compañeros- Inglaterra y los Estados Unidos podrían encontrar una manera de ayudar a los hispanoamericanos sin tener que reconocer su aprobación a levantamientos contra autoridades establecidas. Resultó que este enfoque también tuvo aplicaciones internas en Hispanoamérica.

La búsqueda del segundo objetivo requirió buen número de estrategias. Una de ellas fue la creación de una imagen de España que subrayara la índole cruel y autoritaria de la conquista española y su gobierno en América, tema que Bolívar hizo explícito en sus muchos escritos. Era seguro que esta idea caería en oídos bien dispuestos en la tradicional adversaria de España en Europa, Inglaterra, donde esta exagerada versión de la historia del imperio español podría parecer cierta. Una ampliación de este tema subrayó la absoluta falta de libertad que habían experimentado los americanos bajo el régimen colonial español, y una explicación de las dificultades internas que habían tenido casi todos los países hispanoamericanos para crear instituciones firmes de gobierno republicano durante los años de independencia.

UNA CUESTION DE IDENTIDAD

Como la guerra de independencia entrañó fundamentalmente un conflicto entre los pueblos de América sobre cómo debían gobernarse y a qué autoridad deberían lealtad, comprensiblemente muchos hispanoamericanos se sintieron confusos al tratar de decidir qué convenía más a sus intereses. Realistas y patriotas por igual prometían buenas cosas. Los pobres y desposeídos, los esclavos y los libertos negros, aunque nacidos en América, habían descubierto que la poca protección de que disfrutaban les había Ilegado mediante el ejercicio de derechos consagrados en el derecho español y aplicados por magistrados españoles. Para muchos terratenientes y mercaderes de mediano nivel, el movimiento de independencia no careció de desventajas. Aunque la libertad de negociar en forma directa con comerciantes ingleses y de otros países europeos les prometía ventajas y prosperidad, la rebelión amenazaba sus relaciones comerciales estables con la metrópoli y, en caso de fracasar la rebelión, la perspectiva era de severas represalias.

Por ello Bolívar y sus compatriotas tuvieron que encontrar el modo de destacar la diferencia entre americanos y españoles, distinción que no era fácil de establecer. EI resultado fue una vigorosa campaña de confiscaciones, represalias y decretos oficiales, como el célebre Guerra a Muerte, destinado todo ello a separar a los americanos de los españoles.

“Todo español que no conspire contra la tiranía en favor de la justa causa, por los medios más activos y eficaces, será tenido por enemigo, castigado como traidor a la patria, y en consecuencia será irremisiblemente pasado por las armas… y vosotros, Americanos, que el error o la seducción ha extraviado de la senda de la justicia, sabed que vuestros hermanos os perdonan sinceramente… Tendréis una inmunidad absoluta en vuestro honor, vida, y propiedades: el solo título de americanos será vuestra garantía y salvaguardia (Bolívar, Decreto de Guerra a Muerte, 15 de junio de 1813).

Una de las consecuencias de esta campaña fue que el mejor medio de conseguir la identificación de americano, una abstracción, fue crear una identificación a un nivel inferior, como venezolano, argentino o colombiano. Lo que los héroes de la independencia lograron con esta campaña -y ciertamente lograron algo- contribuyó a debilitar una identidad hispanoamericana que habría podido formar la base de una confederación después del cese de las hostilidades.

Cuando fue claro que se conquistaría la independencia, Bolívar, a diferencia de casi todos sus contemporáneos, inmediatamente tomó medidas para tratar de reparar el daño causado a la unidad hispanoamericana.

Convocó el hoy célebre Congreso de Panamá, proyectado para reconsolidar la América española por medio de una reunión de representantes de cada una de las recién inventadas unidades políticas de Hispanoamérica.

“Después de quince años de sacrificios consagrados a la libertad de América, por obtener un sistema de garantías que, en paz y guerra, sea el escudo de nuestro nuevo destino, es tiempo ya de que los intereses y las relaciones que unen entre sí a las repúblicas americanas, antes colonias españolas, tengan una base fundamental que eternice, si es posible, la duración de estos gobiernos… EI día que nuestros plenipotenciarios hagan el canje de sus poderes, se fijará en la historia diplomática de América una época inmortal” (Bolívar, Cartas, 7 de diciembre de 1824).

AI principio, Bolívar tenía grandes esperanzas en esta reunión, pero cuando empezaron los aplazamientos y objeciones, tales esperanzas disminuyeron, como puede verse en la geografía cada vez más reducida que él pensó que lograría consolidarse en el Congreso de Panamá.

La reducción última, que Bolívar combatió casi hasta el fin, fue la creación de Colombia: una combinación de Venezuela, Colombia y Ecuador, que los historiadores han llamado la Gran Colombia. Pero ni siquiera la Gran Colombia pudo resistir las fuerzas centrífugas desencadenadas por decenios de guerra civil y reajuste económico, y así Simón Bolívar, deshecho su sueño por autoafirmación de élites locales, parcialmente creadas por el esfuerzo de independencia que él con tanta habilidad había encabezado, murió camino al exilio.

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5 pensamientos en “Bolívar y el sueño de una Hispanoamérica unida

  1. Manuel Ribadavia

    Me parece que este artículo está fuera de lugar. Bolívar fue un enemigo declarado de nuestra hispanidad. Está demostrado que la unidad hispanoméricana que proponia estaba motivada por intereses personales. Era tan grande su deseo de poder y gloria que no le importó entregar las riquezas o los destinos de nuestros territorios a Inglaterra con tal de obtener su apoyo. Sin olvidar que su declarado odio hacia los españoles y hacia quienes se interponían en sus planes lo llevaría a cometer los crímenes más despiadados y vergonzosos que todos conocemos, así como la destrucción generalizada de la mayor parte de la Nueva Granada y El Perú. Y las consecuencias del “libertador” las seguimos padeciendo 200 años después. Por favor, tengan más cuidado con los artículos que presentan, porque lo que se logra es la desinformación. Un saludo

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