El llamado de la Patria Grande

“Sólo sacrificándonos por la dignidad distante y ajena podremos encontrar el camino que lleva a la propia dignidad” (Víctor Massuh)

El siguiente texto es una reseña de Rodrigo Toranzo sobre el libro “El llamado de la Patria Grande”, del filósofo Víctor Massuh, publicado en 1983. Tomado del sitio web del Banco Interamericano de Desarrollo (Catálogo del Centro de Documentación INTAL).

Portada de

Portada del libro “El llamado de la Patria Grande” en la edición de Editorial Sudamericana (Buenos Aires, 1983).

NOTA: Las opiniones y expresiones vertidas en este artículo corresponden exclusivamente a su autor y no deben interpretarse necesariamente como un posicionamiento de nuestro sitio web Hispanoamérica Unida.

Las páginas de este libro son fiel reflejo de su título: constituyen un llamado a los hispanoamericanos para encontrar su verdadera identidad cultural en una actitud abierta.

La primera parte del libro está dedicada a la actuación del autor como representante argentino en la UNESCO (Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura). Esto, que pareciera en principio ajeno al llamado de la Patria Grande, representa una etapa necesaria para pasar del diálogo universal de las culturas a los rasgos característicos de la personalidad iberoamericana.

La permanencia del autor durante seis años en la UNESCO es descripta con vívidos trazos, que nos muestran la realidad de esta Institución, más allá de la noticia sensacionalista, a veces negativa, que produce una imagen distorsionada de instituciones muy importantes para la humanidad de hoy.

Dice el autor al referirse a los principios esenciales de la UNESCO, la universalidad y la pluralidad: “son dos principios hoy amenazados, en un mundo dividido por las ideologías, los prejuicios, el espíritu sectario y el irracionalismo nihilista que cree en el poder redentor de la violencia”.

En este clima de verdadero encuentro fecundo de las culturas, donde se confrontan la pluralidad y la  universalidad, surgen las reflexiones acerca de quién buscará –junto con otros latinoamericanos- una identidad espiritual, un sentimiento común, que los llevará a la Patria Grande.

Como América Latina es una hija cultural de Europa, se nos previene contra el peligro de dos actitudes extremas, el rechazo de la cultura occidental por decadente, o su admiración exagerada.

Massuh reivindica la cultura europea, en un capítulo cuyo título resume su pensamiento, “Juventud otoñal de una cultura” para decir a continuación “pero deseo ser cauto, no incurrir en las exageraciones de algunos compatriotas que creen en Occidente mucho más de lo que éste cree en sí mismo. Los nuestros vienen a ser los abanderados de una causa en la que los propios interesados no ponen mucha pasión: nos miran con un poco de sorpresa, como a unos entrometidos un tanto ingenuos. Somos más europeístas que los europeos y esta es una debilidad específicamente hispanoamericana, una docilidad deslumbrada, un modo de provincialismo cultural…”.

Al citar a Toynbee y referirse a Europa, el autor señala que no hay decadencia cuando un pueblo da respuesta adecuada a sus problemas esenciales y pone como ejemplo a Francia y Alemania, pero al mismo tiempo nos recuerda que no hay modelos nacionales de cultura válidos para América Latina en ninguna parte del mundo, ya que “conocemos demasiado de cerca los modelos y percibimos sus grietas y debilidades, muchas de sus respuestas no nos interesan”.

Las referencias a su actuación en la UNESCO terminan con el capítulo que narra la visita de Juan Pablo II a esta institución, donde se exalta la figura relevante del pontífice, jefe del catolicismo, que es la religión de la Patria Grande, y por ello resulta su prédica un valor fundamental, en cuanto da impulso a la valorización de la ética, integrada en un humanismo basado en el amor al prójimo por amor de Dios.

Después de reflexionar sobre las perspectivas inquietantes de las paradojas del progreso material cuyos logros no están firmemente sujetos a un equilibrio ético, entramos en la segunda parte del libro enfocada específicamente hacia América Latina.

En esta segunda parte el autor busca nuestros rasgos culturales a través de “la pertenencia a un hogar espiritual común, la circulación de la misma savia idiomática y religiosa, la desmesura trágica de nuestros Libertadores, la aventura de la independencia inacabada, el tono sordo de una misma frustración, la marca indeleble en la piel de la utopía de América tantas veces maltrecha, pero también, la misma cantidad de veces dispuesta a ponerse en camino”.

La tarea que nos propone es encontrar ideales comunes que, por encima de las ideologías y de los regímenes políticos o económicos, permitan señalar los rasgos propios de América Latina.

En esta investigación cultural se destaca la presencia del venezolano Uslar Pietri para recordar luego a Sarmiento, Andrés Bello, José Martí, Enrique Rodó y otros, que contribuyeron a crear un patrimonio intelectual, válido para toda América.

Al ahondar en nuestras raíces históricas y culturales sostiene Massuh: “No sólo la reflexión sobre los libertadores de la pluma como Bello, también fue factor de integración latinoamericana la evocación en la UNESCO de los libertadores de la espada como San Martín y Bolívar. La lengua que nos legó España es la que luego permitió unirnos. También contribuyeron a unirnos las mismas armas que nos separaron de la península”.

Históricamente, San Martín y Bolívar extrajeron del sentimiento de la Patria Grande una fe que los animó en los momentos difíciles y, a través de la cual, estuvieron de acuerdo en que la libertad era un destino común, que exigía luchar por la de los demás para consolidar la propia.

Agrega el autor una frase que es invitación a una entrega al ideal común: “Sólo sacrificándonos por la dignidad distante y ajena podremos encontrar el camino que lleva a la propia dignidad”.

América ha sido profundamente permeable a los fenómenos culturales ya provengan de Oriente o de Occidente, y si bien reconocemos nuestra filiación occidental, la incorporación tardía a la historia de Occidente, nos convirtió en receptores de una cultura que no puede satisfacernos en plenitud y que ha dejado en no pocos intelectuales el sabor amargo de la frustración.

Una adecuada síntesis cultural permitirá superar estos sentimientos negativos si nos afirmamos en nuestros componentes culturales propios entre los cuales se cuentan para Massuh el indígena, el ibérico y el europeo moderno.

Esa síntesis, para que sea valiosa, deberá dejar de lado una exaltación parcial de nuestros valores culturales que nos puede llevar a la unilateralidad a través del indigenismo, el hispanismo o el europeísmo, desviaciones de un auténtico americanismo.

La actitud del intelectual americano, consustanciado con el ideal de la Patria Grande pasa por la “Apertura universalista, es decir, diálogo sin la menor valía del subordinado, ni la sobrevaloración (del subordinado). Ni la idolatría de lo ajeno, ni su rechazo resentido: he aquí las dos trampas de la frustración americana. Una mentalidad independiente y una disposición cultural adulta eluden la pasividad consumidora de los bienes culturales ajenos, junto con su rechazo en nombre de una lealtad vernácula, conformista y temerosa de contaminación. No mirar lo que está más allá de las propias fronteras ni desde arriba ni desde abajo, sino desde la perspectiva de un diálogo entre iguales.  No es otro el requisito de la autonomía cultural latinoamericana y de la aventura de su creación”.

“Un imperativo de apertura y de síntesis, señalado por nuestros grandes humanistas que aún sigue siendo válido”.

Para terminar podemos señalar que el libro en cuestión es de rigurosa actualidad, y está comprometido con la integración latinoamericana, esta idea fecunda que nos legaron nuestros próceres civiles y militares, y que es fecunda porque los iberoamericanos de hoy esperamos mucho de ella. En estos tiempos difíciles nuestro continente reclama imaginación y audacia para superar problemas políticoeconómicos que sin esta perspectiva parecen agobiantes.

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Un pensamiento en “El llamado de la Patria Grande

  1. MARIO IVAN BRETON REAL

    No me gusta el mapa de la portada del libro porque separa a el Caribe, Centro América y México de Hispanoamérica.

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