Archivo por meses: mayo 2013

Panamá: sobre la separación de Colombia

«¿Qué es Hispanoamérica, una nación fraccionada, o veinte naciones diferentes? ¿En 1902 teníamos dos naciones confrontadas, Panamá y Colombia, o constituíamos una sola nación? (…) Por extensión, también podemos suponer que tanto Colombia como Panamá son fragmentos de una “nación-cultura” hispanoamericana. Esta es la perspectiva que adoptan muchos pensadores de nuestro continente (…) El impulso para luchar por la “segunda independencia” sólo saldrá de la unidad, y la conciencia de un pasado y un presente comunes de los pueblos hispanoamericanos. Sólo retomando la perspectiva bolivariana de una confederación de pueblos hispanoamericanos, podremos acometer y alcanzar nuestra real y definitiva independencia«

El barco norteamericano USS Wisconsin arriba a Panamá (entonces Colombia) el 30 de septiembre de 1902. Estados Unidos apoyó la separación de Panamá del resto de Colombia para poder apoderarse del istmo y construir el canal según sus intereses.

El barco norteamericano USS Wisconsin arriba a Panamá (entonces Colombia) el 30 de septiembre de 1902. Estados Unidos impuso la separación de Panamá del resto de Colombia para apoderarse del istmo y así asegurarse el control del canal.

Artículo de opinión del sociólogo y político panameño Olmedo Beluche, publicado en el sitio web «Kaos en la red» el 3 de noviembre de 2012.

El 3 de Noviembre de 1903, Estados Unidos impuso la separación para asegurarse el control del canal, con el Tratado Hay- Bunau Varilla

La versión ecléctica y sus problemas

(Extracto del libro: La Verdadera historia de la separación de 1903)

No nos referiremos más a la “leyenda dorada”, pues los hechos descritos desmienten todas sus falsedades y mitos. Realmente hay que ser muy ingenuo para creer en ella.  Con la “leyenda dorada”, a muchos panameños le ocurre lo mismo que con la versión bíblica de la creación, intuyen que está llena de incoherencias, pero no la combaten porque seguir la costumbre es más fácil y porque replantearse todo el problema requiere tiempo, evidencias y esfuerzos que no siempre se tienen cuando se trata de luchar por el pan de cada día. Además, cuestionar las tradiciones suele producir cierta angustia moral que no todos soportan. Sigue leyendo

Indianidad y americanismo

Los reinos de Indias (en color amarillo), el Estado más extenso y próspero de América durante más de tres siglos.

Las Indias (en color amarillo), el Estado más extenso y próspero de América durante más de tres siglos.

«Durante más de trescientos años, con toda regularidad hasta el estallido de la Revolución, y en adelante, hasta Ayacucho, con las anormalidades lógicas de todo estado de incertidumbre, Hispano-América fue una sola unidad, así en lo político como en lo militar, así en lo económico y financiero como en lo administrativo»

El siguiente texto está extraído del libro “La disgregación del Reyno de Indias” (Capítulo 1: Indianidad y americanismo), obra del político, historiador y escritor Felipe Ferreiro (1892-1963). El libro fue editado en Montevideo por Barreiro y Ramos en 1981, y consta de una recopilación de artículos llevada a cabo por el hijo del autor, el Profesor Hernán L. Ferreiro.

Durante más de trescientos años, con toda regularidad hasta el estallido de la Revolución, y en adelante, hasta Ayacucho, con las anormalidades lógicas de todo estado de incertidumbre, Hispano-América fue una sola unidad, así en lo político como en lo militar, así en lo económico y financiero como en lo administrativo. Disposiciones legales tan claras y expresas como aplicables y respetadas, fueron elevando y perfeccionando esta compleja entidad, sin precedentes en la historia del mundo por sus gigantescas dimensiones y por su misma novedosa arquitecturación. Sigue leyendo

La realidad de Hispanoamérica

«no somos irresponsables porque seamos jóvenes, todo lo contrario, parecemos jóvenes porque seguimos siendo irresponsables (…) El pasado no puede ser borrado ni alterado por los deseos presentes, debe ser aceptado con entereza y estudiado con imparcialidad; única manera de lograr corregir los defectos y mantener las virtudes (…) Los caudillos menores prefieren desgarrar la América y dominar sobre amputaciones a obedecer a una autoridad común y superior (…) Naciones fragmentadas, gobiernos efímeros, revoluciones y contrarrevoluciones, golpes y contragolpes; tal es el resultado de la indisciplina imperante. Y por todas partes los eternos caudillos, sin la gloria de los antiguos capitanes, sacrificándolo todo por mantenerse en el poder»

América en el siglo XVIII. Con la indepedencia vino la desdichada fragmentación de la América Hispana (o Indias), que podría haber sido la mayor Nación del continente y hasta del mundo.

América a principios del siglo XIX. Con la independencia vino la desdichada fragmentación de la América Hispana (o Indias), que podría haber sido la mayor Nación del continente y hasta del mundo, de haberse mantenido unida.

Artículo de opinión del periodista, profesor e historiador cubano Luis E. Aguilar León, publicado en Revista Cubana de Filosofía, Vol. II, número 10, págs. 43-47 (La Habana, enero-junio de 1952). Tomado del sitio web Proyecto Filosofía en español.

No es por un mero capricho que, en el momento en que el mundo griego afrontaba la crisis de su disolución, el viejo y sagaz Estagirita aconsejara, desde las páginas de su «Teoría del Gobierno Perfecto», que los asuntos políticos quedaran encomendados a una sola clase social y que las demás que formaban el cuerpo del Estado se abstuvieran de intervenir en ellos. Veía Aristóteles el resultado funesto que había traído a la Hélade la intervención cada día más desmedida e incontrolada de todos los ciudadanos en los problemas políticos y pretendía, vanamente, poner un dique a tal desenfreno social. Desgraciadamente, Grecia no escuchó el consejo y respondió a la evidente necesidad de unión con el exacerbamiento de las luchas intestinas. Las armas extranjeras, dolorosamente, le impusieron la solución definitiva.

En momentos de tensión mundial, cuando las mentes más altas hablan de riesgos mortales para la civilización occidental, el recuerdo es aleccionador y, para nosotros, preñado de enseñanzas, porque, cabalmente, asistimos en Hispanoamérica a la repetición del mismo sintomático fenómeno. Ocurre en Cuba y en los países hispánicos que, en mayor o menor grado, todos los ciudadanos nos vemos forzados a intervenir en la política: las mejores energías son absorbidas por su causa y aún los más indiferentes se ven afectados por ella. Sigue leyendo

Andrés Bello y nuestro idioma común

«Al proclamar la unidad del idioma castellano “como un medio providencial de comunicación y un vínculo de fraternidad entre varias naciones de origen español derramadas sobre los dos continentes”, se convirtió en el verdadero Libertador de los pueblos de nuestra América. Mucho más libertador que Bolívar o San Martín o Sucre (…) la existencia de un solo idioma que nos permite comunicarnos eficientemente entre nosotros, debe ser el verdadero factor de progreso que pueda llevar a estos pueblos a conocer la felicidad»

El idioma español es el factor que singulariza a Hispanoamérica respecto al resto del continente y más la cohesiona como Nación.

El idioma español es el factor que singulariza a Hispanoamérica frente al resto del continente y más la cohesiona como Nación.

El siguiente texto es un fragmento del artículo biográfico titulado «Andrés Bello, el gran prócer civilizador de América», de Eduardo Casanova, publicado el 24 de marzo de 2012 en el sitio web Literanova.

A mediados de febrero (de 1829), en pleno invierno del hemisferio norte, se embarcó con toda su familia y su equipaje, en Londres, en el bergantín inglés “Grecian”, que llegó al puerto de Valpararíso el 29 de junio, en pleno invierno del hemisferio sur. Unas semanas después, ya instalado en Santiago de Chile, fue nombrado Oficial Mayor del Ministerio de Hacienda. Desde entonces y hasta el día de su muerte Bello vivió en Santiago, salvo las temporadas que pasó en San Miguel, en la costa pacífica, o en Peñalolén, en el oriente del gran valle de Santiago, en donde solía reunirse con personalidades importantes del país, tales como Esusebio Lillo, Benjamín Vicuña Mackenna, Mariano Egaña (que regresó a Chile en 1830), Manuel José Gandarillas y otros. Los treinta y cinco años, desde 1829 hasta 1865, que vivió Andrés Bello lo convirtieron en uno de los hombres fundamentales de ese país, al que dedicó sus mejores esfuerzos civilizadores, no sólo en el terreno de la política, sino en el de la educación, que resultó especialmente fértil y productivo. Sigue leyendo