Indigenismo y eurofobia

“en la conquista y colonización de Iberoamérica ocurrieron enormes atropellos, aunque menores que los cometidos por países como Inglaterra, que diseminaron interesada e hipócritamente las peores ideas antiespañolas (…) desde el fondo de esas tragedias se elaboran también grandes falsificaciones”

Pá

Página del códice Mendoza (hacia 1540) en el que se ven varios rangos de guerreros aztecas con sus cautivos.

El siguiente texto es un fragmento del artículo de opinión del mismo nombre publicado en el periódico digital La Prensa por el catedrático nicaragüense de política exterior Álvaro Taboada Terán (30 de octubre de 2013).

Bien sabemos que en la conquista y colonización de Iberoamérica ocurrieron enormes atropellos, aunque menores que los cometidos por países como Inglaterra, que diseminaron interesada e hipócritamente las peores ideas antiespañolas. Pero esto, relativamente, es pasado. El antiespañolismo actual es parte del antieuropeísmo tercermundista, fruto del indigenismo radical, alineado con dictaduras y con prósperos neocaciques “revolucionarios”.

Indubitablemente el ocaso cultural y el declive demográfico ocasionado por la intrusión, en este caso de Europa, fueron dolorosas tragedias, paralelas a la reducción a la servidumbre de las masas aborígenes. Pero desde el fondo de esas tragedias se elaboran también grandes falsificaciones.

Por ejemplo, se afirma que nuestros antepasados amerindios fueron “exterminados”. Ciertamente en el Caribe la población original pereció casi completamente y fue reemplazada por esclavos negros. Pero esa tragedia fue causada involuntariamente por enfermedades como el resfrío y la viruela, inexistentes en América. La población del resto de Iberoamérica declinó por enfermedades y sobretrabajo, pero jamás desapareció y se recuperaría de tal forma que esta región (salvo excepciones) es fundamentalmente indígena y mestiza. Las cifras de cientos de millones de habitantes prehispánicos exterminados son imposibles. No existía capacidad para alimentar a esas multitudes con el bajísimo nivel tecnológico de la América preibérica. Sobre este tema existen muchas cifras basadas en ejercicios especulativos, pero también hay estudios basados en datos de cronistas, en censos de diversa procedencia como los efectuados por órdenes religiosas (los Dominicos, por ejemplo en Nicaragua), datos bautismales etc. y ningún estudio serio arroja cifras parecidas a las mencionadas por los indigenistas radicales. Pero el fanatismo no acaba aquí.

Las culturas indoamericanas son idealizadas para señalar a Europa como destructora del paraíso. Ciertamente, en particular en Mesoamérica y en el área andina, hubo grandes logros en arquitectura y otros campos. Pero se olvida el despotismo del régimen incaico, un imperio que avasalló pueblos y reubicó masivamente a poblaciones potencialmente revoltosas; se obvia el despotismo azteca y su “Guerra Florida” anual (Capturaban víctimas sacrificiales para dioses necesitados de sangre humana como Huitzilopochtli). Se oculta la existencia del canibalismo. Y se exagera simplistamente el tema de la convivencia armónica tribus-naturaleza.

Nuestros antepasados indígenas no conocían la rueda, ni el hierro, ni el uso productivo de los metales. El impacto ecológico de cualquier cultura de bajo nivel productivo normalmente es mínimo (y el nivel prehispánico correspondía al neolítico del Viejo Mundo), cuando Europa vivía el Renacimiento, unos 2,500 años de distancia. Esto lo trajo España, Europa, y en el choque de aquellas culturas prevalecería la más dinámica. De ese trágico momento saldrían productos positivos y negativos. Para bien o para peor, pero irremediablemente, somos criaturas de aquellos hechos. La vuelta atrás propuesta por los eurófobos es imposible.

Ante los hechos, queda como tarea la preservación de algunos elementos de aquellas culturas, adaptados inevitablemente al mundo actual: algunos tipos de organización comunitaria; la protección (en todo lo factible) de las tierras comunales y de las lenguas nativas, como último elemento de identidad, junto al español, el gran aglutinador de Hispanoamérica.

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Un pensamiento en “Indigenismo y eurofobia

  1. Jonás Estrada

    Yo no diria Eurofobia, sino Hispanofoba, porque por nuestra historia Patria nos han enseñado a ser enemigos de la hispanoamericanidad.

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