«Ulloa (…) ve sociedades complejas, no “españolas” pero inequívocamente hispánicas (…) lo que se llamó (…) las Españas (…) señalaba (…) el carácter fragmentario de España, su esencial insuficiencia: España era una de las Españas. Y toda consideración aislada era un error. Y en la medida en que –en otra dimensión, con otras estructuras- se conserva la realidad del mundo hispánico, esa fragmentación sigue siendo un error que impide la comprensión de sus ingredientes europeo y americano y, sobre todo, del conjunto»
El siguiente texto es un fragmento extraído del libro «España inteligible. Razón histórica de las Españas», obra del ensayista y filósofo Julián Marías (Capítulo XXII: La Monarquía hispánica en la época de la Ilustración), publicada por Alianza Universidad en 1985.

Grabado de Jorge Juan, marino y científico que reformó el modelo naval hispano, y que junto a A. de Ulloa recorrió y describió la América española del siglo XVIII.
Pocos libros dan una idea más clara de lo que fue la realidad española en el siglo XVIII que la mencionada Relación histórica del viaje a la América meridional, de Jorge Juan y Antonio de Ulloa (3). Ambos eran personajes extraordinarios, característicos de las minorías ilustradas de su siglo: llenos de saber científico, de curiosidad, de probidad, de patriotismo español y europeo, de conciencia de su época. Tuvieron la estimación de sus contemporáneos, no sólo en España, sino más aún en Europa y en las tierras americanas. Es sumamente interesante la imagen que de ellos se tuvo en su tiempo, tal como aparece en el libro, tan valioso, tan poco frecuentado, de Juan Sempere y Guarinos: Ensayo de una Biblioteca española de los mejores escritores del reynado de Carlos III (4). La parte que más nos interesa, la histórica y descriptiva, era obra principal de Antonio de Ulloa, mientras que la científica corrió, sobre todo, a cargo de Jorge Juan.
Los dos marinos recorren América del Sur; no son meros viajeros, sino estudiosos, que atienden a todo (incluso a los problemas graves, a los errores de gobierno, a los peligros, que expondrán privadamente a las autoridades españolas en las Noticias secretas de América, publicadas por primera vez en Londres en 1826, con propósito antiespañol, a raíz de la independencia de la América española continental). Lo más interesante para el lector actual es la doble impresión de seguir en España y de estar visitando países distintos y remotos. La escasa “visibilidad” de América, en la que he insistido anteriormente, se desvanece en esta obra, dedicada a ella. Antonio de Ulloa describe países exóticos, con ojo de geógrafo e historiador, casi de sociólogo; pero encuentra en ellos las estructuras de gobierno, administración, eclesiásticas, de España; las costumbres, más parecidas entre los españoles y sus descendientes directos, pero de las cuales participan en diversos grados los mestizos, indios, negros y mulatos; ve sociedades complejas, no “españolas” pero inequívocamente hispánicas. Viaja incansablemente por varios aposentos de su propia casa.
Las descripciones de las ciudades de América –Cartagena de Indias, Portobelo, Panamá, Guayaquil, Quito, Lima, Trujillo, Cuzco, Arequipa, Buenos Aires, Concepción, Santiago, Valparaíso- muestran, con sobriedad científica, lo que era el desarrollo urbano en la porción española del Nuevo Mundo (y no se incluyen las principales, es decir, las de Nueva España). Especialmente Cartagena, Quito, Lima, Cuzco, Arequipa, con un esplendor urbano que no tuvieron en todo el siglo las modestas ciudades de América del Norte. La descripción de Lima antes del terremoto de 1746, y de la Corte virreinal, da una impresión vívida de que se traba de otras Españas, de verdaderos reinos que reproducían las estructuras de la Monarquía española, de la sociedad injertada sobre los pueblos aborígenes, en una hispanización asombrosamente semejante a la romanización de otros tiempos. Sigue leyendo →