Librecambio e imperialismo económico inglés

«Derrotada Inglaterra en 1806 en su política de expansión política, triunfaba tres años después en su expansión económica (…) los talleres criollos tuvieron que cerrar, pues no podían resistir la competencia británica»

El siguiente texto es un extracto de la obra «Defensa y pérdida de nuestra independencia económica» (Capítulo I), «, del abogado, profesor universitario, historiador y diplomático José María Rosa. Fue publicada por primera vez en 1943.

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Detalle de una litografía de E. Deroy (1861) donde puede verse en construcción la nueva Aduana de Buenos Aires, proyectada por el británico Edward Taylor.  La apertura al comercio inglés señala el fin de la autosuficiencia económica y el hundimiento industrial de Hispanoamérica.

LA LIBERTAD DE COMERCIO Y EL IMPERIALISMO INGLES

Desde Utrecht en adelante, España comenzó poco a poco la entrega económica de América. Los «asientos de negros» primero; la abolición de los galeones después; el libre comercio con puertos españoles de 1778 (que significó en realidad la libre introducción de productos franceses, bastando que éstos fueran consignados por comerciantes españoles para lograr entrada franca en América); el comercio con neutrales de 1797; y finalmente la apertura del puerto de Buenos Aires al comercio inglés en 1809, fueron las etapas de esta caída.

Hay que tener presente, para comprender en toda su trascendencia lo que significó este último acto, las condiciones técnicas y económicas de la industria inglesa en ese año 1809.

Hasta mediados del siglo XVIII, los productos americanos podían competir con los fabricados en Inglaterra, ya que entre ambos no existía mayor diferencia de coste ni de calidad. Pero en la segunda mitad del XVIII se produce en Inglaterra una formidable transformación en su técnica de elaborar Sigue leyendo

Derecho indiano: concepto y extensión

«el ordenamiento jurídico virreinal no supone el aniquilamiento de las formas consuetudinarias prehispánicas (…) por el contrario (…) hay necesidad de que se «guarden y ejecuten» y a cuyo efecto gozan de aprobación y confirmación oficial (…) La aplicación del derecho castellano sobre los indios permitió que se les considerara, a éstos, como personas, categoría jurídica inexistente en el derecho prehispánico (…) al reconocerse de forma oficial el sistema jurídico preexistente (…) les otorgaba un derecho «exclusivo» para indios, un estatuto personal. El carácter proteccionista de la legislación indiana se evidencia en el reconocimiento de un derecho desconocido para los castellanos»

portada recopilacion leyes de indiasEl siguiente texto es un extracto del ensayo originalmente titulado «Las Comunidades de Indios en el Derecho Indiano», de Laurence Chunga Hidalgo, jurista e historiador (Universidad de Piura – UDEP). Tomado del sitio web Revista Jurídica (Facultad de Jurisprudencia y Ciencias Sociales y Políticas (Universidad Católica de Santiago de Guayaquil). 

En los tiempos anteriores a la llegada de los españoles a territorio del imperio incaico, la norma jurídica se identificó con la costumbre. Evidentemente, el imperio incaico no es el creador del orden jurídico prehispánico sino que su mérito consiste en haber logrado una organización más o menos uniforme, en la que se aseguró la aplicación de las normas propias de los ayllus en concordancia con el derecho estatal establecido por la autoridad central.

Con la llegada de la cultura occidental traída por los españoles, y por consiguiente, la escritura, ésta abordó la esfera jurídica del mundo virreinal, desplazando, así, las formas consuetudinarias practicadas por las poblaciones originarias. A pesar de ello, amplios sectores de la vida social se mantuvieron reacios a la escritura y conservaron los usos y costumbres que el tiempo había consagrado. Los indígenas, en la solución de sus pleitos civiles y mercantiles, huyen de los procedimientos occidentales, por lo que muchas actuaciones jurídicas no se registran por escrito, y muchas de las que lo fueron se han perdido. Todo esto hace difícil su conocimiento, justamente por la ausencia de constancia documental. Sin embargo, la inexistencia de la prueba escrita no niega la existencia del derecho, al cual podemos llegar a través de sus efectos, siempre que éstos sean más o menos permanentes en el tiempo.

Esta complejidad jurídica virreinal, lleva a García Gallo a decir que el derecho indiano es el derecho propio de las Indias en sentido territorial, y comprende el derecho castellano transplantado al Nuevo Mundo, el derecho establecido, desde la Corona Castellana, para las Indias y, finalmente, el derecho de los indios o de las poblaciones autóctonas. Afirma el autor, que el derecho autóctono requiere un tratamiento especial, distinto y separado del derecho español, «por cuanto constituye un sistema distinto» Sigue leyendo

Isidro Fabela: hispanoamericanismo y antiimperialismo

«la tesis unionista de Fabela es formar una Confederación Hispanoamericana, en la que se finquen los cimientos que integren las secciones diseminadas de América (…) La propuesta del autor para lograr la libertad (…) es concreta: formar un haz compacto de todas las naciones que por su raza, lengua, costumbres y tradiciones se unan para hacer frente al expansionismo, intervencionismo y acciones imperialistas de los países extranjeros»

El siguiente texto es un fragmento del ensayo originalmente titulado «Isidro Fabela: Humanismo y antiimperialismo», escrito por la Dra. Graciela Vélez Bautista (Universidad Autónoma del Estado de México, Julio de 2006) y publicado en el sitio web Proyecto Ensayo Hispánico.

Isidro Fabela, retratado en una acuarela del arquitecto Vicente Mendiola (Retrato conservado en la Casa del Risco

Isidro Fabela, retratado en una acuarela del arquitecto Vicente Mendiola, que se conserva en la histórica Casa del Risco (San Ángel, México, D.F.)

Panamericanismo e hispanoamericanismo

La obra de Fabela corresponde a un determinado momento histórico, sin embargo sigue viva; puesto que la hegemonía imperial a través de la globalización, fenómeno económico, político y social bueno y malo como seguramente la calificaría Fabela, sigue lesionando los intereses de los “otros” en tanto que promueve el libre intercambio de bienes, pero impide el libre intercambio de personas, refiriéndonos al trato deshumanizado de nuestros vecinos hacia los inmigrantes mexicanos.

En su tiempo Fabela expresa que América Latina ha sido uno de los puntos claves de la expansión política y económica de los Estados Unidos, desde el siglo pasado. Esa expresión se ha llevado a cabo en etapas, por vías diplomáticas, militares, comerciales, financieras y culturales. Es decir, el país del norte es uno de los representantes más característicos del imperialismo que es concebido como “… un sistema político-económico de relaciones de dominación, que implica principalmente el excedente económico producido por los pueblos dependientes” (Ianni, 1981: 95).

Siguiendo esta línea Fabela explica que los Estados Unidos se han constituido en dueños de la América Central, dominan política y financieramente a Nicaragua, se apoderaron del canal de Panamá, para mantener su hegemonía total en Centroamérica y el Caribe. Dominan Honduras, Costa Rica y Guatemala a través de la diplomacia del dólar, conquistaron por las armas a República Dominicana y Haití, la soberanía mexicana fue quebrantada por ellos en varias ocasiones. Fabela señala: “¿En qué consiste el imperialismo? Sencillamente en dominar o conquistar. Dominar a los gobiernos por medio de sus agentes comerciales, de sus agentes de prensa; a los congresos y a los presidentes; y a veces también a los magistrados que imparten justicia, pero principalmente por la infiltración de préstamos más o menos forzados, de lo cual se encarga la Dollar Diplomacy” (Fabela, 1958: 85) que “consiste en prestar por las buenas o por las malas, para cobrar por las malas o por las buenas, pero en todo caso con réditos acumuladas” Sigue leyendo

La vocación americanista de los orientales

“Todos cuantos habitamos el nuevo mundo somos hermanos, todos de una sola familia, todos tenemos unos solos intereses” (José Gervasio Artigas, refiriéndose a la América indiana o española)

El siguiente texto está extraído de «La disgregación del Reyno de Indias» (Capítulo 11), obra póstuma del político, historiador y escritor uruguayo Felipe Ferreiro (1892-1963). El libro fue editado en Montevideo por Barreiro y Ramos en 1981, y consta de una recopilación de artículos llevada a cabo por el hijo del autor, el Profesor Hernán L. Ferreiro.

La Liga

La Liga Federal, también conocida como Liga de los Pueblos Libres. Contra la visión de Buenos Aires. Artigas concebía el federalismo como garantía de la unidad de una Nación hispanoamericana.

La Vocación Americanista de los Orientales[1]

Las circunstancias de la “Guerra de la Revolución” al determinar que se produjeran a distintas horas en las diversas regiones las declaraciones de emancipación inducen hoy frecuentemente al error de creer que en esos actos nos subdividíamos y deslindábamos nuestras fronteras definitivas.

Eso no es verdad aunque lo parezca en vista de la solución final producida. No autorizaría a presumirlo, desde luego, el pasado de tres siglos vividos en común en un fecundo y creciente intercambio social, económico y político, sostenido de fácil manera por la uniformidad del idioma, la religión y las costumbres. Menos aún lo permite el desarrollo de los sucesos ocurridos de 1810 en adelante en cualquiera de sus aspectos, así en el militar como en el civil o el político. La más estrecha colaboración impera entre “los Pueblos” en ese entonces.

Nosotros, por nuestra parte,-grato es constatarlo-concurríamos sin asomo de duda egoísta a ese movimiento. Nuestra pequeñez territorial y nuestra todavía escasa población no constituyeron óbice para que contribuyéramos con cientos de soldados que irían a luchar y morir defendiendo la libertad americana en lejanas tierras: en Vilcapugio, en Viluma, en Maipo, en Río Bamba, en Pichincha.[2]

Artigas, máximo intérprete del sentimiento colectivo oriental, ni concebía la disgregación. Su indianismo era profundo y claro. En 1817 en medio de los azares de la lucha en que se hallaba empeñado, supo encontrar el modo de festejar y hacer que se celebrara en todo el territorio que estaba bajo su mando, la victoria de Chacabuco que era para él un triunfo de “las armas de la Patria”, contra el poder de los tiranos”. Sigue leyendo

Entrevista a Manuel Llanes

«La lengua española y la religión católica pueden actuar como factores de cohesión entre las naciones políticas de Hispanoamérica, así como la relación dialéctica frente a los Estados Unidos y sus intereses geopolíticos en el mundo (…) La cuestión es trascender el nacionalismo en sus versiones más cercanas al “egoísmo colectivo” (…). Reivindicar Hispanoamérica implica triturar mitos oscurantistas que son legión» (Manuel Llanes)

Extracto de la entrevista realizada al escritor Manuel Llanes García y publicada en el sitio web Izquierda Hispánica.

hispanoamerica en occidenteNOTA: Las opiniones y expresiones vertidas en este artículo corresponden exclusivamente a su autor y no deben interpretarse necesariamente siempre como un posicionamiento de nuestro sitio web Hispanoamérica Unida.

¿Qué opina usted de la herencia española en Iberoamérica?

En Hispanoamérica vivimos todavía las consecuencias del desmembramiento del Imperio Español. José Vasconcelos lo dice muy claro en el Ulises criollo: “Un patriotismo ardoroso y ciego proclamaba como victoria inaudita nuestra emancipación de España, pero era evidente que se consumó por desintegración, no por creación”. Este año se celebra la independencia de los antiguos territorios del Imperio Español y en las naciones políticas emergentes todavía, después de 200 años, no se tiene claro el papel que el imperialismo generador tuvo en aquellas tierras. Desde una perspectiva infantil, se asocia sin más el Imperio Español con la leyenda negra y la Inquisición, pero no se tiene en cuenta la acción depredadora del Imperio Británico en la actual Norteamérica, por ejemplo. Los ingleses aniquilaron a los indígenas y los españoles se mezclaron, lo cual dio lugar al mestizaje. Se desconoce que la Nueva España era una parte formal del Imperio Español y no una colonia. Se olvida que en 1812 se consideraba españoles tanto a los peninsulares como a los habitantes de los territorios americanos; en cambio se alimenta el mito del cura Hidalgo, un reivindicador del Antiguo Régimen.

Entonces esa herencia española hay que buscarla en la existencia de las ciudades americanas, como el DF, todas ellas producto de la norma del imperialismo generador. No hay que perder el tiempo mediante reivindicaciones de un pasado indígena que nunca le dio unidad a la antigua Mesoamérica, como si ocurrió en la Nueva España.

Desde luego, no hay que despreciar la construcción de un contexto cultural católico (digo lo anterior como ateo esencial, aunque no anticlerical) que nos previene de un vacío ideológico que haría las delicias de protestantes y musulmanes, quienes al lado de la iglesia católica son simplemente puro delirio irracional.

Sin duda el legado más importante es la existencia de una lengua como el español, que permite que más de 400 millones de personas del orbe puedan comunicarse. Sigue leyendo

Arte hispanoamericano de los siglos XVI al XVIII

arte hispanoamericano s XVI a XVIIIPhilippe Malgouyres, como conservador de patrimonio del Museo de Louvre y especialista en arte de Europa y de Nueva España, plantea que las obras artísticas guatemaltecas, principalmente las esculturas de los siglos XVI, XVII y XVIII, son más bien virreinales que coloniales, pues refiere que el último término es poco apropiado porque no existen documentos que respalden esa adjudicación; además, tiene una duración mayor al período de conquista y colonización. También, explica que dichas obras son variadas, de alta calidad, tienen rasgos de mestizaje y manifiestan estilos propios que mudaron los artistas europeos a este continente (Universidad Francisco Marroquín. Guatemala, Julio de 2013).

Para ver el video, pulse en el siguiente enlace:

http://newmedia.ufm.edu/gsm/index.php?title=Malgouyresartehispanoamericano

Por la unión hispanoamericana

«contemplar nuevamente el caminar de los gigantes o pueblos desarrollados que van engullendo poco apoco nuestra economía, nuestra cultura y nuestro idioma, nos obliga a todos los hispanoamericanos a reflexionar y a despertar de la indolencia para tomar las armas del juicio y flamear la bandera de la unión y de la paz antes de que seamos arrasados por los vientos de la globalización»

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La América de habla española.

Texto publicado por Héctor José Corredor Cuervo, poeta, escritor y ex militar colombiano, en el sitio web Civila (Ciudades Virtuales Latinas), el 10 de octubre de 2006.

Al conmemorar 514 años de la llegada de los españoles a esta tierra americana habitada por aztecas, mayas, caribes, muiscas, incas, taironas, araucanos, guaraníes y al contemplar nuevamente el caminar de los gigantes o pueblos desarrollados que van engullendo poco apoco nuestra economía, nuestra cultura y nuestro idioma, nos obliga a todos los hispanoamericanos a reflexionar y a despertar de la indolencia para tomar las armas del juicio y flamear la bandera de la unión y de la paz antes de que seamos arrasados por los vientos de la globalización que entran por las ventanas de los medios de comunicación a los hogares.

Ya no podemos ser pueblos que duermen en los laureles de la libertad y que esperan el huracán como árboles frondosos pero con las hojas secas como consecuencia de los odios sembrados y alimentados desde la conquista por intereses internacionales. Es hora del reencuentro para afrontar con fuerza y dignidad las tormentas que se aproximan; es tiempo de darnos cuenta que la desunión nos mantendrá cada día más en la esclavitud política, económica y social con las cadenas del hambre, la desnutrición y la ignorancia atadas a los intestinos y a la mente. Sigue leyendo

Actos de guerra británicos para separar a Hispanoamérica

«Los voluminosos estudios y libros que en su momento se publicaron para relatar y analizar los actos de guerra británicos para separar a Hispanoamérica de España (…) exigen en este tercer milenio (…) una nueva reedición integral y un nuevo estudio profundizado (…) como elemento vital para explicar por qué Hispanoamérica está cada vez más balcanizada, en territorio y en penurias para sus pueblos, y qué es lo que debe hacerse para que Hispanoamérica sea de una vez y para siempre un país»

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Detalle de un grabado del Congreso de Viena representado por J. B. Isabey. Inglaterra manipuló este Congreso para lograr el control de las rutas marítimas mundiales, mientras  intervenía militarmente en Hispanoamérica para destruir su unidad y así asegurar la dominación política, comercial y financiera británica.

El siguiente texto es un extracto del libro “La involución hispanoamericana. De provincias de las Españas a territorios tributarios. El caso argentino. 1711-2010″ (Capítulo IX: Los actos de guerra británicos para separar a Hispanoamérica de España en el diagrama internacional), obra de Julio C. González, abogado y economista, ex Secretario Técnico de la Presidencia de Perón, ex Profesor de la Universidad de Buenos Aires, y Profesor Titular de Estructura Económica Argentina en la Universidad Lomas de Zamora (Buenos Aires).

En Argentina, reiteramos, un arma eficiente para la dominación y el vasallaje inveterado ha sido la supresión sutil de los hechos y de los actos que eslabonaron los grilletes que nos encadenan. Esa supresión de fuentes para el entendimiento o intelecto es lo que ha permitido borrar de nuestra historia y de nuestras políticas a la memoria colectiva. Una comunidad sin memoria no es un pueblo, es un mejunje de gente que no sabe por qué se halla en una situación de penuria, ni conoce su destino. No sabe si existe y para qué existe. No tiene un principio de proveniencia. Tampoco una causa final para realizar sus vidas. Los años que transcurren desde 1810 hasta 1880 conforman una masacre sostenida de la etnia criolla o hispanoamericana: guerras con millares de muertos para separarnos de España; guerras civiles con millares de muertos entre Buenos Aires y las provincias; guerra con millares de muertos contra el Paraguay; epidemias de cólera y de fiebre amarilla con miles de muertos; guerra con miles de muertes contra los argentinos autóctonos, llamados indios…

Sin conocimiento de la conducción jurídica exterior y de la conducción jurídica económica no hay explicación de todas las calamidades que nos ocurren. La dependencia del Estado y del pueblo se mantiene inalterable. La leyenda histórica ocupa el lugar de la verdad. Y que la verdad permanezca desconocida es el seguro que tienen los poderes internacionales de la vigencia del sometimiento bajo apariencia de una Argentina Independiente que es inexistente. Y lo mismo ha acontecido con todas las repúblicas de papel, creadas en Hispanoamérica, después que dejamos de ser Provincias de España en cumplimiento de los planes británicos de 1711 y 1804.

El General Simón Bolívar, en sus últimos tramos de vida lo explicó muy bien:

“Dejamos de ser españoles y luego hemos ido de aquí para allá, en países que cambian tanto de nombres como de gobiernos de un día para el otro, que ya no sabemos ni de dónde carajo somos.”

[…] Aquí no habrá más guerras que las de los unos contra los otros, y éstas son como matar a la madre.” (García Márquez, El General en su laberinto, Sudamericana, 1989, págs. 190-191). Sigue leyendo

La lengua que migra

«Cuando en América hablamos acerca de la identidad compartida, nuestro punto de partida, y de referencia común, es la lengua. No somos una identidad étnica, no somos una multitud homogénea, no somos una raza, somos muchas razas (…) Pero somos una lengua (…) La lengua desde la que vengo, y hacia la que voy, y que mientras se halla en movimiento, me lleva consigo de uno a otro territorio, territorios reales o territorios verbales»

idioma español en americaEl siguiente texto es el discurso ofrecido por el escritor Sergio Ramírez en el acto de inauguración del VI Congreso Internacional de la Lengua Española, celebrado en Panamá del 20 al 23 de octubre 2013. Tomado del diario digital El Periódico (Guatemala, 27 de octubre de 2013).

Siempre me ha intrigado saber lo que es sentirse escritor de una lengua que tiene el país por cárcel, una lengua que no se habla más allá de las propias fronteras. Claro que el tamaño de una lengua no se mide por sus límites geográficos, ni creo que haya lenguas pequeñas. Todas tienen sus propios registros mágicos e inmensas posibilidades literarias, pero éstas de las que hablo son lenguas hacia adentro.

No sé lo que es vivir en uno de esos espacios verbales cerrados. Hay escritores que desde allí, desde esos compartimentos, se han trasplantado a alguna de las grandes lenguas europeas, como el gran escritor Milán Kundera, que ahora escribe en francés, y no en checo. Pero para mí, una renuncia semejante significaría alejarme de la casa de la infancia por siempre clausurada, desde donde me llegan las voces que un día aprendí para siempre.

Son escritores que dejan de escribir en la lengua en que nacieron, y con la que nacieron, bajo un sentimiento de asfixia. El sentimiento de que su voz se escucha de cerca, pero no de lejos, de por medio o no la traición de las traducciones. Y no puedo verlo sino como una dolorosa mutilación, como la que se practicaba a los castrati en el siglo XVII, que ganaban así una nueva voz, pero perdían para siempre la propia. Mutilarse para sobrevivir. Pero peor que la castración es la deslenguación, la lengua extirpada, desde su arranque y raíz.

Quitarse la lengua uno mismo, o que se la quiten por la fuerza. Otro de los grandes escritores centroeuropeos, Sándor Márai, sintió que había muerto cuando sus libros, que entonces solo podían leerse en húngaro, fueron prohibidos. Ya tenían sus novelas el país por cárcel, y ahora las enviaban al cementerio. Le habían extirpado la voz como castigo. No solo nadie podría leerlo al otro lado de la guardarraya, ni siquiera en Polonia o en Austria, donde no estaba traducido, sino que tampoco podría ser leído en su propio país. Como que no existiera. Y así el mundo se perdió por muchos años la espléndida belleza de sus palabras, mientras él decidía su suicidio en el exilio, ya sin lengua. Sigue leyendo

Las Españas (América hispánica en la Ilustración)

«Ulloa (…) ve sociedades complejas, no “españolas” pero inequívocamente hispánicas (…) lo que se llamó (…) las Españas (…) señalaba (…) el carácter fragmentario de España, su esencial insuficiencia: España era una de las Españas. Y toda consideración aislada era un error. Y en la medida en que –en otra dimensión, con otras estructuras- se conserva la realidad del mundo hispánico, esa fragmentación sigue siendo un error que impide la comprensión de sus ingredientes europeo y americano y, sobre todo, del conjunto»

El siguiente texto es un fragmento extraído del libro «España inteligible. Razón histórica de las Españas», obra del ensayista y filósofo Julián Marías (Capítulo XXII: La Monarquía hispánica en la época de la Ilustración), publicada por Alianza Universidad en 1985.

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Grabado de Jorge Juan, marino y científico que reformó el modelo naval hispano, y que junto a A. de Ulloa recorrió y describió la América española del siglo XVIII.

Pocos libros dan una idea más clara de lo que fue la realidad española en el siglo XVIII que la mencionada Relación histórica del viaje a la América meridional, de Jorge Juan y Antonio de Ulloa (3). Ambos eran personajes extraordinarios, característicos de las minorías ilustradas de su siglo: llenos de saber científico, de curiosidad, de probidad, de patriotismo español y europeo, de conciencia de su época. Tuvieron la estimación de sus contemporáneos, no sólo en España, sino más aún en Europa y en las tierras americanas. Es sumamente interesante la imagen que de ellos se tuvo en su tiempo, tal como aparece en el libro, tan valioso, tan poco frecuentado, de Juan Sempere y Guarinos: Ensayo de una Biblioteca española de los mejores escritores del reynado de Carlos III (4). La parte que más nos interesa, la histórica y descriptiva, era obra principal de Antonio de Ulloa, mientras que la científica corrió, sobre todo, a cargo de Jorge Juan.

Los dos marinos recorren América del Sur; no son meros viajeros, sino estudiosos, que atienden a todo (incluso a los problemas graves, a los errores de gobierno, a los peligros, que expondrán privadamente a las autoridades españolas en las Noticias secretas de América, publicadas por primera vez en Londres en 1826, con propósito antiespañol, a raíz de la independencia de la América española continental). Lo más interesante para el lector actual es la doble impresión de seguir en España y de estar visitando países distintos y remotos. La escasa “visibilidad” de América, en la que he insistido anteriormente, se desvanece en esta obra, dedicada a ella. Antonio de Ulloa describe países exóticos, con ojo de geógrafo e historiador, casi de sociólogo; pero encuentra en ellos las estructuras de gobierno, administración, eclesiásticas, de España; las costumbres, más parecidas entre los españoles y sus descendientes directos, pero de las cuales participan en diversos grados los mestizos, indios, negros y mulatos; ve sociedades complejas, no “españolas” pero inequívocamente hispánicas. Viaja incansablemente por varios aposentos de su propia casa.

Las descripciones de las ciudades de América –Cartagena de Indias, Portobelo, Panamá, Guayaquil, Quito, Lima, Trujillo, Cuzco, Arequipa, Buenos Aires, Concepción, Santiago, Valparaíso- muestran, con sobriedad científica, lo que era el desarrollo urbano en la porción española del Nuevo Mundo (y no se incluyen las principales, es decir, las de Nueva España). Especialmente Cartagena, Quito, Lima, Cuzco, Arequipa, con un esplendor urbano que no tuvieron en todo el siglo las modestas ciudades de América del Norte. La descripción de Lima antes del terremoto de 1746, y de la Corte virreinal, da una impresión vívida de que se traba de otras Españas, de verdaderos reinos que reproducían las estructuras de la Monarquía española, de la sociedad injertada sobre los pueblos aborígenes, en una hispanización asombrosamente semejante a la romanización de otros tiempos. Sigue leyendo