Juan Rafael Mora y el hispanoamericanismo

“El presidente Mora se convierte en un caudillo para la lucha hispanoamericana contra el dominio anglosajón, ya que su política exterior coincidirá con los ideales de Simón Bolívar: establecer una confederación de naciones hispanoamericanas, que sería un eje de defensa y asistencia mutua (…) La invasión a Centroamérica sirvió para unificar la América española. Don Juan Rafael Mora demostró al mundo que Costa Rica, nación pequeña, estuvo dispuesta a defender su territorio y a toda Hispanoamérica de los intereses colonialistas de los esclavistas del sur de Estados Unidos”

Monumento a Juan Rafael Mora en la ciudad de San José

Monumento a Juan Rafael Mora en la ciudad de San José

El siguiente texto está extraído de la Declaratoria del Presidente de la República Juan Rafael Mora Porras como héroe nacional (Proyecto de Ley Nº 17178 del 8 de octubre de 2008, Costa Rica), publicado en La Gaceta 217, el 19 de noviembre de 2008.

El estudio de la historia costarricense demuestra que, desde el momento mismo de nuestra independencia, Costa Rica ha contado con grandes pensadores, líderes, humanistas, visionarios, quienes con sus luchas y acciones han contribuido de manera trascendental en el desarrollo político, social y económico del Estado.

En este contexto, merece atención la entrega que durante gran parte de su vida realizó el Presidente Juan Rafael Mora Porras, en defensa de los valores más preciados para nuestro pueblo, como son la hermandad, el respeto, la unidad y la libertad, los cuales resguardó para toda Hispanoamérica. Sin embargo, para comprender ampliamente los aportes en la creación de la identidad nacional que realizó don Juan Rafael Mora, deben exponerse tanto los elementos biográficos, los aportes en la construcción del Estado costarricense, así como la esfera internacional predominante de la época, en la que sobresale por su valentía en la Campaña Nacional de 1856-57.

Don Juan Rafael Mora nace el 8 de febrero de 1814. Ejerció exitosamente el comercio; fue Presidente del Congreso y vicepresidente durante la primera administración de José María Castro Madriz (1847-1849, 1866-1868).

Su ascenso a la Presidencia de la República se realiza, con el voto de 49 entre 90 electores, en diciembre de 1849.

En 1853 resulta reelecto con 83 votos de 91 electores. Ejerce la Presidencia de la República en tres períodos: de 1849 a 1853, de 1853 a 1859 y el tercer período que inició en este último año, pero que no cumplió porque fue derrocado al año siguiente.  Durante estos períodos, hizo posible que el cultivo de café tomará más auge.  Asimismo construyó la Fábrica de Licores y el Palacio Nacional.  En su segundo período presidencial, específicamente para el año de 1856, destaca su participación como estadista, que conduce la Campaña Nacional contra los filibusteros.  Sin embargo, para comprender su liderazgo y valentía en la proeza patriótica, es necesario examinar hechos históricos del ámbito internacional, mismos que se suscitan anteriormente a su llegada a la Presidencia de la República.

Prácticamente, desde el momento mismo de la emancipación de Centroamérica de España, en 1821, esta sería el centro de atención particularmente de los Estados Unidos e Inglaterra, que disputaban el dominio y la construcción a futuro de un canal interoceánico que permitiera y facilitara el comercio entre el Océano Pacífico y el Atlántico.

En 1823, Estados Unidos, ante la intimidación principalmente de Francia de lanzarse a recolonizar a los recién independizados países, así como a adelantar y contrarrestar la influencia inglesa en América, proclama la Doctrina Monroe, la cual fue presentada al Congreso estadounidense por el Presidente James Monroe. Dicha doctrina establecía que los Estados Unidos no admitirían ninguna intromisión europea en América.  En ese sentido, se refiere Boersner (1996): “La declaración emitida en diciembre de 1823 por el Presidente de Estados Unidos, llegó a ser conocida como la Doctrina Monroe.  A través de ella, Norteamérica asume unilateralmente el papel de protectora de los demás países del hemisferio. Los espíritus críticos en Latinoamérica y sobre todo Simón Bolívar se dieron cuenta del contenido potencialmente imperialista y hegemónico de la Doctrina, que serviría más delante de base para las intervenciones norteamericanas en asuntos internos en los pueblos latinoamericanos, intervenciones dictadas por la rapacidad y la ambición de poder…”

En 1848, impulsado por las ambiciones de los esclavistas terratenientes del sur, y por la doctrina mencionada, Estados Unidos iniciaría la guerra contra México, por la cual esta última perdería la mitad del territorio. Además de obtener el control del canal interoceánico, los Estados Unidos querían adueñarse de toda América Central y Cuba. En el gobierno norteamericano existía el temor de que estos territorios pudieran caer en manos de Inglaterra o Francia y de que fueran utilizados como base de agresión contra su país. Este es el entorno que imperaba  cuando el Presidente Mora llega al poder.

En 1855 se realizan las primeras penetraciones filibusteras al mando de William Walker (patrocinado por el gobierno estadounidense) en la zona fronteriza entre Costa Rica y Nicaragua, zona ambicionada para la construcción del canal interoceánico. Don Juan Rafael Mora decide proteger nuestro territorio, así como desplegar una ofensiva diplomática y prevenir a la población costarricense del peligro de la guerra. La estrategia de defensa nacional consistía en marchar a la zona fronteriza, repeler la amenaza armada ya establecida en territorio nicaragüense, lejos de la capital y del puerto de Puntarenas.

El 1º de marzo de 1856, el Presidente Mora convoca a la guerra.  En proclama anuncia los propósitos para recurrir a la guerra, los cuales se resumen en defender a la Patria, combatir por la libertad de los nicaragüenses, y luchar por la independencia hispanoamericana.

Al respecto comenta Vargas (2007): “Si bien el hispanoamericanismo nacerá 36 años más tarde, ya el Presidente Mora cree en la comunidad de la lengua, la religión, las costumbres domésticas y el patrimonio histórico, de la misma manera que tiene en cuenta el nexo de los intereses, la identidad de las tendencias, la concordancia en las miras y la fraternal solidaridad de una política común.  Esta noble causa no es la de un pueblo, ni de dos, ni solo de los centroamericanos, subraya el Boletín Oficial, es la justa causa de la gran familia hispanoamericana, amenazada en los archipiélagos y el continente.”

El 4 de marzo de 1856, parten las tropas costarricenses y el Presidente Mora marcha al frente del ejército. El 20 de marzo se obtiene la primera victoria en Santa Rosa, expulsando al filibusterismo del suelo nacional. Días después, en el mes de abril, el ejército del presidente Mora triunfa nuevamente en Rivas, Nicaragua.

El éxito de las dos batallas se escucha tanto en América como en Europa. Los medios de comunicación, así como los gobiernos de Francia, Inglaterra y los hispanoamericanos, felicitan al mandatario costarricense, quien es condecorado por el Papa Pío IX con la Cruz de San Gregorio Magno. El presidente Mora se convierte en un caudillo para la lucha hispanoamericana contra el dominio anglosajón, ya que su política exterior coincidirá con los ideales de Simón Bolívar: establecer una confederación de naciones hispanoamericanas, que sería un eje de defensa y asistencia mutua.

El ejemplo de valentía, así como los ideales de una Hispanoamérica unida del presidente Mora, inspirarán y llevarán, en 1856, a los países de Costa Rica, El Salvador, Guatemala, México, Nueva Granada (Colombia), Perú y Venezuela a suscribir el Tratado de Alianza y Confederación de los Estados Hispanoamericanos, cuyo objetivo era la defensa y el respeto mutuo entre los países partes. Tan es así, que a solicitud de Venezuela y por recomendación de El Salvador, Costa Rica llega a ser propuesta como sede para un congreso hemisférico que facilite la integración de las naciones hispanas.

La invasión a Centroamérica sirvió para unificar la América española. Don Juan Rafael Mora demostró al mundo que Costa Rica, nación pequeña, estuvo dispuesta a defender su territorio y a toda Hispanoamérica de los intereses colonialistas de los esclavistas del sur de Estados Unidos.  Costa Rica, bajo su mandato, estaba llamada a ejercer un papel protagónico para el resguardo de la libertad de Latinoamérica.  Las victorias de Santa Rosa y Rivas significaron la defensa de la raza latina de su lengua, costumbres y religión, en contraposición de las costumbres anglosajonas esclavistas.

En su momento, todas las repúblicas latinoamericanas manifestaron su gratitud y deuda con el presidente Mora y Nicaragua manifestó interés en fusionarse con Costa Rica. El ejemplo y visión de Mora influyeron en todos los gobernantes de la época. Costa Rica adquiere prestigio internacional, por lo cual Inglaterra y Francia promueven la defensa de Costa Rica y la inversión en el país. En agradecimiento y como fruto de la gesta heroica, se firman el Tratado de Unión Hispanoamericana, la Convención Consular con Chile y el Tratado Cañas-Jerez con Nicaragua.

De no haberse concretado estas victorias, los destinos de la América Hispana serían otros. En este sentido, al referirse a las intenciones esclavistas de Walker; Armando Vargas (2007) comenta:

“El Presidente Mora ve claro y afirma que las miras de Walker son apoderarse de toda Centroamérica, exterminar a sus habitantes… Pudo haber logrado su objetivo, dice un inminente historiador, sino hubiéramos tenido en aquel entonces un verdadero grande hombre, que mediante su clarividencia, su patriotismo a toda prueba, su energía invencible, nos libra de caer bajo el látigo del capataz de esclavos.  Ese hombre se llama Juan Rafael Mora Porras”.

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