Bolívar y la geopolítica actual

“Mientras que Bolívar tenía un proyecto geopolítico lúcido para integrar a Hispanoamérica en el consorcio de los Estados nacionales, los gobernantes de hoy se desviven para correr de un bloque a otro y para sugerir iniciativas fantasmas en un mundo polarizado por el dólar, por las armas de destrucción masiva y por los especuladores del petróleo y de las energías alternas”

Artículo de opinión del filósofo y abogado Roberto Arosemena Jaén publicado el 18 de octubre de 2005 en el periódico digital panameño La Prensa.

bolivar e hispanoamericaPanamá actualmente es el enlace entre Centro América y la actual Colombia y Venezuela.

En 1815 Bolívar -el creador de la República de Colombia 1819-1830- redactó el primer pronóstico político sobre el futuro de Panamá con una visión globalizante. En ese momento, en búsqueda de una capital para el futuro Estado, señalaba la posibilidad de que Santa Fe de Bogotá, Maracaibo o Panamá llegasen a ser el núcleo de la República pensada. “Panamá para Hispanoamérica será como Corintio para los griegos” un punto de encuentro y enlace para la posible confederación de los pueblos que serían liberados del férreo control peninsular.

Bolívar desde el exilio en Jamaica se preparaba para la lucha por la independencia.

Cuando logró fundar a Colombia, desde Angostura libera a Nueva Granada y admite la autoliberación panameña. Luego, extiende su campaña liberadora hacia Quito, Lima y el alto Perú. La breve historia de Colombia y la trágica lucha civil intestina entre facciones y gendarmerías abortan la institución estatal hispanoamericana con mayor posibilidad de éxito: la República de Colombia. Luego vendrán Venezuela, Nueva Granada, Panamá y Ecuador.

De otra parte, Perú y Bolivia continúan con su leve vestigio bolivariano. Hoy, cerca de 175 años del colapso integracionista del genial libertador, nuevos movimientos de integración se extienden no sólo por el continente sino por todo el globo terráqueo.

En este mes, la política internacional errática de Panamá e Hispanoamérica, lleva al segundo Torrijos a México para servir de mensajero del posible eje México, Venezuela y la actual Colombia -la pequeña-.

Inmediatamente después, Iberoamérica se reúne en Salamanca para hablar de la eventual consolidación con el bloque europeo, y a finales del lluvioso octubre se realizará en Argentina la siempre postergada integración del panamericanismo bajo la supervisión de Washington. La agenda internacional del segundo Torrijos se concluye el 7 de noviembre con la sorpresiva reunión en Panamá de los hijos del poder. Previo a este encuentro, Héctor Alemán asiste como jefe de la Policía a la reunión de los ejércitos panamericanos donde se dan instrucciones sobre la agenda común en la lucha contra el terrorismo y se espera concluir, aceleradamente, en tratados de libre comercio con Estados Unidos.

El contraste entre la visión del mundo de Simón Bolívar con los actuales gobernantes de Latinoamérica es abismal.

Mientras que Bolívar tenía un proyecto geopolítico lúcido para integrar a Hispanoamérica en el consorcio de los Estados nacionales, los gobernantes de hoy se desviven para correr de un bloque a otro y para sugerir iniciativas fantasmas en un mundo polarizado por el dólar, por las armas de destrucción masiva y por los especuladores del petróleo y de las energías alternas.

La Unión Europea y el presidente Bush se disputan la inclusión y la exclusión de Cuba en estas maratónicas reuniones con tufo de “Guerra Fría”, mientras que los acuerdos bilaterales entregan a Estados Unidos y a la Unión Europea el comercio al por menor, la administración de las empresas de servicio público, el suministro de bienes y equipos a empresas estatales, la liberalización de los productos agrícolas y pecuarios e incluso las idoneidades profesionales.

El trato preferencial y nacional a los empresarios de los países contratantes los ponen en una clara ventaja para desalojar e eliminar a los nacionales. Es soltar el tigre bien alimentado en un rebaño hambriento y en desbandada. El caso argentino y mexicano es aleccionador.

El proyecto de Bolívar de un Estado de ciudadanos libres, educados y disciplinados, forjados en la moral pública y en la vocación de servicio de los gobernantes se desmorona. El interés por la corrupción y la existencia de ejércitos dependientes técnicamente nos convierte en interlocutores débiles, erráticos y ambiguos.

El triste papel de las fuerzas armadas hispanoamericanas y de la OEA ha logrado sustituir las intervenciones estadounidenses por operaciones pacificadoras y negociadoras, por ejemplo en Haití y Nicaragua respectivamente. Además, Bush y Uribe Vélez utilizan el nombre establecido por Bolívar para consolidar el primer Estado andino, Plan Colombia, para camuflar la intervención y provocar a Venezuela a iniciar una acelerada modernización de su ejército y a replantearse la obsoleta doctrina de seguridad nacional.

En este contexto Panamá se deja entusiasmar por aventuras comerciales, económicas y presuntamente militares.

El tratado de libre comercio, el Plan Puebla Panamá con la inclusión de Caracas y Bogotá y la declaratoria de guerra al terrorismo son temas extremadamente importantes que no pueden dejarse en manos de Bush y del segundo Torrijos.

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