Un solo Estado, una sola Nación

“la voz de Países como los nuestros (…) no se oirá jamás con igual intensidad frente al coro que forman los grandes bloques e imperios: Naciones y Estados con 200, 300, 500, incluso 1000 millones de habitantes (…) El nuevo Estado no aglutinará en su seno a una nación perfectamente consolidada, sino que, será “esa” precisamente su misión. Consolidar a la nueva gran nación que está surgiendo, llenar su alma de un ideal y guiarle hacia la realización de su “sino” (…) El Pacto Andino constituye, sin lugar a dudas, el más agresivo y eficiente programa de integración ensayado en Hispanoamérica (…) constituímos una sola Nación, con similar composición étnica, religiosa, idioma, pasado histórico”

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Los Estados de la Comunidad Andina (en color morado) . Si se hubiera producido su integración política, tal vez habrían podido incorporar, en una etapa posterior, al resto de Hispanoamérica.

El siguiente texto es un extracto de la presentación titulada “Un solo Estado, una sola nación, una sola cultura: la subregión andina”, del Dr. Víctor Hugo Rodríguez, asesor jurídico del Instituto Andino de Artes Populares (IADAP), incluida en la memoria del Primer Congreso Andino de Artistas Populares (1981).

1. LA GEOPOLÍTICA MUNDIAL:

Nuestro siglo se caracteriza por la consolidación de grandes bloques políticos. Procesos de integración económica y política vemos surgir en todos los continentes. Europa misma, con su vieja cultura milenaria, se ve obligada a dar este paso en los postreros años de su existencia.

Realmente, nuestro mundo ya no admite la existencia de Estados pequeños, y dentro de este gran “vivero” que constituye el mundo, a éstos se les ha quitado el legítimo derecho a la libertad y a la independencia. A la final, la voz de Países como los nuestros, con: 7, 10, 15 o 20 millones de habitantes no se oirá jamás con igual intensidad frente al coro que forman los grandes bloques e imperios: Naciones y Estados con 200, 300, 500, incluso 1000 millones de habitantes.

El mundo comienza a resultar demasiado pequeño para albergar a 4.000 millones de habitantes, y lo será más aún en el futuro. Por ello, conciente o inconcientemente, los países pequeños del tercer mundo han comenzado una etapa de Integración. Las decisiones mundiales no se discuten y adoptan entre 120 y 150 países; tan sólo resuelven dos o tres, mientras que el resto, apenas si tiene fuerzas para aprobar las decisiones adoptadas por los más grandes. Y si alguna lección histórica han asimilado nuestras pequeñas Repúblicas Andinas, aunque amarga, es aquella que nos señala que “el fuerte determina el camino que seguirá el débil”, por ello, cuando nuestros países se preguntan: ¿Qué hacer para convertirnos realmente en soberanos?, la única respuesta no se deja esperar: Nuestros Países deben:

a. Consolidar el frente interno, mediante la cohesión nacional; y,
b. Consolidar el frente externo, mediante la integración política del Pacto Andino en un solo Estado poderoso, capaz de gravitar como un sol sobre sí mismo.

2. EL PROCESO DE INCORPORACIÓN Y LA IDEA DE NACIÓN:

Hace mucho tiempo Mommsen escribió: “La historia de toda la nación, y sobre todo de la nación Latina, es un vasto sistema de incorporación”. Y posteriormente, Ortega y Gasset nos explica que esta idea de incorporación no constituye la mera dilatación de un núcleo inicial, como generalmente se creía, sino más bien la organización de muchas unidades sociales preexistentes en una nueva gran estructura política y social, pues el núcleo inicial, ni se traga a los pueblos que van integrando, ni anula el carácter de unidades vitales propias que antes tenían. Por el contrario, la decadencia de una nación, a través de la historia, se ha traducido en un vasto proceso de “desintegracion”.

Sin embargo, todo proceso de incorporación se impulsa y se nutren siempre en virtud de un dogma nacional, o como nos dicen Ortega y Renán: con un proyecto sugestivo de vida en común. Pues los grupos sociales que conforman un nuevo Estado, viven juntos para algo: son una comunidad de propósitos, de anhelos, de grandes utilidades. No conviven para “estar juntos”, sino para “hacer algo” juntos. Lo decisivo en todo proceso de incorporación nacional, no se fundamenta únicamente en el pretérito, sino fundamentalmente en el gran programa de vida que tienen para el futuro. Afortunadamente, los países Andinos han encontrado yá el gran programa de vida a seguir. Desde años atrás percibimos el creciente anhelo de crear una propia cultura Andina, Grancolombiana; de crear unas instituciones políticas y sociales de conformidad con el grado de desarrollo vital y cultural a que hemos llegado, rechazando todo modelo extranjero, sea Anglosajón o Soviético; pero quizá la manifestación más importante del anhelo vital que impulsa a nuestros pueblos andinos, es el alto grado de conciencia alcanzado en pos de la Integración Política del Pacto Andino. En otras palabras, se pretende: Un solo Estado, una sola nación, una sola cultura.

Esta nueva “ilusión” va penetrando en nuestros pueblos: el deseo de formar un solo bloque político. No con pueblos extraños o culturas antagónicas, sino entre las fuerzas hoy dispersas que, conformando varios Estados, constituyen una sola gran nación. El Pacto Andino. Y la integración que avanza es una integración positiva, pues reúne a grandes fuerzas preexistentes: es un bloque que va despertando y surgiendo, y no cabe duda, que la integración en estas condiciones constituye un aparato formidable para el logro de grandes empresas.

La integración Andina no se realizará por la mera dilatación de un núcleo inicial, sino por la integración de fuerzas preexistentes que tienen una misma historia y una misma misión. El nuevo Estado no aglutinará en su seno a una nación perfectamente consolidada, sino que, será “esa” precisamente su misión. Consolidar a la nueva gran nación que está surgiendo, llenar su alma de un ideal y guiarle hacia la realización de su “sino”. He ahí la gran misión del nuevo Estado Grancolombiano.

Así pues, somos espectadores y, a la vez, actores de un doble proceso: la consolidación de la nueva nación grancolombiana y la conformación del aparato político que la guiará definitivamente. Pues ya se ha dicho que: El Estado es la nación política y jurídicamente organizada”.

3. EL PROCESO DE INTEGRACIÓN ANDINA:

El Pacto Andino constituye, sin lugar a dudas, el más agresivo y eficiente programa de integración ensayado en Hispanoamérica, y aunque ha tenido sus etapas críticas, como aquella que determinó la salida de Chile del Acuerdo de Cartagena, sin embargo, todo indica que avanzamos irreversiblemente en pos de la integración, no solamente económica sino también política. El Pacto Andino cuenta en la actualidad con dos mecanismos fundamentales que harán posible su consolidación política:

a. El Acuerdo de Cartagena, que tiene como finalidad inmediata la creación de una nueva “unión económica”, la misma que vinculará de tal forma a nuestros respectivos países que, en el futuro, será imposible la existencia de un país miembro separado de los demás; puesto que la programación industrial conjunta y la planificación económica en función ya no de un mercado reducido, sino de toda el área subregional, integrará de tal forma la economía y todo el aparato productivo de nuestros Estados, que la unión política posterior será solo la consecuencia de una necesidad primordial. La integración económica significa también la integración de los hombres que producen, de empresarios y trabajadores, de funcionarios Públicos y profesionales; en otras palabras, significa la integración de los recursos materiales y humanos de manera definitiva.

b. La conciencia cada vez más fuerte de que constituímos una sola Nación, con similar composición étnica, religiosa, idioma, pasado histórico; incluso por el hecho de haber sido liberados por el vigor de una misma espada.

Por ello, los países miembros del Pacto Andino están despertando violentamente, y frente a un pasado cargado en gran parte de sombras, hoy tenemos por delante una gran ilusión que ilumina el porvenir: La integración política del Pacto Andino, su consolidación en un Estado Poderoso, que impulse y fomente el desarrollo posterior de la nación y cultura que está gestando. Esta constituye la gran tarea, el reto que nos presenta la época actual. Debemos estar a la altura de las circunstancias.

Por fin, siglo y medio después de alcanzada lá “independencia” de nuestras pequeñas Repúblicas, haremos posible el gran sueño de Bolivar.

Por ello debemos recordar sus palabras: ” . . . . Una sola debe ser la patria de los Americanos; . . Nosotros nos apresuramos, con el más vivo interés, a entablar, por nuestra parte, el Pacto Americano, que, formando de todas nuestras Repúblicas un sólo cuerpo político, presente la América al mundo con un aspecto de majestad y grandeza sin ejemplo en las naciones antiguas”.

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