El espacio cultural español-hispanoamericano

“Durante los 300 años de dominación española América construye una historia común, un proceso que vincula al Caribe con el Río de la Plata, a la pampa Argentina con la selva centroamericana, a las antiguas ciudades aztecas con las culturas de los Andes (…) Hispanoamérica se planteó en momentos sucesivos y con perfiles diferentes, según las épocas, una nueva instancia de unidad (…) Hispanoamérica tiene como destino manifiesto el de salir al mundo, y ser reconocida en su potencialidad y en su fuerza mediante la integración”

Artículo de Ana María Cecchini de Dallo, miembro del Centro de Estudios Hispanoamericanos de Santa Fe de la Vera Cruz, publicado en 2003 en el sitio web de esta misma entidad.

Mapa político de la Hispanoamérica actual, comparada a la misma escala con las superficies de España y Francia.

Mapa político de la Hispanoamérica actual, comparada a la misma escala con las superficies de España, Francia y Portugal.

¿Vinieron por el mismo camino? ¿Llegaron por los hielos a pie? ¿Por el mar en pequeñas canoas o balsas? El mismo hombre americano nace rodeado de misterios.

¿Fueron diferentes y desde sus comienzos se iniciaron en el mestizaje? ¿O fueron étnicamente semejantes pero, instalados en la inmensa diversidad de nuestro continente, tuvieron inspiraciones y reacciones diferentes?

¿Fue la naturaleza, quizás, la que le indujo caminos culturales disímiles, sus expresiones artísticas, su modo de producir y su organización?

El hombre de los Andes, tal vez por la cercanía del sol y las estrellas o por la inmensidad silenciosa de sus paisajes se concentró a construir una civilización admirable: la del Tahuantisuyo.

Los naturales de las pampas, próximos al Paraná y sus infinitos brazos, tal vez por la facilidad con la que la naturaleza les daba sus dones, vivían en un estadio anterior, de recolectores, sin demanda que los urgieran a crecer.

América es aún una suma de interrogantes.

Desechamos la denominación de Latinoamérica por tratarse de una denominación ajena y extraña a las definiciones históricas, culturales y biológicas.

“Se trata de un concepto incongruente, de un giro inculto en estudios propiamente antropológicos, cuyo uso se explica sólo en función de ignorancia histórica o de intereses marginales a un enfoque conceptual verdaderamente sistemático de la problemática que constituye el proceso formativo de los países iberoamericanos” (Esteva Fabregát, Claudio, 1988, 3).

Iberoamérica incluye hispano y luso América, comienza en la frontera mejicana-estadounidense y, comprendiendo a Brasil y las Antillas de habla española, continúa hasta Tierra del Fuego.

En el siglo XV, España enfrentó esa abrumadora inmensidad y desde su espíritu conquistador sólo concibió el implante de un sistema de dominación.

“La síntesis de lo indio, lo africano y lo español o portugués: lo hispanoamericano y lo lusoamericano se constituyen en historias unidas por factores iniciales comunes: descubrimientos, conquistas, fundaciones, colonizaciones y virreinatos españoles o sociedad con instituciones compartidas, en un caso, y portugués con sus peculiaridades, en otro”(Esteva Fabregát, Claudio, 1988, 3)

La conquista española marcó la común historia, un mismo rey, un mismo Dios y una misma lengua.

Durante los 300 años de dominación española América construye una historia común, un proceso que vincula al Caribe con el Rió de la Plata, a la pampa Argentina con la selva centroamericana, a las antiguas ciudades aztecas con las culturas de los Andes.

El español, un euro mestizo, con marcada predisposición hacia el mestizaje positivo, se dispuso a la dominación, a introducir sus formas culturales por medio de la evangelización, la educación, y la imposición a través de usos económicos e instituciones gubernamentales.

La aculturación (1), la definimos como la agregación de un sistema cultural de existencia previa, sobre los elementos, uno o varios, de otro sistema, aparece como rasgos aislados o complejos que, al incorporarse al diferente, modifican los contenidos de la acción social sin que sea indispensable transformar la estructura socio, político, económica profunda.

El mestizaje cultural es, a su vez, el resultado de gran número de variables, condicionantes históricos, culturales, ecológicos y sociales.

La aculturación fue asimétrica. El modo dominante tuvo capacidades de difusión e implantación diversa, se dio una receptividad relativa de los indígenas, diferente volumen demográfico de ellos y número variables de los españoles y africanos implantados, diferencias en la presión social y de prestigio.

El proceso histórico iberoamericano no fue uniforme, tuvo variaciones regionales, presentó variables diferentes:

* De adaptación tecnológica

* De intensidad

* De frecuencia relativa de participación

* De diversidad en las organizaciones sociales preexistentes y en las que las relacionaron e integran

* De diversidad en las combinaciones culturales resultantes

La aculturación se mostró a veces progresiva y continuada, en otros casos esporádica y discontinua, en ciertos lugares de especial interés económico y político fue rápida e intensiva – con participación de un gran número de individuos -, hubo áreas donde se dio de manera progresiva y sistemática, en ciertos casos se presentaron variables que facilitaron la aculturación y otras que la dificultaron. La aculturación del grupo dominante es posible lograrla con aquellos rasgos de la cultura material nativa y en cambio es muy difícil lograrla en lo que respecta al sistema social y político.

Sin embargo, a pesar de haberse dictado leyes comunes, y generado y puesto en práctica el mismo sistema institucional el resultado tendría variaciones, las que resultaron del contacto de la definición cultural hispana con las realidades nativas que se encontraron y entonces el mestizaje no fue igual y el sentimiento posterior a la independencia tampoco será el mismo.

Es más cruda aún esta variación si pensamos que este proceso de mestizaje intensivo aún no se ha cerrado o concluido en algunos países, que ha dado por resultado este extenso continente plurirracial que ofrece óptimas condiciones para el desarrollo coherente de una sociedad de naciones mestizas.

Una marcada diferencia habrá de presentarse entre regiones según se dio el mestizaje étnico inicial, consecuencia de la falta de mujeres españolas y la predisposición de ciertos grupos indígenas a ofrecer sus mujeres para los conquistadores, así como la diferente facilidad de reproducción a partir de estas relaciones, explicada en variables climáticas más o menos rigurosas. Dos claros ejemplos de lo dicho los marcan Asunción y el Cuzco.

En la primera, para 1575 -según informa al Consejo de Indias el clérigo Martín González – había cinco mil mestizos hombres, de los cuales 3000 tienen más de 18 años y otras cinco mil mestizas mujeres, a esta altura y, para el mismo informante, no quedaban más de 280 españoles. En el Cuzco o en Potosí, los pocos hijos de españoles que nacían, – en los primeros tiempos, nos cuenta Lizárraga – o eran contrahechos o morían por efecto de altura (2).

La marca fuerte en el mestizaje fue la española, por los numerosos asentamientos poblacionales existentes, por su posición dominante desde lo militar, político y social, por ser su cultura la dominante y de mayor prestigio, con gran capacidad de circulación interétnicas e interracial, por oposición a las desarticuladas sociedades indígenas, y por la definición adoptada por los mestizos de elección de las formas hispanas para posicionarse en la sociedad.

En cuanto a la ubicación en la sociedad de estos mestizos no fue uniforme en el tiempo, al comienzo – caso de nuestros mancebos santafesinos(3)-, los padres los tomaron para criarlos a su lado, más tarde, la necesidad de asegurar la dominación de una sociedad en transformación, planteó la exigencia monogámica y el respeto a los criterios morales cristianos, evitándose la excesiva interrelación de etnias. Con la etapa virreinal, la cultura española adquirió un peso dominante: régimen político, lenguaje, estructuras legales, religiosas y económicas, educación formal, al llegar las guerras de la independencia la cultura española estaba formalizada y habrán de ser los criollos independentistas los que se apoderarán de ella para legitimarla luego de su victoria.

El abrupto cambio, que no fue tan abrupto, supuso la independencia de España, en medio de la voracidad colonialista de Inglaterra, Francia y aún la aislada Federación de los Estados del Norte de América que pondrá su mirada y capturara los territorios mejicanos de Texas y California (4)

Los virreinatos desmembrados tomaron como desideratum el devenir Europeo, y se lanzaron a construir naciones republicanas con un sino que produjo divisiones, conflictos, y aún guerras civiles interiores a los nuevas naciones y entre las nuevas naciones.

Un derrotero de copias en las que – al decir de Leopoldo Zea en América en la Historia -, faltó el impulso creador original de darle formas a normas e instituciones propias, que dieran respuesta más certera a sus problemas y necesidades.

España, la enemiga, pasó al olvido, Hispanoamérica se desintegró. España fue el espejo que estaba prohibido mirar, en el cual, quizás, veíamos reflejado aquello que nuestras dirigencias no querían ser. Sin embargo, la movilidad social y el ingreso por oleadas de españoles, hicieron que el mestizaje nunca quedara detenido.

Hispanoamérica se planteó en momentos sucesivos y con perfiles diferentes, según las épocas, una nueva instancia de unidad. El sueño de la patria grande de San Martín y Bolívar, la Carta de Jamaica de 1815 y el Congreso de Panamá, y las convocatorias a la unidad, vistas con miradas diferentes por las dirigencias políticas nacionales, de ellas se pasó a un marcado acercamiento de diseño económico- comercial impulsado desde la CEPAL.(Comisión Económica para América Latina)

Al calor de este paradigma habrán de seguirse diferentes caminos: la Asociación latinoamericana de libre comercio (ALALC, 1960), la Asociación latinoamericana de integración (ALADI, 1980), el Grupo Andino, el Mercado Común Centroamericano, y la Comunidad Caribeña y Mercado Común y el Mercado Común del Sur (1991) y hoy proyecto Acuerdo Norteamericano de Libre Comercio (Nafta)

Entre los 60 y el fin de siglo, solamente se plantearon la unidad económica. Era el paradigma de los tiempos: desarrollar desde el comercio y la producción; intercambiar, construir bloques y defendernos con ellos de los los agravios de las potencias.

Una tras otra se frustraron las esperanzas. No era posible unirnos desde lo que no gobernamos, las producciones propias no tenían mercados en América y nuestras necesidades también eran satisfechas desde ámbitos ajenos a la endeble unidad. Unidades que por otra parte eran parciales ya que, sobrevivían en muchas de las naciones, disidencias pendientes, surgidas al calor de las guerras del siglo XIX.

De todas las instancias que nos abre la integración con expectativas de progreso, es sin duda la de la formación del capital humano, la que se yergue hoy como paradigmática. La educación, el desarrollo institucional y las capacidades tecnológicas, son las alternativas que se nos presentan como las más acertadas para lograr los objetivos económicos de competitividad y equidad.

“América Latina continúa viajando en busca de la occidentalización, intenta ser contemporánea de su tiempo. Pero se trata de un viaje lleno de accidentes, en el que se suman conquistas y frustraciones, originalidades y distorsiones, unas veces es América que acierta y se equivoca, comete una desviación y se encuentra. Otras veces es occidente quien se hace cercano y distante, familiar y extraño…”(Ianni, 1993,p.7).

La ambicionada modernización por imitación, a la que se supone es un seguro progreso, deja a numerosos grupos sociales en el camino. Ese proceso de modernización excluyente promueve procesos de negación de nuestras propias raíces como pueblos. Se trata de un ejercicio contradictorio y ambivalente, que auspicia la incorporación a crítica y agresiva a los nuevos tiempos.

América Latina es una red de herencias e influjos, impases y posibilidades, diversidades y espejismos. Hay siempre algo de ecléctico, exótico, no-contemporáneo en la cultura, en la forma de pensar y en los modos de ser…la búsqueda permanente de una definición (Ianni, 1933,p.138)

Tenemos que poner calor de pueblo a la integración (Bettancourt, 1983)

La integración debe pasar por continuar la construcción de una conciencia iberoamericana, una identidad propia, una mentalidad común que contenga, sin duda, una calidad de vida para todos, el afianzamiento de la democracia, el reconocimiento de la pluralidad cultural.

Pasos importantes se han dado en la búsqueda de políticas culturales y educativas comunes. Se ha construido incluso un derecho cultural internacional iberoamericano.

Desde el siglo XIX se han conformado círculos subregionales de grupos de naciones que han acreditado la voluntad común de trabajar por la unión y cooperación intelectual.

En Montevideo, 1889, se suscribió el Tratado sobre Propiedad Literaria y Artística aprobado en el Congreso Sudamericano de Derecho Internacional Privado (Montevideo, 1888) suscripto por Argentina, Bolivia, Brasil, Chile, Paraguay, Perú, y Uruguay.

El nucleamiento formado en la primera mitad del siglo XX de la Unión Panamericana, las Conferencias Internacionales Americanas: Washington (1889-1890), México D.F.(1901), Río de Janeiro (1906), Buenos Aires, (1910), Santiago de Chile (1923), La Habana (1928), Montevideo (1933), Lima (1938), y Bogotá (1948).

La Conferencia Interamericana de consolidación de la paz: Buenos Aires (1936).

Los tratados y convenciones abiertos a la firma en la Unión Panamericana y los tratados y acuerdos aprobados en Congresos subregionales dentro del continente americano.

La Organización de los Estados Americanos (OEA, 1948) y dentro de ellos se dan las convenciones sobre propiedad intelectual, tratados sobre protección del patrimonio histórico y cultural americano, patrimonio natural, y bellezas escénicas de los países americanos, fomento de las relaciones culturales, convenciones en materia de intercambio, canje y facilidades internacionales en materia de bienes y servicios culturales; Convenciones y Declaraciones sobre derechos culturales e intelectuales como derechos humanos.

Facetas subregionales centroamericana, y andina, el Convenio Andrés Bello, la Organización de Estados Iberoamericanos para la Educación, la ciencia y la Culta, la Comunidad Iberoamericana de Naciones y las Conferencias Iberoamericanas.

La movilización producida desde el Quinto Centenario, el grupo Río, las Cumbres de Jefes de Estado, las Reuniones de Ministros de Cultura de América Latina y el Caribe, y la Cooperación Cultural del MERCOSUR.

Ahora bien, luego de una larga etapa de aislamiento, España, desde su integración a la Comunidad Europea ha recuperado su verdadera dimensión histórica, cual es la de ser una parte significativa de Europa y una llave fundamental para vincularla a esa con Iberoamérica. La mirada de la CEE en su totalidad esta puesta, preferentemente, en el África subsahariana y en la Europa del este.

España forma parte de la Comunidad Europea por sentimiento y por necesidad, tanto desde una lógica política como desde una lógica económica. Desde su incorporación a ella ha vivido tres revoluciones económicas, la primera – con su entrada a la Comunidad Económica Europea -, la segunda con la construcción del Mercado Único y la tercera con Maastricht y la unión monetaria.

Así, España ha logrado entrar al Primer Mundo, ha cumplido las exigencias de la UE, acomodando sus cuentas y es hoy una realidad económica pujante.

Tres caminos se abren para Iberoamérica en pos de un estado moderno, de los tres es la UE la que se instala ante nosotros como un “paradigma ejemplificador” (sic) (Lamothe, A inédito, 2000)

“la primera opción sería aspirar a un modelo que brinde eficiencia y prosperidad económica con democracia política, pero signado por un espíritu individualista con baja solidaridad social. Tal es el modelo norteamericano”.

…la segunda opción brindaría eficiencia económica sin atentar contra la cohesión social, pero en un marco autoritario. Estas son las variantes que predominan en el modelo asiático.

…finalmente, quien propone un modelo económico de productividad y bienestar social que admite adecuaciones, en el marco de un sistema político democrático, conservando un elevado sentido de cohesión solidaria entre los ciudadanos es la Unión Europea” (citando a Jacques Attalí, Lamothe, cit)

Y me pregunto: ¿Por qué no nosotros, sus hermanos con una historia común, con una población compartida, con nexos transversales tan fuertes, con un perfil cultural semejante…?.

Y agrego – convencida – que la cultura es la única opción válida para integrarnos y por ende para trabajar por nosotros los iberoamericanos.

España es; en su presente, un modelo válido, para recrear sus normas constitucionales, sus instituciones, su legislación están próximas a nosotros, hasta podrá decirse que nos resultan naturales.

También nosotros -Hispanoamérica – podemos darle a España, y desde ya le damos, en el arte y la literatura, la sangre nueva de nuestra gente, la visión renovadora de nuestra perspectiva.

Ahora bien, aquí estamos, Hispanoamérica y España, Iberoamérica y España y Portugal, de cara a la globalización.

Hace pocos días, en nuestra ciudad, el filósofo científico Mario Bunge, nos ponía en guardia con respecto a las formas negativas de la globalización (enfermedades, pobreza, exclusión, uniformidad cultural hacia abajo) así como nos señalaba lo mítico, por improbable, de los llamados efectos positivos.

“La globalización induce a emigrar hacia la relación con otros, y a salir de la soledad y el aislamiento…Hay, por ende, que promover los nexos favorables y contrarrestar los que le son adversos. En intersección a la globalización hace recrudecer el vigor de las identidades y las diferencias, lo que a su vez presenta el riesgo de exacerbar el mito de las superioridades que exaltan dañinamente determinados fundamentalismos (nacionalistas, políticos, religiosos, étnicos, culturales, raciales, etc.)

La lección será ésta: ni creer que nos bastamos a nosotros mismos renunciando a integrarnos, ni dejarnos globalizar hasta el extremo de dejar de ser lo que somos o – lo que es peor – de mimetizarnos con pérdida de nuestra identidad y nuestra diferencia.” (Bidart Campos, Algunas reflexiones sobre la globalización desde el derecho constitucional. Anuario de Derecho Constitucional, p. 25)

El rey de España, Juan Carlos de Borbón, nos ha hablado largamente a los iberoamericanos y nos dice de nuestra independencia considerándonos, como somos, naciones soberanas, y nos plantea la dimensión de unidad histórica existente, una historia asumida con sus claroscuros.

Nos habla de la lengua que compartimos, y que es nuestro tesoro,

“es la casa común en donde a cada uno de nuestros pueblos corresponde una habitación. La lengua es la morada que todos habitamos…” (Discurso…República Dominicana, 31 de mayo de 1976)

Y además de la larga vivencia del tiempo y del habla, le suma a ellas la cultura como quehacer común. España es ininteligible sin su dimensión americana y viceversa.

“La comunidad hispana es una comunidad inteligente, solidaria en sus creencias básicas sobre el hombre, su dignidad y su destino, heredera de un patrimonio cultural que tiene no sólo la gloria del pasado, sino también la vitalidad del presente, es una comunidad llamada a cumplir una función universal de la que no se puede dimitir “(Discurso de Cartagena de Indias, Colombia, 12 de octubre de 1976)

El rey postula Credibilidad: basada en una política de hechos y no de declaraciones; Continuidad: con una política de estado al margen de las contingencias de la coyuntura y levanta como exigencia la Indiscriminación posible perfectamente en un mundo mestizo.

La Comunidad Iberoamericana de Naciones Unidas, un proyecto posible, debe partir del espacio cultural común, ya existente y viviente, dinámico, en desarrollo, gracias a las posibilidades que nos da hoy la comunicación y que puede extenderse a una comunidad política y a la integración económica. Se trata de “tender líneas de acción enmarcadas en un cuadro de concurrencia de intereses compartidos” (Galvani, Victoria, 1987,69)

La relación actual España-Iberoamérica se sitúa en una perspectiva de futuro, se trata de un reto de largo aliento para ambas que deben moldear una forma de relación nueva y vigorosa en la cual la lengua y la cultura juegan un papel fundamental.

“La América de expresión española, cuya vitalidad creadora es indiscutible, no juega aún el papel decisivo que le corresponde en la Comunidad Internacional” (ídem, 69)

“y la historia que hizo posible España con su unidad política recién alcanzada y con su fe religiosa en la que un inmenso continente con todos los climas, con todos los paisajes, con todos los recursos y con pueblos tan diversos, se percibiera y se convirtiera en una unidad, que continúa hasta el presente” (ídem.71)

Se trata de una acción en desarrollo a la cual adhieren las políticas nacionales de Hispanoamérica.

En la redefinición de los espacios, donde las naciones se insertarán en formas nuevas, ampliadas, en espacios supranacionales, a partir de nexos económicos, geográficos, religiosos, existe ya este espacio cultural hispano, es una realidad tangible en numerosos hechos y políticas entre las que cabe mencionar:

* Programas de intercambio universitario

* Convenios para post grados internacionales

* Apoyo de fundaciones españolas en las divulgaciones de sus objetivos y acciones de patronato.

* Apoyo a la capacitación de recursos humanos para preservación patrimonial promovidos por el Estado español, – Becas para cursos de especialización y estudios universitarios.

* Programas como ADAI de apoyo archivos Iberoamericanos.

¿Qué debemos intensificar o promover?

* El desarrollo de un lenguaje científico en español.

* La formación de equipos interdisciplinarios españoles-hispanoamericanos:

* Para la revisión de la historia a la luz de los nuevos cuestionamientos.

* Para el análisis de lo común y lo diverso en la cultura popular.

* Con el objeto de revalorizar y recuperar el patrimonio-arquitectónico.

* Proyecto de investigación comunes para encarar en todas las áreas científicas.

* Para desarrollar textos de estudio la historia común.

* Intercambio de embajadas de alta cultura y de expresiones de cultura popular.

A partir de éste espacio cultural, sin duda, se podrá construir un espacio económico-productivo y de inversiones que en este mundo abierto en el cual – mal o bien – estamos inmersos impliquen que España sea el portal de ingreso y comunicación América-Europa y viceversa.

El diagnóstico ha sido hecho, las declaraciones están puestas sobre la mesa. La reacción-acción esta en marcha, solo falta imprimirles mas intensidad y hacerla una obra de todos.

“…España, país europeo, no puede entenderse en su totalidad sin su proyección y síntesis americana, sin Colón o sin Bartolomé de las Casas, sin Hernán Cortés o sin Simón Bolívar, conquistadores y reformadores, descubridores y emancipadores, todos forman parte de esa gran Comunidad histórica y cultural.

Una Comunidad que tampoco puede hoy entenderse sin la variedad y el pluralismo. Sin César Vallejos o García Lorca, sin Octavio Paz o Vicente Aleixandre, Valle Inclán o Pablo Neruda, sin Unamuno o Rubén Darío. Somos los españoles tan iberoamericanos como europeos, mas allá de los sistemas sociales, mas allá de las distintas opciones políticas, el hecho firme, espiritual e histórico ha unido y seguirá uniendo los destinos de España e Iberoamérica”. (Discurso ante la UNESCO, 4 de noviembre de 1983)

Y les reafirmo: Hispanoamérica como unidad sólo se explica en la común historia con España, Hispanoamérica tiene como destino manifiesto el de salir al mundo, y ser reconocida en su potencialidad y en su fuerza mediante la integración, hagamos lo que este en nuestras manos, lo posible y más aún, desde este Centro de Estudios Hispanoamericanos de Santa Fe.

Citas:

(1) – Aculturación: neologismo utilizado para traducir acculturación, resultado de los procesos de captación parcial o total de una cultura. (Dicc. Enciclopédico Espasa, Madrid, Espasa-Calpe, 1978, T.1)
– …Frank Bales ha señalado que las formas de aculturación presentan cuatro variables: asimilación, incorporación, adaptación, extinción. (Enciclopedia Universal Ilustrada Europeo-Americana. Madrid – Barcelona, Espasa-Calpe, 1996. Apéndice A-Z, p. 12)

(2) – Lizárraga, Reginaldo de. Descripción del Perú, Tucumán, Río de la Plata y Chile. Unión Academique Internacionale – Academia Nacional de la Historia, Buenos Aires, 1999.

(3) – Son los mestizos nacidos del amancebamiento de españoles e indias guaraníes en Asunción del Paraguay que acompañaron a Juan de Garay para fundar la ciudad de Santa Fe.

(4) – Texas fue “admitida” en la Unión Norteamericana en 1845. California fue declarada territorio de los Estados Unidos el 15 de agosto de 1846.

Bibliografía:

Candau, Vera María y Socavino, Susana. Integración latinoamericana y cultura. Revista Síntesis, AV Sociedad Editorial Síntesis, Madrid, n° 24 julio . diciembre de 1995.

Casanueva Ojeda, Héctor. Europa y América Latina ante la globalización. Revista Síntesis, AV Sociedad Editorial Síntesis, Madrid, n° 25, enero – junio de 1996. pp. 97/99.

Esteva Fabregát, Claudio. El mestizaje en Iberoamérica. Alhambra, Madrid, 1988.

Ferrer, Aldo. Nuevos paradigmas tecnológicos y desarrollo sostenible: perspectiva latinoamericana. Revista Síntesis, AV Sociedad Editorial Síntesis, Madrid, n° 20, julio – diciembre de 1993.

Freres, CH; Van Klaveren, a y Ruiz Jiménez, Guadalupe. Europa y América Latina la búsqueda de nuevas formas de cooperación. Revista Síntesis, Asociación de Investigaciones y Especialización sobre temas Iberoamericanos, Madrid, n° 18, Setiembre – diciembre de 1992. pp. 115/120.

Galván, Victoria. El rey y la comunidad Iberoamericana. Fundación Centro de Investigación y promoción Iberoamericana – Europea (CIPEI), Madrid, abril, 1987.

Harvey, Edwin. Marco Jurídico de las relaciones culturales iberoamericanas. Síntesis n° 26, julio – diciembre de 1926.

Ianni, F.A.I.. Time and place as variables in acculturation research. American Anthropologist 6039 – 46, Menasha, 1958. Citado por Esteva Fábregat, ob cit.

Lamothe, Alejandro. El paradigma social europeo: una visión desde América Latina. Inédito. Santa Fe, Argentina, 2000.

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