Archivos Mensuales: julio 2013

Los enemigos de la unidad hispanoamericana

“toda la América de habla española, desde el río Bravo hasta el cabo de Hornos, es una unidad cultural, humana, lingüística e histórica a la que el imperialismo anglosajón consiguió romper en pedazos (…) no habrá futuro verdaderamente próspero hasta que no seamos dueños de nuestro destino verdadero, alcanzando la forma política que debimos haber tenido desde un principio: un Estado hispanoamericano independiente, unificado y soberano (…) las principales causas de nuestra desunión (…) están basadas en mitos y falsedades y, por tanto, urge emprender una gran labor educativa que demuestre a los hispanoamericanos que, al contrario de lo que muchos piensan, no hay motivo para seguir persistiendo en actitudes acomplejadas y/o enfrentadas, sino que, por el contrario, hay mucho de lo que estar orgullosos”

Artículo de José Ramón Bravo publicado en el sitio web UCV Satelital (16 de mayo de 2013).

Dieciocho repúblicas y una sola Nación: Hispanoamérica. Este es el resultado de 200 años de división.

Dieciocho repúblicas y una sola Nación: Hispanoamérica. Este es el resultado de 200 años de división.

Conociendo la historia de los últimos siglos, llama notoriamente la atención, cuando miramos a un mapa político actual del continente americano, el hecho de que Estados Unidos, Canadá y Brasil ocupen un territorio tan desmesurado, mientras que la América de habla española está fragmentada en unidades considerablemente menores, que en algunos casos bien podrían ser llamados “mini-países”: piénsese, por ejemplo, en el exiguo territorio de los Estados del istmo centroamericano o en la escasa densidad de población de otros como Bolivia, Perú o todos los del cono Sur en general. La única república hispanoamericana que posee tanto un territorio respetable en tamaño y a la vez una considerable población es México, pero este país sufrió una enorme amputación tras una guerra de agresión emprendida contra él por Estados Unidos en 1847, que arrebató a México más de la mitad de su territorio, con lo que, a pesar de todo, sigue apareciendo como relativamente “pequeño” si se lo compara con los gigantes estadounidense o brasileño.

¿Ha sido esto siempre así? ¿Era inevitable esta situación de extrema fragmentación y debilidad de Hispanoamérica? Sigue leyendo

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¿América india o Hispanoamérica…?

“Un maya, un guaraní y un aimara, por ejemplo, tienen en común lo mismo que pueden tener un noruego, un tibetano y un congolés y, si se reúnen para tratar algo, tendrán que hablar en castellano”

Nota de redacción publicada en el periódico digital PanamaAmerica el 5 de junio de 2011.

Es la hispanidad lo que da unidad a Hispanoamérica, pues antes del nacimiento de las Indias (América española) como entidad política, nada unía a los pueblos del continente.

Es la hispanidad lo que da unidad a Hispanoamérica, pues antes del nacimiento de las Indias (América española) como entidad política, nada unía a los pueblos del continente.

No faltará quien diga que hay que apelar al elemento indígena antes que al hispano y llamar a nuestras naciones América India.

Si bien es verdad que los indios ya vivían aquí muchos siglos antes de que llegaran españoles y portugueses, no hay ningún elemento común a todos ellos.

En los poco más de setenta y ocho mil kilómetros cuadrados de nuestra pequeña república los individuos de las tres principales etnias aborígenes son tan distintos, que se distinguen fácilmente a simple vista y difieren totalmente en idiomas y costumbres. Un maya, un guaraní y un aimara, por ejemplo, tienen en común lo mismo que pueden tener un noruego, un tibetano y un congolés y, si se reúnen para tratar algo, tendrán que hablar en castellano. Hasta el nombre común de indios es un préstamo que recibieron desde la otra orilla del Pacífico.

Cuando decimos América Latina pensamos en realidad en los países que hablan castellano o portugués, lenguas ambas procedentes de lo que se llamó Hispania en la antigüedad y Península Ibérica actualmente. Si queremos denominar estos países con un nombre que contenga un elemento común a todos ellos ¿qué mejor que llamarlos Hispanoamérica o Iberoamérica?

Mitos de la historia de Colombia

grandes mitos de la historia de colombiaPablo Victoria es doctor en economía y doctor en filosofía. Ha sido congresista y Senador de la República de Colombia, profesor universitario, escritor, historiador y columnista de diversas publicaciones.

En su libro “Grandes mitos de la historia de Colombia. La Nueva Granada contra España” el autor parte de premisas que controvierten desde sus cimientos la interpretación de la  historia nacional y logra un compendio de lo que él denomina trece grandes mitos de la  historia colombiana. Como centro de sus críticas aparece la clase dirigente criolla,  responsable, según su visión, del fracaso de la nación. En cierta forma, esta es la historia no  autorizada de la revolución independentista en Colombia y sus conclusiones son extrapolables a toda Hispanoamérica.

 

Imperialismo cultural norteamericano en Puerto Rico

“El colonialismo actúa sobre la sociedad puertorriqueña no sólo para provocar la pérdida de elementos significantes de la cultura, en un intento por acelerar un proceso de disolución nacional, sino que usa su tremendo poder para instituir medidas que amenazan la existencia misma del pueblo puertorriqueño dentro de su propio territorio (…) la agresión cultural norteamericana en Puerto Rico no deja de impactar ni un solo resquicio de la sociedad”

Tres banderas ondean en el Fuerte de San Cristóbal, en San Juan: la de Estados Unidos, la del Estado asociado de Puerto Rico y la Cruz de Borgoña, símbolo esta última de los tres siglos de época virreinal en que Puerto Rico estuvo unido políticamente al resto de Hispanoamérica, bajo la Corona española.

Tres banderas ondean en el Fuerte de San Cristóbal, en San Juan: la de Estados Unidos, la del Estado asociado de Puerto Rico y la Cruz de Borgoña, símbolo esta última de los tres siglos de época virreinal en que Puerto Rico estuvo unido políticamente al resto de Hispanoamérica.

Artículo titulado originalmente “Imperialismo cultural y resistencia cultural en Puerto Rico”, de Luis Nieves Falcón, abogado, sociólogo, psicólogo y profesor emérito de la Universidad de Puerto Rico (UPR). Tomado de “Comunicación y cultura en América Latina: El imperialismo cultural. Aportes para el análisis de la dominación” Vol. 6; No. 6, 1978. Publicado en el sitio web de la Biblioteca Digital de la Universidad Autónoma Metropolitana (Unidad de Xochimilco).

Es preciso enmarcar, en el presente, la situación cultural de Puerto Rico, dentro de su particular condición colonial ya que ésta, en perfecta correspondencia con los objetivos del imperialismo y los procesos sociales generados para asegurar su persistencia, “ejerce un influjo que afecta todas las instancias de la sociedad”(1), o sea, que el impacto del colonialismo es totalizador y engloba el conjunto de las instituciones sociales puertorriqueñas. Dicho control lo ejerce la sociedad imperialista de Estados Unidos a través de la presión material, la presión política y administrativa, la ideológica y la represión militar y policiaca.

El objeto principal de la sociedad dominadora es el de

desviar la cultura del pueblo colonial hacia un proceso gradual de disolución y mediatización, terminando por despojar dicha cultura de los elementos básicos de resistencia al poder dominador (2).

Dicha estrategia se consolida, en primera instancia, a través del control de los bienes de producción y las fuentes generadoras de empleo y, posteriormente, subyugando al resto de las instituciones sociales. De esa manera, la metrópoli asegura que las pautas ideales de la sociedad y la cultura puertorriqueñas, los modelos de conducta a ser difundidos para su imitación e incorporación por parte de la población, estén encaminados a evitar la reafirmación nacional y cultural al igual que la emergencia de una conciencia de confrontación con el régimen. Los colonialistas norteamericanos y sus colaboradores locales, puertorriqueños y extranjeros residentes, son los responsables de promover la difusión de dichos modelos. Como resultado de esta acción imperialista, el puertorriqueño se encuentra en la peculiar situación de tener que enfrentarse en su propia nación a instituciones sociales que atentan contra su existencia como ser cultural. Sigue leyendo

¡Viva la América!

“la construcción de América (…) fue producto de un movimiento político y cultural de ilustración llevado en el interior de Hispanoamérica como una manera de encontrar una posición estratégica para competir en un orden internacional mayor (…) América fue reconocida en esa unidad. El mundo de ultramar era patrimonio de la corona, regido por el corpus legal castellano e indiano (…) ¡Viva la América! fue un lema que significó poner a salvo al territorio de ultramar frente al ateísmo que representaba el signo de Napoleón (…) Lo que permaneció en el discurso político y religioso y se potenció como símbolo de competencia, identidad, patria y nación, fue la América”

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Miguel Hidalgo, en un óleo de Antonio Fabrés (finales del siglo XIX).

Ensayo titulado originalmente “¡Viva la América! La voz América en el movimiento de insurgencia en la Nueva España”, obra de Mariana Terán Fuentes, Doctora en Historia por la Universidad Autónoma de Zacatecas. Publicado en Encuentro Nacional de Archivos (Guadalajara, Jalisco, 21-24 de abril de 2009). Tomado del sitio web del Archivo General de la Nación-México.

Al término del antiguo orden en la Nueva España, prevalecieron tres representaciones generales sobre la idea de América: la idea de la patria americana, la idea de un conjunto de reinos con alta calidad para la competencia internacional y la concepción de la integralidad con la monarquía española.

Publicistas, sacerdotes, funcionarios de instituciones políticas y escritores del último tramo colonial participaron en la conformación de una imagen multivariada y contrastante de lo que fueron los distintos territorios de los reinos, provincias, ciudades, pueblos y villas de la América Española.

Parto de la idea de que la formación de estas tres concepciones interrelacionadas de lo que fue América, no se debió a las llamadas influencias externas, como lo había explicado en su momento las posiciones  que veían en el factor ilustración francesa y jacobinismo el motor que pudiera explicar las transformaciones políticas y culturales vividas en el interior de los virreinatos como lo fue el novohispano. La idea central es que la construcción de América, o su invención, como la llamó Edmundo O´Gorman, fue producto de un movimiento político y cultural de ilustración llevado en el interior de Hispanoamérica como una manera de encontrar una posición estratégica para competir en un orden internacional mayor. Esto supone que la identidad no fue una construcción en sí misma, sino en función de un orden internacional que, en todo caso, contribuyó en su conformación. Sigue leyendo

Pedro Henríquez Ureña y la identidad hispanoamericana

“La llamada utopía de América de Pedro Henríquez Ureña no es solamente el título de un discurso que el autor pronuncia en Argentina, sino un verdadero proyecto civilizador que lograría integrar a Hispanoamérica”

Portada de "La utopía de América", de una edición de 1925.

Portada de “La utopía de América”, de una edición de 1925.

El siguiente texto es un fragmento del ensayo titulado “Pedro Henríquez Ureña: La identidad cultural hispanoamericana en La utopía de América“, de Laura A. Moya López, publicado en la sección “Estudios de historia moderna y contemporánea de México” del sitio web del Instituto de Investigaciones Históricas de la UNAM (Universidad Nacional Autónoma de México).

La cultura como problema moral

El problema de la identidad, es decir, de la definición del conjunto de referentes que fijan los sentidos de pertenencia a una comunidad, tuvo durante el siglo XIX su núcleo fundamental de discusión en torno a la variable de la raza. De esta forma, el ideal de patria, por lo menos en México, estaba profundamente ligado a contenidos de tipo mestizo. Algunos miembros del Ateneo de la Juventud, entre ellos, Henríquez Ureña, plantearon sus reflexiones sobre la identidad bajo un marco de interpretación que enfatizó no el contenido biológico de las razas, sino la posibilidad de un mestizaje cultural, aceptando de una vez el peso de la herencia latina y humanista. Sin duda José María Vigil y Justo Sierra fueron en el contexto mexicano antecesores importantes en esta reflexión.

La identidad de Hispanoamérica para nuestro autor se encontraba fincada en el ámbito de la cultura, que fue planteado en dos dimensiones complementarias a lo largo de su obra. En primer lugar, el autor convirtió a la historia de la cultura en la América hispánica en un objeto de estudio que logró clasificar y ordenar un complejo entramado de costumbres, expresiones estéticas y artísticas, así como de tendencias literarias y filosóficas diversas, para brindarnos un panorama coherente de la esencia hispanoamericana, vinculada para Henríquez Ureña por la existencia de una forma de expresión y por tanto de representación común del mundo: el idioma español. Encontró en la escritura de la historia de la cultura una forma de afianzar la memoria colectiva de Hispanoamérica. Sigue leyendo

Bolívar y el fracaso de la unión de Hispanoamérica

El siguiente texto es un fragmento del artículo titulado “Bolívar fue causante del fracaso de la unión de Hispanoamérica” publicado en el sitio web Noticias 24 (10 de diciembre de 2009).

las republicas de aireSimón Bolívar, considerado el padre del sueño de una América hispana unida, fue también el causante del fracaso de este proyecto debido a sus ideas monárquicas y centralistas, según el historiador cubano Rafael Rojas.

En una entrevista con Efe, el escritor argumentó que el proyecto de Constitución del libertador para Bolivia, en la que se proponía una presidencia vitalicia y un senado hereditario, hizo fracasar el Congreso de Panamá, convocado en 1826 tras las independencias americanas de España para promover una unión de las nacientes repúblicas.

En esos años, países que se constituyeron como federalistas, como México y Argentina, se opusieron a la idea bolivariana de una confederación de gobiernos basados en un poder central al estilo monárquico, detalló. Sigue leyendo

¿Los latinos son latinos?

“los que realmente son latinos se llaman otras cosas y los que no tienen nada de latinos quieren auto-proclamarse como tales”

Mapa que muestra la distribución geográfica de las lenguas románicas o latinas habladas en el continente americano. El color azul corresponde al español, que es el idioma más hablado (más del 40% de la población de todo el continente americano).

Distribución geográfica de las lenguas románicas o latinas habladas en América. El color azul corresponde al español, que es el idioma más hablado (más del 40% de la población de todo el continente).

Artículo del analista internacional Isaac Bigio publicado en el periódico sueco Estocolmo el 22 de septiembre de 2010.

A los 400 millones de hispanoamericanos, a su cultura, a sus ritmos e incluso a sus contornos raciales hoy se les denomina como “latinos”. Sin embargo, ninguno de ellos habla latín y la mayor parte de ellos tampoco tiene los rasgos físicos de los latinos originarios del imperio romano, el cual se acabó por lo menos un milenio antes de que los descendientes de quienes antes llegaron a habitar alguna de sus provincias (como fue la de Hispania) descubriesen a las Américas. 

La palabra “latín” se origina en Latini, Latium o Lacio, una pequeña región en el centro de Italia. Los romanos se anexaron a los latinos en la batalla del lago Regilius 496 Antes de Cristo. Entre el año 300 al 91 AC los romanos lograrían ir absorbiendo y sometiendo al resto de la península itálica, expandiendo con sus victorias el uso del latín en desmedro de otras lenguas locales derivadas de las semitas traídas por los fenicios y cartaginenses, las etruscas o las griegas.

Desde entonces Roma iría conquistando un área de 6 millones de kms 2 esparcida entre los 3 continentes que contornean al mar Mediterráneo. Roma, tras varias invasiones previas, acaba viendo como en el año 476 era depuesto su último emperador Romulus Augustulus.

El latín fue la lengua oficial del que fuese el mayor imperio europeo antes de la conquista de las Américas. La adoptaron hace unos 2,000 a 1,500 años atrás varias poblaciones locales, la administración pública y el clero (la iglesia católica, que devino en la oficial de Roma, aún la sigue usando).

El latín llegó a ser hablado por los habitantes de todos los 3 continentes del Viejo Mundo sean de raza blanca, negra o amarilla. Sin embargo, todos los imperios romanos (desde Roma a Bizancio) se extinguieron sin saber que existía el continente americano y sin haber visto alguna vez a un solo amerindio o esquimal. Sigue leyendo