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Derecho indiano: concepto y extensión

«el ordenamiento jurídico virreinal no supone el aniquilamiento de las formas consuetudinarias prehispánicas (…) por el contrario (…) hay necesidad de que se «guarden y ejecuten» y a cuyo efecto gozan de aprobación y confirmación oficial (…) La aplicación del derecho castellano sobre los indios permitió que se les considerara, a éstos, como personas, categoría jurídica inexistente en el derecho prehispánico (…) al reconocerse de forma oficial el sistema jurídico preexistente (…) les otorgaba un derecho «exclusivo» para indios, un estatuto personal. El carácter proteccionista de la legislación indiana se evidencia en el reconocimiento de un derecho desconocido para los castellanos»

portada recopilacion leyes de indiasEl siguiente texto es un extracto del ensayo originalmente titulado «Las Comunidades de Indios en el Derecho Indiano», de Laurence Chunga Hidalgo, jurista e historiador (Universidad de Piura – UDEP). Tomado del sitio web Revista Jurídica (Facultad de Jurisprudencia y Ciencias Sociales y Políticas (Universidad Católica de Santiago de Guayaquil). 

En los tiempos anteriores a la llegada de los españoles a territorio del imperio incaico, la norma jurídica se identificó con la costumbre. Evidentemente, el imperio incaico no es el creador del orden jurídico prehispánico sino que su mérito consiste en haber logrado una organización más o menos uniforme, en la que se aseguró la aplicación de las normas propias de los ayllus en concordancia con el derecho estatal establecido por la autoridad central.

Con la llegada de la cultura occidental traída por los españoles, y por consiguiente, la escritura, ésta abordó la esfera jurídica del mundo virreinal, desplazando, así, las formas consuetudinarias practicadas por las poblaciones originarias. A pesar de ello, amplios sectores de la vida social se mantuvieron reacios a la escritura y conservaron los usos y costumbres que el tiempo había consagrado. Los indígenas, en la solución de sus pleitos civiles y mercantiles, huyen de los procedimientos occidentales, por lo que muchas actuaciones jurídicas no se registran por escrito, y muchas de las que lo fueron se han perdido. Todo esto hace difícil su conocimiento, justamente por la ausencia de constancia documental. Sin embargo, la inexistencia de la prueba escrita no niega la existencia del derecho, al cual podemos llegar a través de sus efectos, siempre que éstos sean más o menos permanentes en el tiempo.

Esta complejidad jurídica virreinal, lleva a García Gallo a decir que el derecho indiano es el derecho propio de las Indias en sentido territorial, y comprende el derecho castellano transplantado al Nuevo Mundo, el derecho establecido, desde la Corona Castellana, para las Indias y, finalmente, el derecho de los indios o de las poblaciones autóctonas. Afirma el autor, que el derecho autóctono requiere un tratamiento especial, distinto y separado del derecho español, «por cuanto constituye un sistema distinto» Sigue leyendo

Isidro Fabela: hispanoamericanismo y antiimperialismo

«la tesis unionista de Fabela es formar una Confederación Hispanoamericana, en la que se finquen los cimientos que integren las secciones diseminadas de América (…) La propuesta del autor para lograr la libertad (…) es concreta: formar un haz compacto de todas las naciones que por su raza, lengua, costumbres y tradiciones se unan para hacer frente al expansionismo, intervencionismo y acciones imperialistas de los países extranjeros»

El siguiente texto es un fragmento del ensayo originalmente titulado «Isidro Fabela: Humanismo y antiimperialismo», escrito por la Dra. Graciela Vélez Bautista (Universidad Autónoma del Estado de México, Julio de 2006) y publicado en el sitio web Proyecto Ensayo Hispánico.

Isidro Fabela, retratado en una acuarela del arquitecto Vicente Mendiola (Retrato conservado en la Casa del Risco

Isidro Fabela, retratado en una acuarela del arquitecto Vicente Mendiola, que se conserva en la histórica Casa del Risco (San Ángel, México, D.F.)

Panamericanismo e hispanoamericanismo

La obra de Fabela corresponde a un determinado momento histórico, sin embargo sigue viva; puesto que la hegemonía imperial a través de la globalización, fenómeno económico, político y social bueno y malo como seguramente la calificaría Fabela, sigue lesionando los intereses de los “otros” en tanto que promueve el libre intercambio de bienes, pero impide el libre intercambio de personas, refiriéndonos al trato deshumanizado de nuestros vecinos hacia los inmigrantes mexicanos.

En su tiempo Fabela expresa que América Latina ha sido uno de los puntos claves de la expansión política y económica de los Estados Unidos, desde el siglo pasado. Esa expresión se ha llevado a cabo en etapas, por vías diplomáticas, militares, comerciales, financieras y culturales. Es decir, el país del norte es uno de los representantes más característicos del imperialismo que es concebido como “… un sistema político-económico de relaciones de dominación, que implica principalmente el excedente económico producido por los pueblos dependientes” (Ianni, 1981: 95).

Siguiendo esta línea Fabela explica que los Estados Unidos se han constituido en dueños de la América Central, dominan política y financieramente a Nicaragua, se apoderaron del canal de Panamá, para mantener su hegemonía total en Centroamérica y el Caribe. Dominan Honduras, Costa Rica y Guatemala a través de la diplomacia del dólar, conquistaron por las armas a República Dominicana y Haití, la soberanía mexicana fue quebrantada por ellos en varias ocasiones. Fabela señala: “¿En qué consiste el imperialismo? Sencillamente en dominar o conquistar. Dominar a los gobiernos por medio de sus agentes comerciales, de sus agentes de prensa; a los congresos y a los presidentes; y a veces también a los magistrados que imparten justicia, pero principalmente por la infiltración de préstamos más o menos forzados, de lo cual se encarga la Dollar Diplomacy” (Fabela, 1958: 85) que “consiste en prestar por las buenas o por las malas, para cobrar por las malas o por las buenas, pero en todo caso con réditos acumuladas” Sigue leyendo

Por la unión hispanoamericana

«contemplar nuevamente el caminar de los gigantes o pueblos desarrollados que van engullendo poco apoco nuestra economía, nuestra cultura y nuestro idioma, nos obliga a todos los hispanoamericanos a reflexionar y a despertar de la indolencia para tomar las armas del juicio y flamear la bandera de la unión y de la paz antes de que seamos arrasados por los vientos de la globalización»

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La América de habla española.

Texto publicado por Héctor José Corredor Cuervo, poeta, escritor y ex militar colombiano, en el sitio web Civila (Ciudades Virtuales Latinas), el 10 de octubre de 2006.

Al conmemorar 514 años de la llegada de los españoles a esta tierra americana habitada por aztecas, mayas, caribes, muiscas, incas, taironas, araucanos, guaraníes y al contemplar nuevamente el caminar de los gigantes o pueblos desarrollados que van engullendo poco apoco nuestra economía, nuestra cultura y nuestro idioma, nos obliga a todos los hispanoamericanos a reflexionar y a despertar de la indolencia para tomar las armas del juicio y flamear la bandera de la unión y de la paz antes de que seamos arrasados por los vientos de la globalización que entran por las ventanas de los medios de comunicación a los hogares.

Ya no podemos ser pueblos que duermen en los laureles de la libertad y que esperan el huracán como árboles frondosos pero con las hojas secas como consecuencia de los odios sembrados y alimentados desde la conquista por intereses internacionales. Es hora del reencuentro para afrontar con fuerza y dignidad las tormentas que se aproximan; es tiempo de darnos cuenta que la desunión nos mantendrá cada día más en la esclavitud política, económica y social con las cadenas del hambre, la desnutrición y la ignorancia atadas a los intestinos y a la mente. Sigue leyendo

La lengua que migra

«Cuando en América hablamos acerca de la identidad compartida, nuestro punto de partida, y de referencia común, es la lengua. No somos una identidad étnica, no somos una multitud homogénea, no somos una raza, somos muchas razas (…) Pero somos una lengua (…) La lengua desde la que vengo, y hacia la que voy, y que mientras se halla en movimiento, me lleva consigo de uno a otro territorio, territorios reales o territorios verbales»

idioma español en americaEl siguiente texto es el discurso ofrecido por el escritor Sergio Ramírez en el acto de inauguración del VI Congreso Internacional de la Lengua Española, celebrado en Panamá del 20 al 23 de octubre 2013. Tomado del diario digital El Periódico (Guatemala, 27 de octubre de 2013).

Siempre me ha intrigado saber lo que es sentirse escritor de una lengua que tiene el país por cárcel, una lengua que no se habla más allá de las propias fronteras. Claro que el tamaño de una lengua no se mide por sus límites geográficos, ni creo que haya lenguas pequeñas. Todas tienen sus propios registros mágicos e inmensas posibilidades literarias, pero éstas de las que hablo son lenguas hacia adentro.

No sé lo que es vivir en uno de esos espacios verbales cerrados. Hay escritores que desde allí, desde esos compartimentos, se han trasplantado a alguna de las grandes lenguas europeas, como el gran escritor Milán Kundera, que ahora escribe en francés, y no en checo. Pero para mí, una renuncia semejante significaría alejarme de la casa de la infancia por siempre clausurada, desde donde me llegan las voces que un día aprendí para siempre.

Son escritores que dejan de escribir en la lengua en que nacieron, y con la que nacieron, bajo un sentimiento de asfixia. El sentimiento de que su voz se escucha de cerca, pero no de lejos, de por medio o no la traición de las traducciones. Y no puedo verlo sino como una dolorosa mutilación, como la que se practicaba a los castrati en el siglo XVII, que ganaban así una nueva voz, pero perdían para siempre la propia. Mutilarse para sobrevivir. Pero peor que la castración es la deslenguación, la lengua extirpada, desde su arranque y raíz.

Quitarse la lengua uno mismo, o que se la quiten por la fuerza. Otro de los grandes escritores centroeuropeos, Sándor Márai, sintió que había muerto cuando sus libros, que entonces solo podían leerse en húngaro, fueron prohibidos. Ya tenían sus novelas el país por cárcel, y ahora las enviaban al cementerio. Le habían extirpado la voz como castigo. No solo nadie podría leerlo al otro lado de la guardarraya, ni siquiera en Polonia o en Austria, donde no estaba traducido, sino que tampoco podría ser leído en su propio país. Como que no existiera. Y así el mundo se perdió por muchos años la espléndida belleza de sus palabras, mientras él decidía su suicidio en el exilio, ya sin lengua. Sigue leyendo

Las Españas (América hispánica en la Ilustración)

«Ulloa (…) ve sociedades complejas, no “españolas” pero inequívocamente hispánicas (…) lo que se llamó (…) las Españas (…) señalaba (…) el carácter fragmentario de España, su esencial insuficiencia: España era una de las Españas. Y toda consideración aislada era un error. Y en la medida en que –en otra dimensión, con otras estructuras- se conserva la realidad del mundo hispánico, esa fragmentación sigue siendo un error que impide la comprensión de sus ingredientes europeo y americano y, sobre todo, del conjunto»

El siguiente texto es un fragmento extraído del libro «España inteligible. Razón histórica de las Españas», obra del ensayista y filósofo Julián Marías (Capítulo XXII: La Monarquía hispánica en la época de la Ilustración), publicada por Alianza Universidad en 1985.

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Grabado de Jorge Juan, marino y científico que reformó el modelo naval hispano, y que junto a A. de Ulloa recorrió y describió la América española del siglo XVIII.

Pocos libros dan una idea más clara de lo que fue la realidad española en el siglo XVIII que la mencionada Relación histórica del viaje a la América meridional, de Jorge Juan y Antonio de Ulloa (3). Ambos eran personajes extraordinarios, característicos de las minorías ilustradas de su siglo: llenos de saber científico, de curiosidad, de probidad, de patriotismo español y europeo, de conciencia de su época. Tuvieron la estimación de sus contemporáneos, no sólo en España, sino más aún en Europa y en las tierras americanas. Es sumamente interesante la imagen que de ellos se tuvo en su tiempo, tal como aparece en el libro, tan valioso, tan poco frecuentado, de Juan Sempere y Guarinos: Ensayo de una Biblioteca española de los mejores escritores del reynado de Carlos III (4). La parte que más nos interesa, la histórica y descriptiva, era obra principal de Antonio de Ulloa, mientras que la científica corrió, sobre todo, a cargo de Jorge Juan.

Los dos marinos recorren América del Sur; no son meros viajeros, sino estudiosos, que atienden a todo (incluso a los problemas graves, a los errores de gobierno, a los peligros, que expondrán privadamente a las autoridades españolas en las Noticias secretas de América, publicadas por primera vez en Londres en 1826, con propósito antiespañol, a raíz de la independencia de la América española continental). Lo más interesante para el lector actual es la doble impresión de seguir en España y de estar visitando países distintos y remotos. La escasa “visibilidad” de América, en la que he insistido anteriormente, se desvanece en esta obra, dedicada a ella. Antonio de Ulloa describe países exóticos, con ojo de geógrafo e historiador, casi de sociólogo; pero encuentra en ellos las estructuras de gobierno, administración, eclesiásticas, de España; las costumbres, más parecidas entre los españoles y sus descendientes directos, pero de las cuales participan en diversos grados los mestizos, indios, negros y mulatos; ve sociedades complejas, no “españolas” pero inequívocamente hispánicas. Viaja incansablemente por varios aposentos de su propia casa.

Las descripciones de las ciudades de América –Cartagena de Indias, Portobelo, Panamá, Guayaquil, Quito, Lima, Trujillo, Cuzco, Arequipa, Buenos Aires, Concepción, Santiago, Valparaíso- muestran, con sobriedad científica, lo que era el desarrollo urbano en la porción española del Nuevo Mundo (y no se incluyen las principales, es decir, las de Nueva España). Especialmente Cartagena, Quito, Lima, Cuzco, Arequipa, con un esplendor urbano que no tuvieron en todo el siglo las modestas ciudades de América del Norte. La descripción de Lima antes del terremoto de 1746, y de la Corte virreinal, da una impresión vívida de que se traba de otras Españas, de verdaderos reinos que reproducían las estructuras de la Monarquía española, de la sociedad injertada sobre los pueblos aborígenes, en una hispanización asombrosamente semejante a la romanización de otros tiempos. Sigue leyendo

Geopolítica para la Patria Grande: Indo Hispano América

«Indo-Hispano-América integra un conglomerado de pueblos que conforman una nación, unidos por el cordón umbilical del origen indigenista y la corriente civilizadora de la España Católica. Desconocer esta realidad sería negar los propios ancestros; soslayarla, significaría abjurar de la autenticidad. Abjurar de la autenticidad representa  la carencia de personalidad. Sin personalidad es imposible aspirar a ser libres»

indohispanoamericaEl siguiente texto es un extracto de la obra «Geopolítica para la Patria Grande», de Florentino Díaz Loza, publicada por Ediciones Temática S.R.L. (Buenos Aires, 1987)

NOTA: Las opiniones y expresiones vertidas en este artículo corresponden exclusivamente a su autor y no deben interpretarse necesariamente siempre como un posicionamiento de nuestro sitio web Hispanoamérica Unida.

Las corrientes colonizadoras en Sudamérica demuestran fehacientemente las líneas estratégicas fundamentales del continente.

Las expediciones hispánicas se introdujeron de norte a sur a lo largo y a lo ancho de la cordillera de los Andes; y de sur a norte en la dirección de la Cuenca del Plata, para ensamblarse en las sierras y valles de la precordillera. El centro de gravedad inicial siguió la línea natural de los Andes, aprovechando los caminos del Inca. La ejecución de la conquista casi fue un calco de las acciones expansivas del imperio indígena. La idea estratégica estaba identificada con sabiduría y sagacidad, en el modelo proyectivo del Inca.

Desde la testa venezolana, pasando por la gran nuca ecuatoriana-colombiana, posesionándose fuertemente del corazón de los altiplanos centrales, pasaron a conquistar el resto del continente, operando siempre a caballo de la cordillera. A esta maniobra principal, se le sumó la corriente civilizadora que operó con ofensiva simultánea a lo largo del sistema del Plata, entrelazando y relacionando ambos esfuerzos a través de las llanuras, valles cuencas y mesetas.

La colonización hispánica estructuró los virreynatos sudamericanos con una coordinada acción política, económica y militar. Lograron así, sabiamente, la segunda unidad geopolítica del continente. Sigue leyendo

José E. Rodó y la integración hispanoamericana

«En la tesis de Rodó (…) Hispanoamérica es la patria común y es absurda la existencia separada de los países que la componen. Que se reconozca la realidad unitaria histórica y de porvenir, llevará inexorablemente a la integración política»

El siguiente texto está extraído de la obra «Literatura y pensamiento en América latina», editada por el historiador Jesús Raúl Navarro García y publicada en Sevilla por la Escuela de Estudios Hispanoamericanos (Consejo Superior de Investigaciones Científicas).

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José Enrique Rodó, retratado en 1896. Rodó es una de las más importantes figuras del ensayo moderno en lengua española, así como del pensamiento hispanoamericanista.

Para José Enrique Rodó hay una magna patria que es una realidad moral a reunificarse políticamente. Ella es Hispanoamérica. Su ideal de raza es permanente, según Gustavo Gallinal. Toda su obra está fundada en ese proyecto sin límites de perspectivas. Sus raíces son la raza y la tradición. Hay en los países hispanoamericanos unos vínculos eternos, una integración moral muy superior a las divisiones políticas actuales y de su tiempo. En la historia está la prueba de la unidad, y a ella hay que volver. Por supuesto que con una nueva visión de la organización política. Hay unidad de estirpe. Existe unidad de destino. A despertar la conciencia de hispanoamericanismo dedica su vida el filósofo, político y escritor uruguayo. Él quiere restaurar la tradición histórica descargándola de conservadurismo. Considera que los intelectuales de Hispanoamérica convergen en ideas y en sentimientos, la raza los integra. La patria común invoca la unidad en el porvenir, la reintegración. El hispanoamericanismo de Rodó, liberado ya de las influencias de las guerras emancipadoras que hicieron olvidar el tronco común, el destino histórico, emerge como una verdad histórica de la que no se pueden enajenar los territorios separados por el caudillismo secesionista y egoísta; el regionalismo torpe debe ser superado por el hispanoamericanismo unitario, bajo cualquier fórmula política, ya sea la confederal. Lo que importa es la unión del subcontinente que se fragmentó por las banderías y los intereses locales. Sigue leyendo

La leyenda negra: algo más

«La leyenda negra al disparar sobre lo ibérico deteriora el sustento del  rescate de la unidad de Hispanoamérica (…) No somos forasteros los chilenos en México o Paraguay, menos en Argentina (…) Es la amalgama lo que  genera nuestra magna identidad»

Artículo del historiador, sociólogo e investigador Prof. Pedro Godoy, publicado en el sitio web chileno Educa Acción el 2 de noviembre de 2013.

Grabado de los conquistadores en Grands Voyages por Théodore de Bry (1634).

Grabado de los conquistadores en «Grands Voyages» por Theodor de Bry (1634). De Bry, quien nunca estuvo en América, fue uno de los principales propagandistas de la leyenda negra tanto contra españoles como contra los hispano-indios, a los que describía como salvajes y caníbales.

La erosión de la identidad comienza temprano. La funda, sin apetecerla, el P. Las Casas. La usarán los emancipadores para legitimar la ruptura con Madrid. En el XX la estimula Hollywood, la escuela y el   texto. Hoy la TV estimula la gringomanía cuyo reverso es la hispanofobia. El efecto: no contemplarse a si mismos como longilineos, blondos y de ojos azules. El vigor económico de EEUU y Europa que se muestra en la pantalla y que fluye de lo  enseñado en aula y del imaginario colectivo refuerza ese desdén por lo propio. Resulta frecuente que la pereza se atribuya a los ancestros propios. Estos no podían generar progenie dinámica y aseada. La piel olivácea y el pelo azabache  se identifican con la siesta y con la mugre.

El repiqueteo continúa con ucronías que legitima el docente en orden a “otro gallo nos cantaría” si hubiésemos sido colonizados por británicos, holandeses –por último- franceses o italianos. Se redondea el enfoque con la lapida en que se anota: “pero tocarnos los españoles”… Es lo que Rodó denomina la “nordomanía” que se mixtura con la hispanofobia.

Se enseñará Historia Universal –ampuloso adjetivo que apenas si se refiere a Europa- y en esa materia jamás habrá un   módulo sobre Historia de España. Los textos presentarán a Galvarino a punto de perder las manos y a Caupolicán empujado sobre un tabladillo para el empalamiento. De allí se deriva el remoquete de crueles y abusivos que se adosa a quienes son los conquistadores.

El mestizaje es ignorado. Da la impresión que Chile nace por generación espontáneo como hongo tras una lluvia el 18 de septiembre de 1810. Hacia atrás, oscurantismo y perversidad. Los mapuches son los héroes. Sin embargo, por otro camino .quizás algo soterrado- se usa la expresión “indio” como agravio y nadie quiere serlo. Investigación efectuada en comuna capitalina de ínfimos ingresos las familias opinan que los mapuches residentes son individuos “borrachos”, “amargados”, “flojos” y “porfiados”. En suma, detestables. Como conscriptos son vejados  y es común atribuir el supuesto atraso económico y turbulencia política de Bolivia al alto porcentaje de población amerindia. Sigue leyendo

El hispanoamericanismo de Lucas Alamán

«Alamán se preocupa por tratar de establecer  una comunidad de intereses entre las naciones hispanoamericanas (…) México debía encabezar el sistema americano para evitar que lo hiciera Estados Unidos (…) Alamán es uno de los fundadores principales de la diplomacia mexicana»

El siguiente texto es un extracto de la obra «El hispanoamericanismo de Lucas Alamán, 1823-1853», del historiador y maestro Salvador Méndez-Reyes. Publicado por la Universidad Autónoma del Estado de México en 1996.

Retrato de Lucas Alamán, como Secretario de Relaciones Exteriores. Archivo General de la Nación (México).

Retrato de Lucas Alamán, como Secretario de Relaciones Exteriores. Archivo General de la Nación (México).

La “…idea de solidaridad hispanoamericana era entre nosotros algo tan espontáneo y arraigado, que era anterior y privaba incluso sobre el sentimiento de Independencia…” (1). Las luchas insurgentes y los peligros que enfrentaban las naciones hispanoamericanas, una vez alcanzada la emancipación, hicieron evidentes para algunos espíritus visionarios la necesidad de la integración o cuando menos de la colaboración estrecha entre las nuevas naciones desprendidas del tronco español.

En este marco, surge en 1823 la figura del joven ministro de Relaciones Exteriores e Interiores de la recientemente establecida República mexicana, nos referimos a Lucas Alamán, quien desde su llegada al ministerio mostró interés en que su país estrechara vínculos con los países hermanos de Suramérica. En el surgimiento del hispanoamericanismo alamanista juega un papel destacado la participación de don Lucas en las Cortes españolas (1821-1822), en donde presentó, en nombre de varios diputados americanos, un plan de autonomía para las colonias hispánicas similar al proyecto del conde de Aranda y a lo que es ahora la Comunidad Británica de Naciones. Ya en la Secretaría de Relaciones de su patria independizada, en un primer periodo que va de  1823 a 1825, Alamán se preocupa por tratar de establecer  una comunidad de intereses entre las naciones hispanoamericanas a través de tratados, como el de comercio negociado con la Gran Colombia que estipulasen ventajas preferenciales a los productos nativos de los países hermanos y también a los transportados en buques que portaran la bandera de éstos. Dichos privilegios comerciales, entre latinoamericanos, trató de fijarlos también en los tratados negociados en esa época con la Gran Bretaña y con los Estados Unidos. Sin embargo, estas potencias se opusieron a que se establecieran privilegios comerciales entre las naciones iberoamericanas, ya que, tanto Estados Unidos como Albión, querían hacerlos extensivos  a su propio comercio con nuestro país. La misma Gran Colombia no pudo ratificar el tratado comercial con México, ya que con anterioridad se había atado las manos al firmar un tratado con Inglaterra, donde hacía extensivos a ésta los privilegios concedidos a cualquier otro país, con lo cual se bloqueaba cualquier intento de establecer una liga comercial hispanoamericana. Sigue leyendo

Por una filosofía de nuestra América

«El problema de nuestra filosofía es la inautenticidad. La inautenticidad se enraíza en nuestra condición histórica de países subdesarrollados y dominados (…) Es preciso que (…) los países hispanoamericanos (…) encuentren el apoyo de una reflexión filosófica consciente de la coyuntura histórica y decidida a construirse como un pensar riguroso, realista y transformador. Este propósito (…) necesitará también una acción concertada, necesaria y fecunda en cuanto promotora de la unidad de Hispanoamérica, unidad que no sólo corresponde a los hechos sino que además es imperativa en esta época de vigencia de grandes agrupaciones multinacionales»

historia de las ideas en el perú contemporáneoEl siguiente texto es un fragmento del ensayo originalmente titulado «Una interpretación sobre la existencia de una filosofía de nuestra América», del educador, periodista y filósofo Augusto Salazar Bondy (1925-1974).

Los hispanoamericanos estamos claramente en el caso de este existir inauténtico: vivimos desde un ser pretendido, tenemos la pretensión de ser algo distinto de lo que somos y lo que podríamos quizá ser, o sea, vivimos alienados respecto a la propia realidad que se ofrece como una instancia defectiva, con carencias múltiples, sin integración y por ende sin vigor espiritual.

De allí que en nuestras comunidades prevalezcan la mixtificación y la ficción. Muchas instituciones -seguramente todas las que tienen fuerte resonancia social- poseen signo distinto del que declaran y la mayoría de las ideas cobran comúnmente un sentido extraño y aun opuesto al significado original que oficialmente se le reconoce. Las más variadas formas de conducta y relaciones intersubjetivas, sinnúmero de usos y costumbres coinciden en esta entidad ambigua, en este funcionar y estar motivados de modo contrario al que pretendidamente les corresponde. Piénsese en la democracia hispanoamericana o en la libertad de empresa, en la administración de justicia y en los estándares de moralidad, en la religión y los valores sociales, en la Universidad o el Estado, y se verá a qué tremenda inversión de ser apuntan mis consideraciones. En última instancia, vivimos en el nivel consciente según modelos de cultura que no tienen asidero en nuestra condición de existencia. En la cruda tierra de esta realidad histórica, que ha de ser juzgada tomando en cuenta las grandes masas pauperizadas de nuestros países, la conducta imitativa da un producto  deformado que se hace pasar por el modelo original. Y este modelo opera como mito que impide reconocer la verdadera situación de nuestra comunidad y poner las bases de una genuina edificación de nuestra entidad histórica, de nuestro propio ser. Semejante conciencia mixtificada es la que nos lleva a definimos como occidentales, latinos, modernos, católicos y demócratas, dando a entender con cada una de estas calificaciones, por obra de los mitos enmascaradores que tienen libre curso en nuestra conciencia colectiva, algo distinto de lo que en verdad existe. Sigue leyendo