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Viaje en defensa del español

«Recorrer el continente americano desde Tijuana a Ushuaia es una cura de confianza en la fiabilidad del español (…) dentro de poco 450 millones de personas tendrán en el español su primer acomodo lingüístico (…) la pluralidad es una garantía de riqueza lingüística y no de deterioro del idioma (…) En América se ama el español y se cuida la forma de ejercerlo (…) España (…) cuna de nuestra lengua es uno de los lugares del mundo en donde peor se emplea»

Artículo del periodista Carlos Carnicero publicado en el diario digital español El Periódico el 28 de julio de 2008.

america ñEscribo estas líneas desde Buenos Aires: paso una parte considerable del año allí; el resto lo reparto entre La Habana y Madrid. Soy un nómada que se ciñe a los parámetros de mi idioma: el español; además, mi trabajo se fundamenta en la palabra escrita y en la palabra hablada. Sin mi lengua yo no sería casi nada. Y lo digo en todas sus acepciones, en la del músculo que permite articular el lenguaje y en la del idioma en que se soporta. Creo que el español es uno de los idiomas más ricos de los que tengo noticia. Mi vida es un observatorio privilegiado de la lengua porque no se trata de desplazamientos intermitentes sino de estadías prolongadas: así se percibe como circula el español que ya no tiene fronteras delimitadas.

La potencialidad del español tiene tres vectores de difícil convergencia: Sigue leyendo

México: Cronología de un despojo territorial

El siguiente texto está extraído de “El gigante de las siete leguas. Prontuario ilustrado de las agresiones de Estados Unidos contra los pueblos de nuestra América”, publicado por el Centro de Investigaciones Históricas de la Seguridad del Estado (Editorial Capitán San Luis. La Habana, 2011).

Territorios de México y Estados Unidos a principios del siglo XIX. Aunque ya entonces Estados Unidos se había apropiado de amplios territorios de Nueva España, todavía la superficie de México equivalía a casi las tres cuartas partes de la de Estados Unidos. Tras la guerra de agresión expansionista de este país contra México, este perdió más de la mitad de su territorio: uno de los mayores despojos territoriales jamás sufridos por un gran país.

Territorios de México y Estados Unidos a principios del siglo XIX. Aunque ya entonces Estados Unidos se había apropiado de amplios territorios de Nueva España (incluyendo Florida y Luisiana), todavía la superficie de México equivalía a casi las tres cuartas partes de la de Estados Unidos (que entonces aún no poseía Alaska).

1799

Ciudadanos estadounidenses, encabezados por Philip Nolan, invadieron el norte del Virreinato de Nueva España, territorio que adoptó el nombre de México después de su independencia.

«[…] se cree que cumplía una misión de Jefferson […]» (Ramiro Guerra Sánchez).

1804

El ex presidente John Adams expresó que «[…] la gente de Kentucky está llena de ansias de empresa y aunque no es pobre, siente la misma avidez de saqueo que dominó a los romanos en sus mejores tiempos. México centellea ante nuestros ojos. Lo único que esperamos es ser dueños del mundo». Sigue leyendo

Hispanoamérica olvida a Miranda

«Miranda desarrolló muchos años antes el concepto de la unión de pueblos hispanoamericanos y fue el primero que habló del continente colombiano, que comprendía a todos los países hispanos en América»

Artículo de José Miguel Domínguez publicado el 25 de agosto de 2010 en el periódico digital PanamaAmerica.

Bandera tricolor fue izada por primera vez el 14 de julio de 1811. En el extremo superior izquierdo, a los pies de lamuejr india, aparece una cinta con la palabra "Colombia", que es el nombre que creó Miranda para designar a toda la América hispana.

Bandera tricolor izada por primera vez el 14 de julio de 1811. En el extremo superior izquierdo, a los pies de una mujer india, aparece una cinta con la palabra «Colombia», nombre creado por Miranda para designar a toda la América hispana.

Francisco de Miranda, el autor intelectual de la independencia de los países hispanoamericanos, es el «gran olvidado» en las ceremonias del Bicentenario que se celebran este año en la mayoría de países latinoamericanos, dijo a Efe el escritor y periodista español Fermín Goñi.

«Es insólito que la historia haya hecho invisible a Miranda, pero es más insólito que en 2010 nadie reivindique la figura de Francisco de Miranda (1750-1816) como la persona clave sin la cual no hubiera habido la denominada revolución bolivariana», explicó Goñi.

En entrevista con Efe como parte de la presentación de su libro «Los sueños de un libertador» (Rocaeditorial, 2010) en México, el autor destacó la trayectoria y personalidad del general venezolano Francisco de Miranda, creador del «andamiaje intelectual de la independencia de los países hispanoamericanos».

Goñi aseguró que Miranda desarrolló muchos años antes el concepto de la unión de pueblos hispanoamericanos y fue el primero que habló del continente colombiano, que comprendía a todos los países hispanos en América.

Goñi advirtió que la idea de los Estados Unidos de América del Sur «no es de Simón Bolívar, sino de Miranda» y la prueba son sus proclamas publicadas en 1806. Sigue leyendo

Brasil: ¿los nuevos Estados Unidos?

«Brasil les ha quitado territorios a casi todos sus 10 vecinos. También invadió Uruguay (…) y libró contra Paraguay la única guerra de exterminio de la América postcolonial (…) Mientras España se asentó en la infraestructura de antiguos imperios mesoamericanos o andinos y dio paso a un mestizaje entre europeos e indígenas, en los territorios que los portugueses y los británicos colonizaron encima o al costado de Hispanoamérica la población indígena fue arrinconada y el territorio fue repoblado por europeos o africanos (…) Brasil mantuvo la esclavitud varias décadas después que el resto de las Américas y hoy la mitad de sus habitantes tienen raíces africanas»

Mapa tomado de: Alejandro Mendible "Venezuela y sus verdaderas fronteras con el Brasil -Desde el tratado de Tordesillas hasta la incursión de los garimpeiros" (Caracas, 1993), donde se muestra el proceso expansivo brasileño a costa de Hispanoamérica. Brasil arrebató territorios tanto a la América española violando tratados internacionales de fronteras (líneas verticales) como a las ya independizadas repúblicas hispanoamericanas (zonas en negro).

Este mapa tomado de: Alejandro Mendible «Venezuela y sus verdaderas fronteras con el Brasil -Desde el tratado de Tordesillas hasta la incursión de los garimpeiros» (Caracas, 1993) muestra el proceso expansivo brasileño a costa de Hispanoamérica. Brasil arrebató territorios tanto a la América española violando tratados internacionales de fronteras (líneas verticales) como a las ya independizadas repúblicas hispanoamericanas (zonas en negro).

Artículo del analista internacional Isaac Bigio publicado el 29 de abril de 2012 en el noticiero digital Alto Pilar.

En 1889 Brasil dejó de ser una monarquía detentada por una rama de la familia que desarrolló el imperio portugués para convertirse en una república federativa, la cual hasta 1968 se llamaba los Estados Unidos del Brasil.

Tanto ésta como los Estados Unidos de América son las dos principales potencias en cada una de las dos Américas. Brasil tiene alrededor de la mitad del territorio y de la población de Suramérica, en tanto que EE.UU. tiene a la gran mayoría de la población de Norteamérica, aunque a nivel de área tenga menos de la mitad de ésta.

Los dos son los únicos colosos americanos que se han ido expandiendo hacia el oeste y que también han ido anexando territorios a todos sus vecinos hispanos. Los EE.UU. capturaron todo el norte mexicano, Puerto Rico y Cuba (de la cual hoy sólo conservan Guantánamo) y han llegado a ocupar casi todas las repúblicas del Caribe.

Brasil les ha quitado territorios a casi todos sus 10 vecinos. También invadió Uruguay (cuya independencia se peleó contra Brasil) y libró contra Paraguay la única guerra de exterminio de la América postcolonial. Sigue leyendo

Hispano-América y Luso-América

«Entre la América de habla hispana y la portuguesa hay una gran diferencia. Si bien España y Portugal quedan en la misma península, sus lenguas poco se diferencian entre ellas y durante 1580-1640 estuvieron unidas, sus historias discurrieron por diversas sendas»

Artículo del analista internacional Isaac Bigio, publicado en el periódico digital Diario Siglo XXI (24 de noviembre de 2010).

Mapa de la América española y la portuguesa hacia finales del siglo XVIII.

Mapa de la América española y la portuguesa hacia finales del siglo XVIII. La historia hizo que Brasil e Hispanoamérica siguieran una evolución completamente diferenciada: Idioma, composición étnico-racial, instituciones, tradición jurídica, cultura política, etc. han hecho de ambas dos entes nacionales distintos.

Entre la América de habla hispana y la portuguesa hay una gran diferencia. Si bien España y Portugal quedan en la misma península, sus lenguas poco se diferencian entre ellas y durante 1580-1640 estuvieron unidas, sus historias discurrieron por diversas sendas.

En el tratado de Tordesillas firmado en 1494, a poco del viaje de Colón, el Papa dividió al mundo dándole a Madrid potestad sobre todos los territorios que iban desde el extremo oeste suramericano hasta las Filipinas y a Lisboa a todo el resto, especialmente África y Asia. Mientras los españoles se centraron en conquistar las Américas, los portugueses crearon colonias esparcidas a lo largo de la costa del África negra y de todo el océano índico, el cual, en los siglos XVI y XVII, tenía al luso como su lengua franca.

En las Américas el eje español se basó inicialmente en México y Perú donde los castellanos encontraron grandes y muy pobladas civilizaciones a las que sometieron montándose sobre su estructura agraria y estatal, y luego en la explotación de las minas. En Brasil, en cambio, cuando los portugueses llegaron no había ningún gran Estado ni muchos habitantes. Los que hoy se estima que existieron en el Amazonas sucumbieron con los primeros contagios de la viruela y otras plagas.

Brasil, a diferencia de los dos grandes virreinatos hispanos en América del Sur y del Norte, no tuvo una historia de guerras y subyugación, ni tampoco heredó una previa estructura caminera, de cultivos o de Estado. La mayoría de su población fue importada. Si Galeano aduce que el desarrollo europeo se produjo a costa del subdesarrollo latinoamericano, el crecimiento del Brasil se basó en el decrecimiento de Angola. Brasil es hoy el país con más gente de piel morena en el mundo después de Nigeria y también tiene una población de origen portugués mayor que la que hoy tiene Portugal. La inmigración de portugueses al Brasil supera a la de los españoles a cualquiera de las actuales repúblicas latinoamericanas.

Durante la colonia Brasil se edificó en constante conexión con África (a la cual inundaba con sus productos mientras que se convirtió en el mayor importador y re-distribuidor de esclavos) y en choques con los holandeses (quienes llegaron a asentarse en el noreste y hasta conquistar la antigua capital suya: El Salvador), mientras que Hispanoamérica tuvo menos choques con Holanda pero más con Inglaterra (la cual mantiene hasta hoy con Portugal la alianza más antigua de Occidente) y tuvo poca relación directa con el continente negro (la mayoría de sus esclavos provenía vía Portugal).

El mestizaje de brasileros e hispanoamericanos denota esa diferente evolución, pues en la mayoría de los primeros prima la mezcla entre africanos y europeos, mientras que en los segundos hay una marcada influencia de la sangre indígena.

Los enemigos de la unidad hispanoamericana

«toda la América de habla española, desde el río Bravo hasta el cabo de Hornos, es una unidad cultural, humana, lingüística e histórica a la que el imperialismo anglosajón consiguió romper en pedazos (…) no habrá futuro verdaderamente próspero hasta que no seamos dueños de nuestro destino verdadero, alcanzando la forma política que debimos haber tenido desde un principio: un Estado hispanoamericano independiente, unificado y soberano (…) las principales causas de nuestra desunión (…) están basadas en mitos y falsedades y, por tanto, urge emprender una gran labor educativa que demuestre a los hispanoamericanos que, al contrario de lo que muchos piensan, no hay motivo para seguir persistiendo en actitudes acomplejadas y/o enfrentadas, sino que, por el contrario, hay mucho de lo que estar orgullosos»

Artículo de José Ramón Bravo publicado en el sitio web UCV Satelital (16 de mayo de 2013).

Dieciocho repúblicas y una sola Nación: Hispanoamérica. Este es el resultado de 200 años de división.

Dieciocho repúblicas y una sola Nación: Hispanoamérica. Este es el resultado de 200 años de división.

Conociendo la historia de los últimos siglos, llama notoriamente la atención, cuando miramos a un mapa político actual del continente americano, el hecho de que Estados Unidos, Canadá y Brasil ocupen un territorio tan desmesurado, mientras que la América de habla española está fragmentada en unidades considerablemente menores, que en algunos casos bien podrían ser llamados “mini-países”: piénsese, por ejemplo, en el exiguo territorio de los Estados del istmo centroamericano o en la escasa densidad de población de otros como Bolivia, Perú o todos los del cono Sur en general. La única república hispanoamericana que posee tanto un territorio respetable en tamaño y a la vez una considerable población es México, pero este país sufrió una enorme amputación tras una guerra de agresión emprendida contra él por Estados Unidos en 1847, que arrebató a México más de la mitad de su territorio, con lo que, a pesar de todo, sigue apareciendo como relativamente “pequeño” si se lo compara con los gigantes estadounidense o brasileño.

¿Ha sido esto siempre así? ¿Era inevitable esta situación de extrema fragmentación y debilidad de Hispanoamérica? Sigue leyendo

¿América india o Hispanoamérica…?

«Un maya, un guaraní y un aimara, por ejemplo, tienen en común lo mismo que pueden tener un noruego, un tibetano y un congolés y, si se reúnen para tratar algo, tendrán que hablar en castellano»

Nota de redacción publicada en el periódico digital PanamaAmerica el 5 de junio de 2011.

Es la hispanidad lo que da unidad a Hispanoamérica, pues antes del nacimiento de las Indias (América española) como entidad política, nada unía a los pueblos del continente.

Es la hispanidad lo que da unidad a Hispanoamérica, pues antes del nacimiento de las Indias (América española) como entidad política, nada unía a los pueblos del continente.

No faltará quien diga que hay que apelar al elemento indígena antes que al hispano y llamar a nuestras naciones América India.

Si bien es verdad que los indios ya vivían aquí muchos siglos antes de que llegaran españoles y portugueses, no hay ningún elemento común a todos ellos.

En los poco más de setenta y ocho mil kilómetros cuadrados de nuestra pequeña república los individuos de las tres principales etnias aborígenes son tan distintos, que se distinguen fácilmente a simple vista y difieren totalmente en idiomas y costumbres. Un maya, un guaraní y un aimara, por ejemplo, tienen en común lo mismo que pueden tener un noruego, un tibetano y un congolés y, si se reúnen para tratar algo, tendrán que hablar en castellano. Hasta el nombre común de indios es un préstamo que recibieron desde la otra orilla del Pacífico.

Cuando decimos América Latina pensamos en realidad en los países que hablan castellano o portugués, lenguas ambas procedentes de lo que se llamó Hispania en la antigüedad y Península Ibérica actualmente. Si queremos denominar estos países con un nombre que contenga un elemento común a todos ellos ¿qué mejor que llamarlos Hispanoamérica o Iberoamérica?

Imperialismo cultural norteamericano en Puerto Rico

«El colonialismo actúa sobre la sociedad puertorriqueña no sólo para provocar la pérdida de elementos significantes de la cultura, en un intento por acelerar un proceso de disolución nacional, sino que usa su tremendo poder para instituir medidas que amenazan la existencia misma del pueblo puertorriqueño dentro de su propio territorio (…) la agresión cultural norteamericana en Puerto Rico no deja de impactar ni un solo resquicio de la sociedad»

Tres banderas ondean en el Fuerte de San Cristóbal, en San Juan: la de Estados Unidos, la del Estado asociado de Puerto Rico y la Cruz de Borgoña, símbolo esta última de los tres siglos de época virreinal en que Puerto Rico estuvo unido políticamente al resto de Hispanoamérica, bajo la Corona española.

Tres banderas ondean en el Fuerte de San Cristóbal, en San Juan: la de Estados Unidos, la del Estado asociado de Puerto Rico y la Cruz de Borgoña, símbolo esta última de los tres siglos de época virreinal en que Puerto Rico estuvo unido políticamente al resto de Hispanoamérica.

Artículo titulado originalmente «Imperialismo cultural y resistencia cultural en Puerto Rico», de Luis Nieves Falcón, abogado, sociólogo, psicólogo y profesor emérito de la Universidad de Puerto Rico (UPR). Tomado de «Comunicación y cultura en América Latina: El imperialismo cultural. Aportes para el análisis de la dominación» Vol. 6; No. 6, 1978. Publicado en el sitio web de la Biblioteca Digital de la Universidad Autónoma Metropolitana (Unidad de Xochimilco).

Es preciso enmarcar, en el presente, la situación cultural de Puerto Rico, dentro de su particular condición colonial ya que ésta, en perfecta correspondencia con los objetivos del imperialismo y los procesos sociales generados para asegurar su persistencia, «ejerce un influjo que afecta todas las instancias de la sociedad»(1), o sea, que el impacto del colonialismo es totalizador y engloba el conjunto de las instituciones sociales puertorriqueñas. Dicho control lo ejerce la sociedad imperialista de Estados Unidos a través de la presión material, la presión política y administrativa, la ideológica y la represión militar y policiaca.

El objeto principal de la sociedad dominadora es el de

desviar la cultura del pueblo colonial hacia un proceso gradual de disolución y mediatización, terminando por despojar dicha cultura de los elementos básicos de resistencia al poder dominador (2).

Dicha estrategia se consolida, en primera instancia, a través del control de los bienes de producción y las fuentes generadoras de empleo y, posteriormente, subyugando al resto de las instituciones sociales. De esa manera, la metrópoli asegura que las pautas ideales de la sociedad y la cultura puertorriqueñas, los modelos de conducta a ser difundidos para su imitación e incorporación por parte de la población, estén encaminados a evitar la reafirmación nacional y cultural al igual que la emergencia de una conciencia de confrontación con el régimen. Los colonialistas norteamericanos y sus colaboradores locales, puertorriqueños y extranjeros residentes, son los responsables de promover la difusión de dichos modelos. Como resultado de esta acción imperialista, el puertorriqueño se encuentra en la peculiar situación de tener que enfrentarse en su propia nación a instituciones sociales que atentan contra su existencia como ser cultural. Sigue leyendo

¡Viva la América!

«la construcción de América (…) fue producto de un movimiento político y cultural de ilustración llevado en el interior de Hispanoamérica como una manera de encontrar una posición estratégica para competir en un orden internacional mayor (…) América fue reconocida en esa unidad. El mundo de ultramar era patrimonio de la corona, regido por el corpus legal castellano e indiano (…) ¡Viva la América! fue un lema que significó poner a salvo al territorio de ultramar frente al ateísmo que representaba el signo de Napoleón (…) Lo que permaneció en el discurso político y religioso y se potenció como símbolo de competencia, identidad, patria y nación, fue la América»

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Miguel Hidalgo, en un óleo de Antonio Fabrés (finales del siglo XIX).

Ensayo titulado originalmente «¡Viva la América! La voz América en el movimiento de insurgencia en la Nueva España», obra de Mariana Terán Fuentes, Doctora en Historia por la Universidad Autónoma de Zacatecas. Publicado en Encuentro Nacional de Archivos (Guadalajara, Jalisco, 21-24 de abril de 2009). Tomado del sitio web del Archivo General de la Nación-México.

Al término del antiguo orden en la Nueva España, prevalecieron tres representaciones generales sobre la idea de América: la idea de la patria americana, la idea de un conjunto de reinos con alta calidad para la competencia internacional y la concepción de la integralidad con la monarquía española.

Publicistas, sacerdotes, funcionarios de instituciones políticas y escritores del último tramo colonial participaron en la conformación de una imagen multivariada y contrastante de lo que fueron los distintos territorios de los reinos, provincias, ciudades, pueblos y villas de la América Española.

Parto de la idea de que la formación de estas tres concepciones interrelacionadas de lo que fue América, no se debió a las llamadas influencias externas, como lo había explicado en su momento las posiciones  que veían en el factor ilustración francesa y jacobinismo el motor que pudiera explicar las transformaciones políticas y culturales vividas en el interior de los virreinatos como lo fue el novohispano. La idea central es que la construcción de América, o su invención, como la llamó Edmundo O´Gorman, fue producto de un movimiento político y cultural de ilustración llevado en el interior de Hispanoamérica como una manera de encontrar una posición estratégica para competir en un orden internacional mayor. Esto supone que la identidad no fue una construcción en sí misma, sino en función de un orden internacional que, en todo caso, contribuyó en su conformación. Sigue leyendo

Pedro Henríquez Ureña y la identidad hispanoamericana

«La llamada utopía de América de Pedro Henríquez Ureña no es solamente el título de un discurso que el autor pronuncia en Argentina, sino un verdadero proyecto civilizador que lograría integrar a Hispanoamérica»

Portada de "La utopía de América", de una edición de 1925.

Portada de «La utopía de América», de una edición de 1925.

El siguiente texto es un fragmento del ensayo titulado «Pedro Henríquez Ureña: La identidad cultural hispanoamericana en La utopía de América«, de Laura A. Moya López, publicado en la sección «Estudios de historia moderna y contemporánea de México» del sitio web del Instituto de Investigaciones Históricas de la UNAM (Universidad Nacional Autónoma de México).

La cultura como problema moral

El problema de la identidad, es decir, de la definición del conjunto de referentes que fijan los sentidos de pertenencia a una comunidad, tuvo durante el siglo XIX su núcleo fundamental de discusión en torno a la variable de la raza. De esta forma, el ideal de patria, por lo menos en México, estaba profundamente ligado a contenidos de tipo mestizo. Algunos miembros del Ateneo de la Juventud, entre ellos, Henríquez Ureña, plantearon sus reflexiones sobre la identidad bajo un marco de interpretación que enfatizó no el contenido biológico de las razas, sino la posibilidad de un mestizaje cultural, aceptando de una vez el peso de la herencia latina y humanista. Sin duda José María Vigil y Justo Sierra fueron en el contexto mexicano antecesores importantes en esta reflexión.

La identidad de Hispanoamérica para nuestro autor se encontraba fincada en el ámbito de la cultura, que fue planteado en dos dimensiones complementarias a lo largo de su obra. En primer lugar, el autor convirtió a la historia de la cultura en la América hispánica en un objeto de estudio que logró clasificar y ordenar un complejo entramado de costumbres, expresiones estéticas y artísticas, así como de tendencias literarias y filosóficas diversas, para brindarnos un panorama coherente de la esencia hispanoamericana, vinculada para Henríquez Ureña por la existencia de una forma de expresión y por tanto de representación común del mundo: el idioma español. Encontró en la escritura de la historia de la cultura una forma de afianzar la memoria colectiva de Hispanoamérica. Sigue leyendo