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La ocupación de la Florida

El siguiente texto está extraído de «El gigante de las siete leguas. Prontuario ilustrado de las agresiones de Estados Unidos contra los pueblos de nuestra América», publicado por el Centro de Investigaciones Históricas de la Seguridad del Estado (Editorial Capitán San Luis. La Habana, 2011).

Mapa de Florida de 1570 perteneciente al ‘Theatrum Orbis Terrarum’, considerado el primer atlas moderno

Mapa de Florida de 1570 perteneciente al ‘Theatrum Orbis Terrarum’, considerado el primer atlas moderno. Florida fue parte de la América hispana durante más de 300 años.

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El proceso de expansión territorial llevado a vías de hecho por las autoridades desde el surgimiento de Estados Unidos como nación, incluía apoderarse de los vastos territorios situados al sur de sus fronteras que eran posesiones españolas; entre ellos, la península de la Florida y los territorios aledaños hasta el Mississippi, identificados como Florida occidental. Sigue leyendo

Qué fue la revolución hispanoamericana de 1810

«El juntismo de 1810 nace sin el más mínimo propósito separatista respecto de España, sin la más mínima intención de disgregar, de dispersar a los pueblos hispano-americanos, conscientes de conformar una gigantesca y común nacionalidad continental. Serán hechos posteriores a la erección de las Juntas los que acabarán conduciendo a los pueblos hispano-americanos por los caminos del separatismo y la disgregación (…) Patriotismo, hispanismo, constitucionalismo, antijacobinismo, antibonapartismo, antibrasileñismo, fidelidad al rey legítimo y, subsidiariamente, independencia de toda dominación extranjera. Este es el auténtico repertorio ideológico que preside la revolución americana de 1810»

El mundo en 1800.

El mundo en 1800. Obsérvese cómo Hispanoamérica (también llamada las Indias) era la mayor entidad política: sólo el Imperio Ruso era comparable en tamaño.  De haber conservado su unidad tras la independencia, hoy la América Hispana sería, probablemente, la Nación más rica y poderosa; pero por desgracia se fragmentó en multitud de repúblicas, lo cual  favoreció el ascenso de las potencias anglosajonas: Inglaterra y Estados Unidos.

El siguiente texto es un fragmento del artículo titulado “Origen y significado de las Juntas Hispano-americanas de 1810″, del abogado, jurista y ensayista Ramón Peralta Martínez, publicado en la sección Artículos de la revista de crítica filosófica El Catoblepas, en marzo de 2011.

El juntismo de 1810 surge, esencialmente, como respuesta americana a la Proclama de la Junta de Cádiz fechada el 14 de febrero de ese mismo año. Se trata de una solución patriótica-democrática anclada inicialmente en la legitimidad hispánica de aquel difícil momento ante una situación de invasión extranjera y usurpación de la Corona, legitimidad representada por el conjunto Consejo de Regencia – Junta de Cádiz, una solución que evitó mayores derramamientos de sangre entre personas de una misma nacionalidad, súbditos de una misma Corona.

El juntismo de 1810 nace sin el más mínimo propósito separatista respecto de España, sin la más mínima intención de disgregar, de dispersar a los pueblos hispano-americanos, conscientes de conformar una gigantesca y común nacionalidad continental. Serán hechos posteriores a la erección de las Juntas los que acabarán conduciendo a los pueblos hispano-americanos por los caminos del separatismo y la disgregación. El movimiento juntista americano es réplica del juntismo peninsular desarrollado desde la primavera de 1808; surge de la determinación de quienes son españoles de pleno derecho, «españoles americanos» que es lo que eran los criollos como protagonistas del proceso, una determinación tomada con madurez y conocimiento y puesta en práctica con moderación y beneficencia. Sigue leyendo

Doce preguntas (con respuesta) sobre las independencias hispanoamericanas

«Ambas fechas, 1810 y 1824, marcan el principio y el final del Bicentenario que en muchos países americanos, también en España, debe promover análisis históricos serios, superar mentiras interesadas y ponderar de manera inteligente (con visión de futuro) una convivencia de tres siglos, entre cuyos frutos deslumbrantes destaca la comunidad de hablantes de nuestro idioma español, la segunda lengua global. Los aportes de las últimas dos décadas a cargo de historiadores de ambas orillas del Atlántico han mostrado un panorama cuya complejidad era desconocida»

Juntas hispanoamericanas mapaArtículo de Manuel Lucena Giraldo, historiador e investigador científico del CSIC (Consejo Superior de Investigaciones Científicas). Publicado en el diario ABC el 19 de mayo de 2010. Tomado de la sección Revista de Prensa, del sitio web almendron.com

Hace dos siglos, en la primavera de 1810, se establecieron en la América española las juntas autonomistas que pusieron en marcha el proceso emancipador hispanoamericano. En Caracas, el 19 de abril, poderosos hacendados y comerciantes depusieron al guipuzcoano Vicente de Emparan, capitán general de Venezuela: fue un modélico golpe de Estado de los privilegiados criollos americanos. Las repercusiones de aquella sustitución de la legítima autoridad superaron todas las expectativas de sus protagonistas, que en algunos casos no vivieron lo suficiente para contemplarlas. Así, el procedimiento fue emulado durante los meses siguientes en Buenos Aires (22 de mayo), Bogotá (20 de julio), Santiago de Chile (18 de septiembre) y Quito (25 de septiembre), y extendió hacia todas las regiones del imperio español los efectos de la crisis comenzada dos años antes en la metrópoli peninsular. Casi quince años después, el 9 de diciembre de 1824, se enfrentó en Ayacucho, en el actual Perú, un ejército leal a la Monarquía española formado por más de nueve mil soldados (de ellos sólo 500 peninsulares) contra otro patriota de partidarios de la emancipación de casi seis mil, que resultó ganador de la cruenta batalla. Los realistas tuvieron 1.600 muertos; los patriotas, solamente 300. Fue el final de las guerras de independencia en la América continental. Ambas fechas, 1810 y 1824, marcan el principio y el final del Bicentenario que en muchos países americanos, también en España, debe promover análisis históricos serios, superar mentiras interesadas y ponderar de manera inteligente (con visión de futuro) una convivencia de tres siglos, entre cuyos frutos deslumbrantes destaca la comunidad de hablantes de nuestro idioma español, la segunda lengua global. Los aportes de las últimas dos décadas a cargo de historiadores de ambas orillas del Atlántico han mostrado un panorama cuya complejidad era desconocida. Contamos con una historia renovada. Entre las cuestiones sometidas a revisión, destacan las siguientes: Sigue leyendo

El hispanoamericanismo en Rubén Darío

«Con su vuelta a la madre patria, Darío se convirtió en un emergente muy claro de esta combinación de antiimperialismo, valoración española y defensa de los países del sur (…) para la época de Darío, Argentina no sólo se encontraba en la primera línea del continente por estas razones económicas e institucionales, sino que jugaba un rol preponderante también en lo que respecta a la defensa de la región contra los avances de los Estados Unidos»

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Monumento a Rubén Darío en la plaza que lleva su mismo nombre, en la ciudad de Buenos Aires.

El siguiente texto es un fragmento del artículo titulado «Rubén Darío, modelo de escritor», de Ignacio Iriarte (Universidad Nacional de Mar del Plata – CONICET). Publicado en Espéculo. Revista de estudios literarios, Universidad Complutense de Madrid (2011).

La vuelta a España que Darío propuso en Cantos de vida y esperanza es el marco a partir del cual expresó una de las versiones más claras del hispanoamericanismo durante el fin de siglo. En primer lugar, el rescate del pasado hispánico le permitió plantar una de las raíces de su obra en la Península y, por lo tanto, aprovechar la industria editorial para llegar potencialmente a todo el continente. Pero estos vínculos no son únicamente importantes por el aspecto material. En realidad, España resultó fundamental para el americanismo también en términos ideológicos. Darío fue en este sentido un escritor modélico para el fin de siglo, y si bien no expresó la única posición al respecto, sus planteos tuvieron un importante grado de representatividad. Esto se debe a que fueron el emergente de un nuevo clima en las relaciones entre España y las naciones hispanoamericanas. Sigue leyendo

En las garras del sub-imperio brasileño

«Pedro II (…) apoyado por Inglaterra, armó la guerra contra el Paraguay (…) el Brasil marcaba un camino seguro para llegar a lo que hoy es: un país con una abrumadora hegemonía sobre los demás países de América del Sur (…) lo que no habían notado los diplomáticos del Emperador Pedro II cuando el Brasil le arrancó parte del territorio al Paraguay tras la guerra de la Triple Alianza, sí lo habían notado los ingenieros brasileños: la inmensa riqueza hidráulica de las aguas de los saltos del Guairá (…) Stroessner modificó la histórica política pendular del Paraguay en el Río de la Plata que le permitía sobrevivir para virar hacia el Brasil, dando la espalda a la Argentina (…) fue arrastrando al Paraguay a su actual condición de país completamente dominado por el Subimperio brasileño (…) Los colonos y capitalistas brasileños se asentaron en nuestro territorio con su cultura y su economía (…) La estrategia de dominación del Paraguay, y de los demás países del continente americano, se mueve solapadamente dentro de la siguiente línea discursiva: Crítica al Imperio Norteamericano, Integración regional del sur americano y libre tránsito de productos internacionales en la región»

Batalla de Estero Bellaco

Batalla de Estero Bellaco (2 de mayo de 1866), según un óleo de Diógenes Hequet. Fue una de las batallas más sangrientas de la Guerra de la Triple Alianza contra el Paraguay, que fue liderada por el Imperio del Brasil, aliado de Gran Bretaña.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 
Artículo de Arístides Ortiz publicado en el periódico digital paraguayo de interpretación y análisis E’a (20 de marzo de 2010).

Bandeirantes se llaman a los hombres que a partir del siglo XVI penetraban en los territorios interiores del sur del continente americano, partiendo de San Pablo de Piratininga (hoy San Pablo). Era una villa enclavada sobre el altiplano que se alcanzaba tras subir la “Sierra del Mar”. Aislados del comercio, sin alternativas económicas y con el consentimiento del Imperio Portugués, aquellos hombres, bravos y crueles, atacaban a los indígenas que poblaban los territorios del Imperio Español para hacerlos esclavos y venderlos principalmente en regiones productoras de azúcar.

Las incursiones bandeirantes fueron condenadas por los jesuitas, cuyas reducciones de indígenas en territorio del Imperio Español eran asediadas por aquellos. Los bandeiras atacaron y destruyeron decenas de reducciones, entre las que resaltan las del Guayra, hacia 1627. El Guayra era la extensa región comprendida entre los ríos Yguazu, Paraná y Tiete (o Añemby, río que separaba a los guaraníes -aliados de los españoles- de los tupí -aliados de los portugueses-) y la línea del Tratado de Tordesillas. Hoy, esta zona es el Salto del Guaira, del Paraguay actual.

En Brasil, los bandeirantes son reconocidos por haber llevado las fronteras del hoy gigante Subimperio mucho más allá de las establecidas en el Tratado de Tordesillas, acordado entre los imperios portugués y español. Así, las correrías coloniales de los bandeirantes definieron los límites actuales del territorio brasileño.

Por aquí comienza la larga historia de las pocas amistosas relaciones entre Brasil y Paraguay Sigue leyendo

Una visión atlántica

«La independencia hispanoamericana no consistió únicamente en la separación respecto de la madre patria, como en el caso de Estados Unidos; también destruyó un vasto y receptivo sistema social, político y económico que funcionaba bien pese a sus muchas imperfecciones. La monarquía española mundial había demostrado ser flexible y capaz de contener las tensiones sociales e intereses políticos y económicos encontrados durante casi 300 años. En la época posterior a la independencia, se hizo evidente que, de manera individual, las antiguas partes de la monarquía española se encontraban en desventaja competitiva»

Sesión de las Cort

Sesión de las Cortes en la Isla de León. Dibujo de Juan Gálvez (hacia 1810). Museo Lázaro Galdiano (Madrid).

Artículo de Jaime Edmundo Rodríguez Ordóñez. Catedrático de historia de América Latina en el Departamento de Historia de la Universidad de California, Irvine. Publicado en el sitio web mexicano Nexos el 1 de septiembre de 2009.

El bicentenario de las independencias hispanoamericanas ha llevado a historiadores, funcionarios y público en general a revalorar aquel complejo periodo. La mayoría de quienes estudian esa época rechazan las interpretaciones “oficiales” de los acontecimientos que habrán de celebrarse en los años que vienen. Las interpretaciones tradicionales de la independencia hispanoamericana, que aún hoy son ampliamente aceptadas, recurren a diversos argumentos para justificar la separación respecto de la monarquía española. Por lo general, sostienen que España había sido una potencia retrógrada y represiva, y que la independencia era la única vía para liberar a los americanos de la opresión. También arguyen que las naciones existían ya antes que el Estado y que la emancipación no hizo sino reconocer la existencia de tales entidades políticas independientes. Pero la independencia de la América española no constituyó un movimiento anticolonial, como muchos afirman, sino que formó parte tanto de una revolución dentro del mundo hispánico como de la disolución de la monarquía española. A decir verdad, España fue ella misma una de las nuevas naciones que emergieron de la fragmentación de aquella entidad política mundial. Sigue leyendo

Por qué hacerle preguntas al pasado

«No venimos de una revolución democrática y moderna. Sino de muchos golpes de Estado autoritarios, aristocráticos, y pre modernos (…) Querían el poder que el imperio les negaba porque privilegiaba a sus propios nobles aristócratas. Y lo tuvieron. Y los más perjudicados fueron nuestros pueblos (…) Los más de cien años que pasamos de espaldas a España los estamos pagando caro. Nos afrancesamos o anglificamos artificialmente. Y en esa operación política, llevada adelante por elites irresponsables, se nos fue la energía de nuestros pueblos (…) los hispanoamericanos no podemos seguir viviendo con un relato falso (…) éste es un problema de la sociedad, y por tanto de la política (…) Si el pasado no se comprende, se reitera hasta el infinito (…) el nuevo relato se está escribiendo en diversos ámbitos de nuestra Hispanoamérica»

Cortes de Cádiz

Detalle del célebre cuadro de Salvador Viniegra «La promulgación de la constitución de 1812»

Texto base del discurso pronunciado por el catedrático de periodismo digital Daniel Mazzone el 6 de julio de 2011 en la Facultad de Comunicación de la Universidad ORT (Montevideo), durante la ceremonia de presentación de su libro «Hispanoamérica. Interpelación a los fundadores» (Ediciones de la Plaza).

Hace 11 años que dicto una materia cuyo foco es el gran cambio cultural de nuestra época, analizado desde el periodismo y las nuevas formas de la mediatización. El curso es un laboratorio en el que pensamos los fenómenos contemporáneos. Ayer, en la evaluación final del semestre, un alumno se refirió a cuánto nos cuesta entender que los procesos tecnológicos desarrollados en universidades y empresas norteamericanas y europeas, afectan nuestra vida aquí. Es la reiteración de la angustia que generación tras generación, explícita o implícitamente, nos presiona sin saber qué hacer con ella. En qué consiste esa angustia tan uruguaya como hispanoamericana.

Cuando hubo que resolver la construcción de un ferrocarril y el tendido de vías férreas, en plena revolución industrial del siglo XIX, digamos entre 1840 y 1860, debimos llamar a técnicos y compañías extranjeras, y les cedimos la posibilidad de que construyeran los trenes, e hicieran los tendidos de las vías férreas, pero también la decisión del trazado de los recorridos y estaciones. Entregamos el negocio completo a las compañías inglesas. Claro, hicieron el tendido que les convenía. Ahora bien. Eso lo hicimos 20 o 30 o 40 años después de independizarnos. De qué independencia hablamos, cuando no teníamos ni fuerza para poder imponer un trazado férreo. Es obvio que nos incorporábamos al flujo de la historia como países débiles. Lo primero que hicieron los fundadores de los EE. UU. fue trazar un ferrocarril de costa a costa. Nuestros fundadores no tenían idea de qué ferrocarril querían. No eran buenos indicios; ningún país se desarrolla si carece de energía y potencia como para tomar decisiones soberanas, sustentables en el tiempo y útiles para su futuro. Sigue leyendo

Un siglo de dispersión hispanoamericana

«las pequeñas banderas que allí se mezclaron, como un prólogo necesario a la prosecución de la guerra por la libertad del Perú, del alto y el bajo Perú, no han adquirido lo que su símbolo de colores quería significar: una sola gran patria, que, por unida, podría salvar a esta inmensa región del mundo del subdesarrollo y la dependencia que han padecido, y padecen actualmente, todos nuestros países»

Capitulación de Ayacucho, óleo de Daniel Hernández (1924). Museo del Banco Central de Reserva del Perú.

Capitulación de Ayacucho, óleo de Daniel Hernández (1924). Museo del Banco Central de Reserva del Perú.

Artículo de opinión del escritor, historiador y diplomático Alfredo Pareja Díez-Canseco, publicado en el periódico digital ecuatoriano ExploRed, el 24 de mayo de 1992.

Cansado hasta la hartura el ánimo por la tormenta electoral, se reconforta con el recuerdo de los cien años de la Batalla de Pichincha, en la cual el joven genio bélico de Antonio José de Sucre incorporara en esa Batalla la Colombia construida por Bolívar a las posibilidades de la unidad hispanoamericana, amenazada por la ambición subalterna de los caudillejos.

Caudillejos que, grandes o pequeños, bárbaros o engreídos de sabiduría limitada a la imitación de culturas ajenas y opuestas a las nativas indo-españolas, han continuado, hasta nuestros días, impidiendo la restauración de la unidad que parecía existir, con numerosas excepciones, durante la dominación española. Digo que parecía existir, pues la Colonia habíala fragmentado en trozos contrapuestos, que los nuevos señores criollos, desde la Independencia, aprovecharían para colmar la copa sin fondo de sus privadas y personalísimas ambiciones.

No puede olvidarse que en el magno acontecimiento del 24 de Mayo participaron los hoy venezolanos, Sucre el primero, los hoy colombianos con Córdova, por caso, (aquél de la orden, ­arriba, paso de vencedores!), los peruanos de la división de Santa Cruz, de la actual Bolivia, entonces Alto Perú, los chilenos y argentinos del general Lavalle… Y otros líderes de los fragmentos de lo que sería a poco la amarga desunión. Sigue leyendo

Brasil: 121 años

«Ningún país andino conmemora las grandes pérdidas territoriales a manos de Brasil, aunque Bolivia o Perú siguen muy resentidos por que Chile les arrebató áreas menores. En Hispanoamérica se suele recordar las carnicerías de los conquistadores o las invasiones de EE.UU., pero ya poco se habla de la mayor matanza post-colonial del hemisferio (la de la guerra de la Triple Alianza contra Paraguay) (…) Brasil no solo tiene una lengua diferente (…) sino que tiene una historia muy singular. No fueron colonia de España y, más bien, llegaron a ser el único país americano en liderar un imperio ultramarino (…) Mientras México o Bolivia perdieron territorios a todos sus vecinos, Brasil les arrebató grandes extensiones a casi todo su vecindario. Es el país suramericano más influido por la esclavitud (fue el último en abolirla…)»

Mapa de las cortes de 1749, trazado para el Tratado de Madrid. La línea roja muestra cómo era la división según el Tratado de Tordesillas. Gran parte del territorio actual de Brasil fue arrebatado por este a Hispanoamérica.

Mapa de las Cortes de 1749, trazado para el Tratado de Madrid. La línea roja muestra cómo era la división según el Tratado de Tordesillas. Gran parte del territorio actual de Brasil fue arrebatado por este país a Hispanoamérica.

Artículo del analista internacional Isaac Bigio, publicado el 17 de noviembre de 2010 en el sitio web PanamaAmerica.

En el 2,010 las 4 mayores repúblicas hispánicas celebran sus 200 años de vida mientras que el resto de la América continental hispana ha iniciado un periodo de 15 años donde se conmemora o conmemorará, el bicentenario de alguna victoria republicana en su suelo.

Uno podía esperar que el mayor país latinoamericano también debería estar cerca de festear sus primeros 2 siglos de vida republicana, sin embargo, Brasil solo llegó a ser república el 15 de noviembre de 1889. El gigante de Suramérica también fue el último país de habla ibérica en su subcontinente en abolir la esclavitud (la cual solo lo hizo en 1888, varias décadas después del resto).

Estas fechas pueden confundir a algunos, pues Brasil pone como su día de la independencia a la proclama del 7 de septiembre de 1822 en el cual el hijo portugués (Pedro I) del rey de Portugal (Juan VI) dijo “me quedo” y creó su propio Imperio asentado en el mayor territorio portugués que existía (el de América del sur). Pedro I murió en 1834 en la misma capital portuguesa donde nació en 1798 (Lisboa). Su hijo Pedro II fue el Emperador del Brasil desde el 7 de Abril de 1831 al 15 de noviembre de 1889. Su reinado de 58 años y 222 días ha sido el más largo que se conozca que haya tenido cualquier Imperio americano antes o después de Colón. Sigue leyendo

Alrededores de la literatura hispanoamericana

«El resultado de nuestra independencia fue diametralmente opuesto al de la independencia norteamericana. Poseídos por el poderoso sentimiento de misión nacional que esas ideas les daban, los norteamericanos crearon un nuevo e inmenso país; los hispanoamericanos se sirvieron de esas ideas como proyectiles en sus sangrientas y estériles querellas, hasta que se disgregaron en muchas naciones y pseudo-naciones (…) Hay excelentes poetas y novelistas colombianos, nicaragüenses y venezolanos pero no hay una literatura colombiana, nicaragüense o venezolana. Todas esas supuestas literaturas nacionales son inteligibles solamente como partes de la literatura hispanoamericana (…) La unidad de la desunida Hispanoamérica está en su literatura»

Portada de la primera edición de "Cien años de soledad", de gabriel García Márquez (Editorial Sudamricana, Buenos Aires, 1967).

Portada de la primera edición de «Cien años de soledad», de Gabriel García Márquez, publicada por Editorial Sudamericana (Buenos Aires, 1967).

Conferencia pronunciada por el escritor Octavio Paz en la Universidad de Yale (4 de diciembre de 1976). Tomada del sitio web Cuba Literaria.

Todos tenemos una idea más o menos clara del tema de nuestra conversación. Cierto, es uno y múltiple, sus orígenes son obscuros. sus límites vagos, su naturaleza cambiante y contradictoria, su fin imprevisible. No importa: todas estas circunstancias y propiedades divergentes se refieren a un conjunto de obras literarias poemas. Cuentos, novelas, dramas, ensayos escritos en castellano en las antiguas posesiones de España en América. Ese es nuestro tema. Las dudas comienzan con el nombre: ¿literatura latinoamericana, iberoamericana, hispanoamericana, indoamericana? Una ojeada a los diccionarios, lejos de disipar las confusiones, las aumenta. Por ejemplo, los diccionarios españoles indican que el adjetivo iberoaméricano designa a los pueblos americanos que antes formaron parte de los reinos de España y Portugal. La inmensa mayoría de los brasileños e hispanoamericanos no acepta esta definición y prefiere la palabra latinoamericano. Además, Iberia es la antigua España y también, un país asiático de la Antigüedad. ¿Por qué usar un vocablo ambiguo y que designa a dos pueblos desaparecidos para nombrar una realidad unívoca y contemporánea? Indoamericano ni siquiera aparece en los diccionarios españoles aunque sí figuran indoeuropeo e indogermánico. En cambio, esos mismos diccionarios registran una fea palabra: amerindio. A ningún maya o quechua le ha de gustar saber que es un amerindio. De todos modos, indoamericano no sirve: se refiere a los pueblos indios de nuestro continente: su literatura, generalmente hablada, es un capítulo de la historia de las civilizaciones americanas.

La palabra latinoamericano tampoco aparece en la mayoría de los diccionarios españoles. Las razones de esta omisión son conocidas; no las repetiré y me limitaré a recordar que son más bien de orden histórico y patriótico que lingüístico. Si latino quiere decir, en una de sus acepciones. «natural de algunos de los pueblos de Europa en que se hablan lenguas derivadas del latín», es claro que conviene perfectamente a las naciones americanas que también hablan esos idiomas. La literatura latinoamericana es la literatura de América escrita en castellano, portugués y francés, las tres lenguas latinas de nuestro continente. Casi por eliminación aparece el verdadero nombre de nuestro tema: la literatura hispanoamericana es la de los pueblos americanos que tienen como lengua el castellano. Es una definición histórica pero, sobre todo, es una definición lingüística. No podía ser de otro modo: la realidad básica y determinante de una literatura es la lengua. Sigue leyendo