Archivos Mensuales: junio 2013

La protoindustria de la época virreinal

“la vieja y repetida historia de que la producción era local, para autoconsumo y que no pasó de las regiones productoras, debe quedar relegada al olvido. La gran amplitud y la extensión de los circuitos textiles en Nueva España y Perú está fuera de toda duda. También lo está la noción de que la manufactura y, en general, la industria textil colonial hispanoamericana adquirieron proporciones significativas desde muy temprano”

Indfiso hilando

Detalle del dibujo “Indios hilando lana a torno”, del libro Trujillo del Perú, del obispo Martínez Compañón (siglo XVIII).

El siguiente texto es un extracto del capítulo introductorio del libro “La protoindustria colonial hispanoamericana”, de Manuel Miño Grijalva, publicado por el Colegio de México-Fideicomiso Historia de las Américas y Fondo de Cultura Económica en 1993.

¿Qué producían y de qué medios se valieron los habitantes de Hispanoamérica para manufacturar sus tejidos? ¿De qué formas de organización dotaron a las unidades productivas? ¿Qué efectos tuvo esta organización en la vida de los productores, trabajadores o empresarios? ¿En qué forma dieron satisfacción a la demanda? Todas estas son preguntas que guiarán el análisis y la exposición como problemas básicos por responder. Ciertamente no todo lo que el hombre del mundo colonial vistió  vino de otras tierras; gran parte de lo que usó tuvo que ser producido aquí en cantidades considerables. Viejos y nuevos pobladores, viejos y nuevos centros, ciudades, minas, haciendas fueron abastecidos -en diversas proporciones y dentro de ciertos límites- por el productor local. Éste, libre o forzado, como artesano, obrajero o simplemente como tejedor doméstico independiente o habilitado por un comerciante, tuvo que producir tejidos y ropa para una sociedad que desde la Conquista había cambiado de rumbo. Sigue leyendo

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Isabel la Católica y el indio americano

“la Soberana inauguró una política de protección del indio que a medio o largo plazo evitó la trata masiva de indios. Así, pues, la Reina Católica (…) determinó por una Real Provisión, fechada en Sevilla, el 20 de junio de 1500, que los indios que se encontraban en Andalucía, enviados por Colón, se pusiesen en libertad y se devolviesen a sus “naturalezas” en el Continente americano. Sin duda esta Real Cédula supuso un auténtico hito en la historia social de Hispanoamérica”

Isabel la Católica, en un retrato de 1474 atribuido al pintor Bartolomé Bermejo (Palacio Real de Madrid).

Isabel I de Castilla, en un retrato de 1474 atribuido al pintor Bartolomé Bermejo (Palacio Real de Madrid). La labor de la Reina en favor de la libertad del indio americano resultó decisiva en la posterior supresión de la esclavitud.

El siguiente texto es un fragmento del trabajo titulado “Isabel la Católica y el indio americano”, de Esteban Mira Caballos, Doctor en Historia de América e investigador especializado en las relaciones entre España y América, así como miembro correspondiente extranjero de la Academia Dominicana de la Historia y del Instituto de Estudios Heráldicos y Genealógicos de Chile. El texto se ha tomado del sitio web del mismo autor.

LA REINA CONVIERTE A LOS INDIOS EN VASALLOS

A finales del siglo XV el riesgo de que las Indias se convirtiesen en un inmenso mercado de esclavos con destino al Viejo Continente era muy elevado por el fracaso económico de la factoría colombina. Desde luego hubiese sido la solución más rápida al problema de inviabilidad económica al que se estaban enfrentando las colonias.

Por fortuna la Soberana, inauguró una política de protección del indio que a medio o largo plazo evitó la trata masiva de indios. Así, pues, la Reina Católica, lejos de aceptar este proyecto, determinó por una Real Provisión, fechada en Sevilla, el 20 de junio de 1500, que los indios que se encontraban en Andalucía, enviados por Colón, se pusiesen en libertad y se devolviesen a sus “naturalezas” en el Continente americano. Sin duda este Real Cédula supuso un auténtico hito en la historia social de Hispanoamérica. Sigue leyendo

El diagnóstico de Bolívar

“La idea era persistente en el Libertador de la necesidad de coaligarse las diferentes regiones de Hispanoamérica para formar juntas una inmensa nación o por lo menos una confederación de grandes estados que hiciera contrapeso efectivo a los Estados Unidos (…) Hasta Fidel Castro, ningún otro estadista latinoamericano volverá a tener una visión estratégica de la política mundial (…) México prefirió la mentira de una inexistente soberanía sobre Texas a la preservación entre México y los EE.UU. de una república independiente, cuya existencia hubiera cambiado drásticamente el curso de la historia hemisférica y mundial”

Mapa

Mapa en el que se muestra a Texas separada de México en 1836: comienza entonces el proceso de mutilación territorial de México a manos de los Estados Unidos.

El siguiente texto es un extracto del libro “Del buen salvaje al buen revolucionario”, obra del periodista, académico y diplomático Carlos Rangel, y que fue publicado por primera vez en 1976.

En 1824 Bolívar había convocado un Congreso de las nuevas Repúblicas hispanoamericanas, al cual calificó de “anfictiónico”, en evocación significativa de la confederación de las ciudades-estado de la antigua Grecia. La idea era persistente en el Libertador de la necesidad de coaligarse las diferentes regiones de Hispanoamérica para formar juntas una inmensa nación o por lo menos una confederación de grandes estados que hiciera contrapeso efectivo a los Estados Unidos, en lugar de quedar Hispanoamérica inerme frente a los norteamericanos, como pudo constatar Tocqueville apenas pocos años más tarde.

 Pero lo cierto es que Bolívar no se hacía excesivas ilusiones sobre la posibilidad real de la unidad hispanoamericana, por lo menos en aquel momento. Y no sólo porque Colombia, la gran nación que él trató personalmente de forjar con Venezuela, Nueva Granada y Ecuador se deshacía bajo sus pies, con los caudillos de cada región esperando su muerte o su renuncia para desmembrarla, sino porque no sufriendo Bolívar complejos de inferioridad, o la necesidad de compensar con palabras heroicas actos mezquinos, pudo desde muy temprano pensar con claridad y decir con sencillez la verdad. Sigue leyendo

Un solo Estado, una sola Nación

“la voz de Países como los nuestros (…) no se oirá jamás con igual intensidad frente al coro que forman los grandes bloques e imperios: Naciones y Estados con 200, 300, 500, incluso 1000 millones de habitantes (…) El nuevo Estado no aglutinará en su seno a una nación perfectamente consolidada, sino que, será “esa” precisamente su misión. Consolidar a la nueva gran nación que está surgiendo, llenar su alma de un ideal y guiarle hacia la realización de su “sino” (…) El Pacto Andino constituye, sin lugar a dudas, el más agresivo y eficiente programa de integración ensayado en Hispanoamérica (…) constituímos una sola Nación, con similar composición étnica, religiosa, idioma, pasado histórico”

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Los Estados de la Comunidad Andina (en color morado) . Si se hubiera producido su integración política, tal vez habrían podido incorporar, en una etapa posterior, al resto de Hispanoamérica.

El siguiente texto es un extracto de la presentación titulada “Un solo Estado, una sola nación, una sola cultura: la subregión andina”, del Dr. Víctor Hugo Rodríguez, asesor jurídico del Instituto Andino de Artes Populares (IADAP), incluida en la memoria del Primer Congreso Andino de Artistas Populares (1981).

1. LA GEOPOLÍTICA MUNDIAL:

Nuestro siglo se caracteriza por la consolidación de grandes bloques políticos. Procesos de integración económica y política vemos surgir en todos los continentes. Europa misma, con su vieja cultura milenaria, se ve obligada a dar este paso en los postreros años de su existencia.

Realmente, nuestro mundo ya no admite la existencia de Estados pequeños, y dentro de este gran “vivero” que constituye el mundo, a éstos se les ha quitado el legítimo derecho a la libertad y a la independencia. A la final, la voz de Países como los nuestros, con: 7, 10, 15 o 20 millones de habitantes no se oirá jamás con igual intensidad frente al coro que forman los grandes bloques e imperios: Naciones y Estados con 200, 300, 500, incluso 1000 millones de habitantes. Sigue leyendo

La ocupación de la Florida

El siguiente texto está extraído de “El gigante de las siete leguas. Prontuario ilustrado de las agresiones de Estados Unidos contra los pueblos de nuestra América”, publicado por el Centro de Investigaciones Históricas de la Seguridad del Estado (Editorial Capitán San Luis. La Habana, 2011).

Mapa de Florida de 1570 perteneciente al ‘Theatrum Orbis Terrarum’, considerado el primer atlas moderno

Mapa de Florida de 1570 perteneciente al ‘Theatrum Orbis Terrarum’, considerado el primer atlas moderno. Florida fue parte de la América hispana durante más de 300 años.

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El proceso de expansión territorial llevado a vías de hecho por las autoridades desde el surgimiento de Estados Unidos como nación, incluía apoderarse de los vastos territorios situados al sur de sus fronteras que eran posesiones españolas; entre ellos, la península de la Florida y los territorios aledaños hasta el Mississippi, identificados como Florida occidental. Sigue leyendo

Qué fue la revolución hispanoamericana de 1810

“El juntismo de 1810 nace sin el más mínimo propósito separatista respecto de España, sin la más mínima intención de disgregar, de dispersar a los pueblos hispano-americanos, conscientes de conformar una gigantesca y común nacionalidad continental. Serán hechos posteriores a la erección de las Juntas los que acabarán conduciendo a los pueblos hispano-americanos por los caminos del separatismo y la disgregación (…) Patriotismo, hispanismo, constitucionalismo, antijacobinismo, antibonapartismo, antibrasileñismo, fidelidad al rey legítimo y, subsidiariamente, independencia de toda dominación extranjera. Este es el auténtico repertorio ideológico que preside la revolución americana de 1810”

El mundo en 1800.

El mundo en 1800. Obsérvese cómo Hispanoamérica (también llamada las Indias) era la mayor entidad política: sólo el Imperio Ruso era comparable en tamaño.  De haber conservado su unidad tras la independencia, hoy la América Hispana sería, probablemente, la Nación más rica y poderosa; pero por desgracia se fragmentó en multitud de repúblicas, lo cual  favoreció el ascenso de las potencias anglosajonas: Inglaterra y Estados Unidos.

El siguiente texto es un fragmento del artículo titulado “Origen y significado de las Juntas Hispano-americanas de 1810″, del abogado, jurista y ensayista Ramón Peralta Martínez, publicado en la sección Artículos de la revista de crítica filosófica El Catoblepas, en marzo de 2011.

El juntismo de 1810 surge, esencialmente, como respuesta americana a la Proclama de la Junta de Cádiz fechada el 14 de febrero de ese mismo año. Se trata de una solución patriótica-democrática anclada inicialmente en la legitimidad hispánica de aquel difícil momento ante una situación de invasión extranjera y usurpación de la Corona, legitimidad representada por el conjunto Consejo de Regencia – Junta de Cádiz, una solución que evitó mayores derramamientos de sangre entre personas de una misma nacionalidad, súbditos de una misma Corona.

El juntismo de 1810 nace sin el más mínimo propósito separatista respecto de España, sin la más mínima intención de disgregar, de dispersar a los pueblos hispano-americanos, conscientes de conformar una gigantesca y común nacionalidad continental. Serán hechos posteriores a la erección de las Juntas los que acabarán conduciendo a los pueblos hispano-americanos por los caminos del separatismo y la disgregación. El movimiento juntista americano es réplica del juntismo peninsular desarrollado desde la primavera de 1808; surge de la determinación de quienes son españoles de pleno derecho, «españoles americanos» que es lo que eran los criollos como protagonistas del proceso, una determinación tomada con madurez y conocimiento y puesta en práctica con moderación y beneficencia. Sigue leyendo

Elogio de la lengua castellana

juana de ibarbourou“Elogio de la lengua castellana” es una de las más famosas odas dedicadas al idioma español. Su autora es la poeta Juana de Ibarbourou (1892-1979), natural de Melo (Uruguay), que en 1929 recibió en el Palacio Legislativo de Montevideo el título de “Juana de América” de la mano del escritor y diplomático Juan Zorrilla de San Martín y una multitud de poetas y personalidades.

Para escuchar el poema recitado, pulse en este enlace:

http://www.wradio.com.co/noticia/elogio-de-la-lengua-castellana-de-la-poetisa-uruguaya-juana-de-ibarbourou/20100423/nota/993537.aspx

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Doce preguntas (con respuesta) sobre las independencias hispanoamericanas

“Ambas fechas, 1810 y 1824, marcan el principio y el final del Bicentenario que en muchos países americanos, también en España, debe promover análisis históricos serios, superar mentiras interesadas y ponderar de manera inteligente (con visión de futuro) una convivencia de tres siglos, entre cuyos frutos deslumbrantes destaca la comunidad de hablantes de nuestro idioma español, la segunda lengua global. Los aportes de las últimas dos décadas a cargo de historiadores de ambas orillas del Atlántico han mostrado un panorama cuya complejidad era desconocida”

Juntas hispanoamericanas mapaArtículo de Manuel Lucena Giraldo, historiador e investigador científico del CSIC (Consejo Superior de Investigaciones Científicas). Publicado en el diario ABC el 19 de mayo de 2010. Tomado de la sección Revista de Prensa, del sitio web almendron.com

Hace dos siglos, en la primavera de 1810, se establecieron en la América española las juntas autonomistas que pusieron en marcha el proceso emancipador hispanoamericano. En Caracas, el 19 de abril, poderosos hacendados y comerciantes depusieron al guipuzcoano Vicente de Emparan, capitán general de Venezuela: fue un modélico golpe de Estado de los privilegiados criollos americanos. Las repercusiones de aquella sustitución de la legítima autoridad superaron todas las expectativas de sus protagonistas, que en algunos casos no vivieron lo suficiente para contemplarlas. Así, el procedimiento fue emulado durante los meses siguientes en Buenos Aires (22 de mayo), Bogotá (20 de julio), Santiago de Chile (18 de septiembre) y Quito (25 de septiembre), y extendió hacia todas las regiones del imperio español los efectos de la crisis comenzada dos años antes en la metrópoli peninsular. Casi quince años después, el 9 de diciembre de 1824, se enfrentó en Ayacucho, en el actual Perú, un ejército leal a la Monarquía española formado por más de nueve mil soldados (de ellos sólo 500 peninsulares) contra otro patriota de partidarios de la emancipación de casi seis mil, que resultó ganador de la cruenta batalla. Los realistas tuvieron 1.600 muertos; los patriotas, solamente 300. Fue el final de las guerras de independencia en la América continental. Ambas fechas, 1810 y 1824, marcan el principio y el final del Bicentenario que en muchos países americanos, también en España, debe promover análisis históricos serios, superar mentiras interesadas y ponderar de manera inteligente (con visión de futuro) una convivencia de tres siglos, entre cuyos frutos deslumbrantes destaca la comunidad de hablantes de nuestro idioma español, la segunda lengua global. Los aportes de las últimas dos décadas a cargo de historiadores de ambas orillas del Atlántico han mostrado un panorama cuya complejidad era desconocida. Contamos con una historia renovada. Entre las cuestiones sometidas a revisión, destacan las siguientes: Sigue leyendo

El hispanoamericanismo en Rubén Darío

“Con su vuelta a la madre patria, Darío se convirtió en un emergente muy claro de esta combinación de antiimperialismo, valoración española y defensa de los países del sur (…) para la época de Darío, Argentina no sólo se encontraba en la primera línea del continente por estas razones económicas e institucionales, sino que jugaba un rol preponderante también en lo que respecta a la defensa de la región contra los avances de los Estados Unidos”

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Monumento a Rubén Darío en la plaza que lleva su mismo nombre, en la ciudad de Buenos Aires.

El siguiente texto es un fragmento del artículo titulado “Rubén Darío, modelo de escritor”, de Ignacio Iriarte (Universidad Nacional de Mar del Plata – CONICET). Publicado en Espéculo. Revista de estudios literarios, Universidad Complutense de Madrid (2011).

La vuelta a España que Darío propuso en Cantos de vida y esperanza es el marco a partir del cual expresó una de las versiones más claras del hispanoamericanismo durante el fin de siglo. En primer lugar, el rescate del pasado hispánico le permitió plantar una de las raíces de su obra en la Península y, por lo tanto, aprovechar la industria editorial para llegar potencialmente a todo el continente. Pero estos vínculos no son únicamente importantes por el aspecto material. En realidad, España resultó fundamental para el americanismo también en términos ideológicos. Darío fue en este sentido un escritor modélico para el fin de siglo, y si bien no expresó la única posición al respecto, sus planteos tuvieron un importante grado de representatividad. Esto se debe a que fueron el emergente de un nuevo clima en las relaciones entre España y las naciones hispanoamericanas. Sigue leyendo

En las garras del sub-imperio brasileño

“Pedro II (…) apoyado por Inglaterra, armó la guerra contra el Paraguay (…) el Brasil marcaba un camino seguro para llegar a lo que hoy es: un país con una abrumadora hegemonía sobre los demás países de América del Sur (…) lo que no habían notado los diplomáticos del Emperador Pedro II cuando el Brasil le arrancó parte del territorio al Paraguay tras la guerra de la Triple Alianza, sí lo habían notado los ingenieros brasileños: la inmensa riqueza hidráulica de las aguas de los saltos del Guairá (…) Stroessner modificó la histórica política pendular del Paraguay en el Río de la Plata que le permitía sobrevivir para virar hacia el Brasil, dando la espalda a la Argentina (…) fue arrastrando al Paraguay a su actual condición de país completamente dominado por el Subimperio brasileño (…) Los colonos y capitalistas brasileños se asentaron en nuestro territorio con su cultura y su economía (…) La estrategia de dominación del Paraguay, y de los demás países del continente americano, se mueve solapadamente dentro de la siguiente línea discursiva: Crítica al Imperio Norteamericano, Integración regional del sur americano y libre tránsito de productos internacionales en la región”

Batalla de Estero Bellaco

Batalla de Estero Bellaco (2 de mayo de 1866), según un óleo de Diógenes Hequet. Fue una de las batallas más sangrientas de la Guerra de la Triple Alianza contra el Paraguay, que fue liderada por el Imperio del Brasil, aliado de Gran Bretaña.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 
Artículo de Arístides Ortiz publicado en el periódico digital paraguayo de interpretación y análisis E’a (20 de marzo de 2010).

Bandeirantes se llaman a los hombres que a partir del siglo XVI penetraban en los territorios interiores del sur del continente americano, partiendo de San Pablo de Piratininga (hoy San Pablo). Era una villa enclavada sobre el altiplano que se alcanzaba tras subir la “Sierra del Mar”. Aislados del comercio, sin alternativas económicas y con el consentimiento del Imperio Portugués, aquellos hombres, bravos y crueles, atacaban a los indígenas que poblaban los territorios del Imperio Español para hacerlos esclavos y venderlos principalmente en regiones productoras de azúcar.

Las incursiones bandeirantes fueron condenadas por los jesuitas, cuyas reducciones de indígenas en territorio del Imperio Español eran asediadas por aquellos. Los bandeiras atacaron y destruyeron decenas de reducciones, entre las que resaltan las del Guayra, hacia 1627. El Guayra era la extensa región comprendida entre los ríos Yguazu, Paraná y Tiete (o Añemby, río que separaba a los guaraníes -aliados de los españoles- de los tupí -aliados de los portugueses-) y la línea del Tratado de Tordesillas. Hoy, esta zona es el Salto del Guaira, del Paraguay actual.

En Brasil, los bandeirantes son reconocidos por haber llevado las fronteras del hoy gigante Subimperio mucho más allá de las establecidas en el Tratado de Tordesillas, acordado entre los imperios portugués y español. Así, las correrías coloniales de los bandeirantes definieron los límites actuales del territorio brasileño.

Por aquí comienza la larga historia de las pocas amistosas relaciones entre Brasil y Paraguay Sigue leyendo