Archivos Mensuales: diciembre 2013

Federalismo, centralismo y secesionismo

federalismo, centralismo y secesionismoConferencia del Dr. Roberto Blum pronunciada el 27 de enero de 2009 en la Casa Popenoe, Antigua Guatemala (Universidad Francisco Marroquín).

Para explicar los términos: federalismo, centralismo y secesionismo, a menudo relacionados entre sí, el Dr. Roberto Blum desarrolla diversos e interesantes temas donde plantea las diferencias que existen entre los mismos.  También, comenta acerca del surgimiento de los estados en el siglo XIX, creación de la América española, Revolución Industrial y la paleotécnica, Virreinato de la Nueva España, independencias de Guatemala y México, entre otros.

Para poder ver el video de la conferencia, pulse en este enlace:

http://newmedia.ufm.edu/gsm/index.php?title=Federalismo%2C_centralismo_y_secesionismo

 

El arte indohispano en Argentina y América

“la cultura colonial no fue un mero trasplante de Europa, sino que en gran parte es la fusión de lo europeo y lo indígena, que dieron origen a una cultura de contacto, única, en Hispanoamérica (…) Algo que sorprende hasta el momento revolucionario de 1810 es la unidad de Hispanoamérica a lo largo de su historia y a lo ancho del inmenso territorio”

El siguiente texto es un fragmento del artículo originalmente titulado “El arte español en América, Argentina, Mendoza”, de Delia Villalobos de Piccone, publicado en el periódico digital Los Andes, el 17 de diciembre de 2000.

Fachada del Museo

Museo Fernández Blanco en Buenos Aires (antiguo Palacio Noel), de estilo denominado “neocolonial”, con influencias barrocas de Andalucía y el Perú.

La colonización española del Nuevo Mundo fue más que un simple desplazamiento de masas humanas y un impulso derivado de las urgencias económicas. Con el hombre español caminó toda una cultura, esto es, una forma de concebir el mundo, una actitud frente a los valores esenciales. Por eso llegaron hasta América un idioma, una fe religiosa, un derecho, una estética nueva. Sin perder su raíz debieron más de una vez, adaptarse a las condiciones del medio diverso y hasta lograron absorber, a menudo, elementos propios de la realidad americana. Fue así como se produjo un mestizaje cultural y nació una nueva dimensión creadora. Allí están como muestras la escultura de Quito, la pintura del Cusco, la arquitectura del Alto Perú.

Insignes hispanistas de la talla de Pedro Henríquez Ureña (dominicano), Mariano Picón Salas (venezolano), Alfonso Reyes (mexicano), entre otros, coinciden en afirmar que la cultura colonial no fue un mero trasplante de Europa, sino que en gran parte es la fusión de lo europeo y lo indígena, que dieron origen a una cultura de contacto, única, en Hispanoamérica.

Las instituciones políticas y sociales, la organización económica, las costumbres familiares, las fiestas, la enseñanza, la imprenta, las letras, las artes, hasta el teatro y la música, los relatos del Inca Garcilaso y la poesía de Sor Juana Inés de la Cruz, nos permiten valorar la madurez de esos siglos coloniales.

Desaparecidas las grandes civilizaciones precolombinas de México y Perú, han persistido las culturas rudimentarias con muchas tradiciones autóctonas y la mayor parte de sus formas. Los tejidos y la alfarería de los aborígenes han sobrevivido hasta nosotros, con alteraciones sólo superficiales. Sigue leyendo

El propósito hispano

“esos cuatrocientos años de imperio, no son sino lo más trascendental que hemos vivido. En ellos, se constituyó nuestra identidad: la hispanoamericana (…) Negar el hecho de que somos hispanos es negar la vida misma, pues es imposible aprehender todo lo que ella nos ofrece sin una identidad constituida. En esta premisa subyace la profunda crisis existencial que aqueja actualmente a la América Hispana”

Artículo de opinión de Andrés della Chiesa, estudiante de Literatura y Ciencias Políticas en la Universidad Bicentenaria de Aragua (UBA) y fundador de ORDEN (Organización de Estudiantes Nacionalistas de Venezuela). Tomado del sitio web de esta última.

America hispana mapa indiano pequeñoEn 1982, la pluma encendida de don Arturo Uslar Pietri se cuestionaba el influjo real de la gesta española en el nacimiento de la Modernidad. Un Descubrimiento de América que trajo consigo una nueva visión del hombre y de su destino, creando una crisis de identidad en el Viejo Mundo cuyas consecuencias conocemos el día de hoy. La universalidad del 12 de Octubre en ese sentido, y probablemente en cualquier sentido, es innegable. Si algún intelectual de inestimable reputación, intuición aguda y buen tacto, realizara el día de hoy un compendio de los eventos más importantes de la historia humana, el encuentro entre españoles y americanos debería encontrarse sino a la cabeza, tampoco muy lejos de ella. Esa gesta sin igual, expresión máxima del espíritu aventurero, trajo consigo no sólo el divorcio con un pasado convulsionado y traumático, sino la ruptura absoluta con gran parte de lo que hasta la fecha conformaba el canon del conocimiento.

La idea, europea, de un nuevo hombre, de nuevas formas de asociación e interacción, dio al flujo del pensamiento occidental una dimensión nunca antes vista. En su libro Fachas, fechas y fichas, don Arturo propone la tesis de un Nuevo Mundo que abarca, de buenas a primeras, al mundo entero. No el hecho americano, con todas sus implicancias, sino el hecho humano, cuya condición existencial no volverá a ser la misma. Pasadas las primeras confusiones, descubiertas las posibilidades que el nuevo continente ofrecía, España vino a América a fundar Imperio, a fundar otras Españas. La ardua empresa de la conquista no pretendía, como se afirma hoy en día, subyugar al indio y saquear la tierra o extraer del suelo nuevo, riquezas nuevas. Considerar esto implicaría un reduccionismo muy burdo y muy elemental, al que lamentablemente se han entregado no sólo políticos y ciudadanos, sino “historiadores” cuyo renombre es exacerbado por contribuir a la tergiversación de un hecho fundamental, en todos los sentidos, como el encuentro de Dos Mundos.

Lo que los cronistas de la época llegaron a denominar La Empresa de las Indias, afectó de muchas maneras y en diverso grado nuestro destino y nuestro pensamiento. Sigue leyendo

Independencia nacional e identidad continental

“Esos componentes mínimos de un proyecto de liberación nacional los veo como parte de otro más vasto: el de la formación de la identidad hispanoamericana (…) nuestros humanistas (…) intentaron borrar las diferencias nacionales para crear una sola nación: Hispanoamérica”

El siguiente texto es un fragmento del artículo de opinión titulado originalmente “La independencia nacional y la identidad continental”, de Gustavo Zelaya, publicado en el sitio web de la Agencia Latinoamericana de Información el 17 de septiembre de 2010.

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Paisaje de San Antonio de Oriente (1957), pintura del artista hondureño José Antonio Velásquez.

NOTA: Las opiniones y expresiones vertidas en este artículo corresponden exclusivamente a su autor y no deben interpretarse necesariamente siempre como un posicionamiento de nuestro sitio web Hispanoamérica Unida.

Hablar de humanismo en estos tiempos puede sonar raro sobre todo cuando el sistema capitalista exige eficiencia, eficacia, competividad y libre mercado; o cuando los políticos más reaccionarios enarbolan un humanismo cristiano en pleno continuismo golpista. En sentido estricto, la noción de humanismo está en los fundamentos de las ideas liberales, que es parte del núcleo del actual neoliberalismo. Pero se puede introducir nuevos contenidos al humanismo y rescatar algunas características de la vieja aspiración renacentista de crear una personalidad total, íntegra, que consideraba a la persona como un ser emotivo, racional y voluntarioso, tolerante, solidario y respetuoso de los demás. Elementos que han sido dejados de lado por los actuales representantes del pensamiento neoliberal que hablan de humanismo pero tratando de no hacer real tal concepción. Del mismo modo hablan de cultura, identidad, valores cívicos y nacionales como puros lugares comunes, útiles en el “discurso” tradicional que los entiende como elementos fijos, eternos, que se imponen en el aula o en la familia. Parece que la mención de esas nociones es algo serio, sobre todo en septiembre cuando han ocurrido tres eventos importantes: el haber superado la colecta de firmas para convocar la Constituyente, el extraordinario desfile masivo por la verdadera independencia organizado por la Resistencia Popular en Tegucigalpa y la brutal represión policial desatada en San Pedro Sula dejando destrucción, dolor y sangre en las cálidas calles de esa ciudad. Todo ello sucedió en un solo día. Entonces, cómo hablar del humanismo cristiano de los gobernantes cuando las condiciones del golpe de estado se mantienen; cómo hablar de identidad y cultura cívica en los tiempos violentos del neoliberalismo; con qué argumentos puede debatirse cuando la muerte ronda en las ciudades y en el campo. Sigue leyendo

La vocación hispanoamericanista

“Hasta 1830 éramos una única nacionalidad (…)  Juntos, formaríamos un gobierno en lugar de veinte (…) Y una gran nación con voz que se escucha, con veto si los otros vetan, con voto si los demás votan”

El siguiente texto es un fragmento del ensayo titulado “La vocación americanista de Venezuela”, del ensayista y escritor Carmelo Vilda de Juan. Tomado del sitio web de la Fundación Centro Gumilla

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Mapa de Venezuela de 1634, obra de Francisco de Ruesta.

Hace siete años el escritor chileno Enrique Bunster publicó en el suplemento dominical del diario “El Mercurio” un cuento con el título “Colombia, capital Lima”. ¿Profecía literaria o resurrección utópica de la gran patria sudamericana con un solo Gobierno y veinte Estados confederados? La capital sería Lima, equidistante entre México y el Estrecho de Magallanes. La super-nación se llamaría Colombia en honor del Almirante descubridor.

Bunstar, en forma de diálogo socrático, proclama la necesidad de la mancomunidad hispanoamericana. Durante la Colonia formábamos un gran bloque. Un imperio de Provincias más que de Colonias. Había conciencia de nacionalidad grande, sin fronteras. Trescientos años unidos. No se sabía qué era una disputa de límites. Después de la separación, Bolivia, por ejemplo, tuvo conflictos bélicos limítrofes con sus cinco vecinos y los perdió todos.

Hasta 1830 éramos una única nacionalidad. Y así la concibieron los Libertadores. Argentinos integraron la primera Junta de Gobierno chileno. Colombianos eran algunos Ministros del Perú bajo la presidencia del argentino San Martín. Sucre, venezolano, fue el primer Presidente de Bolivia. Y su compatriota General Flores lo fue también del Ecuador. En las filas de los ejércitos realistas había criollos y españoles bajo bandera patria. Las guerras de América han sido todas “civiles”:

“Existía una especie de ciudadanía continental o supranacionalidad que habría hecho factible la unificación de los países”. Sigue leyendo

El principio de justicia en el derecho indohispano

Artículo de Mónica Nicoliello, Profesora de Historia en la Universidad de la República (Montevideo) y Doctora en Psicología de la Universidad Atlántica Internacional a Distancia (EEUU). Tomado del sitio web “Indiberya, causa común”.

La interpretación que España hizo del ”descubrimiento” permitió conservar durante 300 años la unidad política del continente americano (que hubiera podido ser desmembrado y repartido entre los países europeos) y su población indígena (que a semejanza de lo ocurrido en Norteamérica hubiera podido ser completamente exterminada). Por otra parte, sentó las bases jurídicas para un Derecho internacional más justo y legítimo, ya que España no se planteó el tema americano como un tema colonial, sino como un problema de Derecho internacional y de Derechos humanos.

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Francisco de Vitoria (1485-1546), catedrático de la Escuela de Salamanca y representante del pensamiento humanista, en su obra “Relectio de indis” (Relecciones sobre los indios) defendió que los indios son libres, con iguales derechos que los españoles y dueños de sus tierras y bienes.

En el año 1546, la Junta de México, convocada por el Visitador Francisco Tello Sandoval, miembro del Consejo de Indias, hizo el siguiente análisis:

’’La causa única y final de conceder la Sede Apostólica el Principado Supremo de las Indias a los Reyes de Castilla, no fue la mira de ensanchar sus dominios, sino la de dilatar el orbe cristiano con la conversión de los indios”.

’’Al realizar la Santa Sede este acto no entendió despojar a los monarcas [indígenas] y señores naturales de las Indias de sus Estados, Señoríos, Jurisdicciones, Lugares y Dignidades”.

Esto es muy importante: la soberanía de los Reyes de Castilla en América no anula la soberanía de los Caciques y otros soberanos indígenas americanos.

Una teoría, elaborada en la Universidad de Salamanca, decía que el Derecho natural está por encima del Derecho positivo de los reyes; el Derecho divino por encima del Derecho de los hombres; y el Derecho de gentes (internacional) por encima de los intereses egoístas de una sola nación o grupo de hombres. Por esta razón la Junta de México estableció el siguiente principio:

’’Todos los infieles, sean cuales fueren su secta y pecados, tienen, por derecho natural, divino y de gentes, señorío sobre sus cosas adquiridas sin perjuicio de tercero, y con la misma justicia poseen sus Principados, Reinos, Estados, Dignidades, Jurisdicciones y Señoríos. México, año 1546.

Es decir, los indígenas no cristianos (y en consecuencia independientes de la Corona española y del Papa) no perdían ni sus propiedades ni sus derechos políticos en el sistema español.

’Como bien dice Santo Tomás (I 92, 1 a 2) los hombres son libres por derecho natural […] Luego no hay nadie que tenga por derecho natural el señorío del orbe […]’’ afirmaba Francisco de Vitoria.

¿Qué se entendía por ‘descubrimiento’ y ‘colonización’ de América?

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Balance y proyección de la representación de la patria

“poco a poco (…) resucitó por momentos la utopía de la patria grande acompañada de disímiles procesos de impugnación a las falsas versiones historiográficas oficiales de cada país (…) debemos volver a crear la patria. Una patria nueva para todos y en la que todos nos reflejemos (…) en cada patria chica y todas juntas en una patria nueva indoamericana y ésta proyectada con sentido universalista en el mundo”

Artículo del docente y escritor Carlos Schulmaister publicado en el sitio web argentino La Mañana de Córdoba el 5 de septiembre de 2005.

Virreinatos y capitanías generales de las Indias (Hispanoamérica) en el siglo XVIII.

Virreinatos y capitanías generales de las Indias (Hispanoamérica) en el siglo XVIII.

En Argentina, y en general en Hispanoamérica, la construcción del sentimiento y la representación de la patria tuvo gestación popular prácticamente desde los orígenes del poblamiento hispano, llegando a picos de entusiasta realización durante las décadas que duró la revolución continental de Mayo. Sin embargo, apenas concluida ésta, en las nuevas patrias se fue produciendo la desnaturalización de su verdadero significado, la distorsión de su simbolismo, especialmente su carácter popular y multicultural, y la desaparición de su fondo ético político.

Ello fue posible a través de los procesos de instrumentación y mistificación llevados a cabo por la incipiente oligarquía terrateniente, sietemesina que renunció a desarrollarse completamente como clase, y que eligió un atajo con miras a la consolidación del sistema político, económico y social que a través de su articulación privilegiada con los centros de poder mundial la tendría como beneficiaria excluyente de dicha relación.

No obstante, aquí como en casi todo el subcontinente fragmentado desde entonces, aquella anterior intuición de patria, es decir, de nación y pueblo unido, de pueblo en marcha hacia logros colectivos mayores en un marco de paz e igualdad social, tendrá esporádicas resurrecciones y luchas contra los proyectos de dominación, de explotación social y de entrega del patrimonio nacional.

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Andrés Bello: derecho, política y relaciones internacionales

“La preocupación fundamental de Bello era el orden político y social (…) La búsqueda de un lugar para Hispanoamérica en el nuevo orden internacional no era ajeno al tema del orden interno (…) Principios de derecho internacional (…) guió las relaciones exteriores de Chile y de otros países hispanoamericanos y sentó las bases de la cooperación inter-americana. El Código civil, por su parte, fue adoptado por varias naciones (…) Bello combinó y concilió la tradición y el cambio”

El siguiente texto es un fragmento del ensayo titulado “El significado histórico de la obra de Andrés Bello”, del historiador Iván Jaksic (Centro de Estudios para América Latina, Universidad de Stanford, Santiago de Chile). Tomado del sitio web de la Fundación Manuel Giménez Abad.

Primera página de la primera edición del Código Civil de Chile. Santiago de Chile: Imprenta Nacional, calle de Morandé, núm. 36. Mayo 31 de 1856.

Primera página de la primera edición del Código Civil de Andrés Bello (Santiago de Chile, Imprenta Nacional, 1856), una de las obras legislativas con mayor influencia en Hispanoamérica.

En primer lugar, es importante señalar algunas vicisitudes en la trayectoria política de Bello, puesto que fue un funcionario leal del gobierno colonial que se vió súbitamente enfrentado a un proceso cada vez mas radicalizado de independencia, que se pronunció, en un momento determinado, a favor de la monarquía constitucional, y que sólo después de un tiempo se manifestó claramente a favor del sistema republicano de gobierno. No hay, en realidad, un quiebre profundo de un estadio a otro, sino más bien un alto grado de continuidad. La preocupación fundamental de Bello era el orden político y social; el tipo de gobierno, aunque importante, quedaba subordinado a la capacidad práctica de gobernar mediante instituciones estables que respondieran a las necesidades locales sin por ello aislarse del resto del mundo.

La experiencia de dos decadas en Inglaterra, desde donde pudo observar el surgimiento de un nuevo orden mundial luego de las guerras napoleónicas y, quizás aun más importante, la posibilidad de observar el funcionamiento de las instituciones políticas británicas, le inclinaron favorablemente hacia el modelo de monarquía constitucional. La diferencia clave, no siempre comprendida por sus críticos, entre la monarquía tradicional (ejemplificada por Fernando VII) y la monarquía constitucional era el reconocimiento de la soberanía popular. En el contexto de la independencia, Bello defendía este último modelo precisamente por incorporar la soberanía popular, pero en su momento, en la década de 1820, se le atacó como defensor de la monarquía sin mayores matices. Dado que nunca quiso condenar este sistema, sino que por el contrario buscó enfatizar, a la manera de Benjamin Constant, que lo importante era el respeto por las libertades civiles, siguió recibiendo ataques acerbos por su supuesto monarquismo.

En realidad, Bello no defendió la monarquía como el único, o siquiera el mejor, de los sistemas políticos. Lo que le parecía importante era lograr el orden

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