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Por una organización de países hispanoamericanos

«una Organización política, económica social y militar de Países Hispanoamericanos, que presente una sola voz ante el mundo, que pueda integrar a nuestra región de pleno derecho al concierto de naciones(…) esa entelequia llamada OEA (…) hoy no sirve para nada y es una remora para nuestra región. Y lo es porque en ella están potencias como Estados Unidos y Brasil  que utilizan todo su poder económico para favorecer sus intereses políticos y económicos en detrimento de nuestros pueblos»

Con 400 millones de habitantes, una historia, cultura y lengua comunes, Hispanoamérica es una nación "invisible" ante el mundo por su falta de unidad política.

Con 400 millones de habitantes, una historia, cultura y lengua comunes, Hispanoamérica es una nación «invisible» ante el mundo por su falta de unidad política.

Artículo publicado por Gerardo Ortiz en la web venezolana Círculos Bolivarianos Socialistas (1 de julio de 2011).

Cerca de 400 millones de hispanoamericanos estamos marginados de los centros de decisiones mundiales, y su voz sólo es tomada en cuenta cuando hace falta como relleno mudo de las decisiones tomadas por los potencias que hoy dominan el panorama mundial.

Esta situación se traduce en una completa inferioridad a la hora de tratar importantes asuntos que tienen que ver con el intercambio de los pueblos, desde el económico hasta el cultural, pasando por el tecnológico, el de la salud, el educativo, el de las telecomunicaciones, etc. convirtiendo nuestra región en una especie de «recogiditos» del mundo.

Un ejemplo patético de esta minusvalía internacional lo vimos en la reciente «guerra del banano» en la que, en tanto la Unión Europea tenía una sola voz para negociar, los diferentes productores latinoamericanos aparecían aislados, sin un sólido poder para negociar. Distinto hubiese sido si los europeos nos hubiesen visto como un bloque. Sigue leyendo

El hispanoamericanismo de Alberto Masferrer

Alberto Masferrer, escritor, filósofo y político nacido en Alegría (El Salvador) en 1868 y fallecido en Tegucigalpa (Honduras), en 1932.

Alberto Masferrer, escritor, filósofo y político nacido en Alegría (El Salvador) en 1868 y fallecido en Tegucigalpa (Honduras), en 1932.

Su antiimperialismo era más bien rodoniano de búsqueda de lo propio frente a lo ajeno, de reencuentro con los valores hispanoamericanos y de rechazo a la imitación de lo norteamericano, evitaba copiar lo extranjero como lo único bueno y válido para la constitución de la patria y la nación.(…) «la necesidad perentoria es hacer la unión, porque si no la hacemos juntos se apoderarán de nosotros y después no habrá ni conservadores ni liberales sino súbditos de un poder extraño»

El siguiente texto es un fragmento transcrito del trabajo titulado «El vitalismo teosófico como discurso alternativo de las élites intelectuales centroamericanas en las décadas de 1920 y 1930. Principales difusores: Porfirio Barba Jacob, Carlos Wyld Ospina y Alberto Masferrer», obra de Marta Elena Casaus Arzú (publicado en la revista REHMLAC, ISSN 1659-4223, Vol. 3, Nº 1, Mayo 2011- Noviembre 2011, bajo el apartado «La difusión del vitalismo teosófico de Masferrer»).

Podríamos decir, sin duda, que no sólo es el mejor exponente del vitalismo teosófico sino su creador o el intelectual que más difundió e influyó en Centroamérica en esta corriente tan sui generis en el pensamiento centroamericano y que desembocó en un proyecto político: el unionismo. Sigue leyendo

12 de octubre, Día de la Hispanidad

Plaza de San Francisco, en la ciudad de Quito

Artículo de Eduardo Daniel Crespo Cuesta, publicado en  el blog Ecuador Hispano, el 11 de octubre de 2012.

Nuevamente llega el 12 de Octubre, día que en las últimas décadas ha dejado de ser un motivo de orgullo, de real integración y conciencia de nuestra cultura común entre los pueblos hispanos. En Hispanoamérica, la ideologización, la reinterpretación interesada de la historia con fines políticos y una reafirmación identitaria las más de las veces pobremente argumentada, han separado aun más a los pueblos que conformamos este particular espacio civilizatorio dentro del marco de la civilización occidental. Somos quizá el área geográfica más rica, diversa y tristemente dividida de Occidente.

No deja de ser paradójico que quienes más llenan su discurso de palabras como “la Patria Grande”, sean quienes menos aprecien una realidad indiscutible: la identidad común que nace de 300 años de historia compartida, y 500 desde que empezó la andadura de nuestro Nuevo Mundo, nuevo porque sobre la base de las diversas civilizaciones indoamericanas se prodigó el fundente civilizatorio occidental, mediterráneo y español, sin el cual jamás habríamos llegado a ser lo que hoy somos: hispanoamericanos, más allá de que a algunos guste o disguste, que unos lancen loas y otros lo aborrezcan. Sigue leyendo

La Patria Grande, Nuestra América

"Entrevista de Guayaquil", óleo de Octavio Gómez (Instituto Nacional Sanmartiniano. Buenos Aires).

«Entrevista de Guayaquil», óleo de Octavio Gómez (Instituto Nacional Sanmartiniano. Buenos Aires).

«Nuestra América es pues la Hispanoamérica, mestiza y trigueña como el Precursor y los Libertadores, que de México a Chile, tiene un origen común, un destino único, y se entiende en Castellano. Alberga una Nación continental levantada sobre el tronco hispano en el que las diversas culturas autóctonas se injertaron para darle un matiz local y la diversidad de su unidad»

 

 

El siguiente texto es un fragmento extraído del Capítulo 2 de la obra «La Patria Grande: La reunificación de Hispanoamérica. Historia de una idea persistente», de Raúl Linares Ocampo (edición de 2010).

VIII. LA GEOPOLÍTICA BOLIVARIANA

Una vez aclarado sin ambigüedad posible el concepto de Reunificación, debemos ocuparnos de la geopolítica correspondiente.

La Reunificación exige una geopolítica continental y universal que tenga como inconmovible e imprescriptible fundamento nuestra comunidad de origen, historia, cultura y destino, es decir, nuestra homogeneidad; una política realista, lejana y sagaz en la visión del porvenir, acertada en el cálculo y la aplicación de nuestros recursos presentes y futuros, formulada con absoluta claridad y sin sombra de duda. Debemos entonces analizar algunos conceptos básicos e indispensables, y recordar la profunda influencia que tienen los nombres en la política.

Nuestra América, Patria Grande, Reunificación son conceptos y nombres que lejos de ser arbitrarios, o simples productos del azar, tienen historia y contenido específicos y requieren cuidadosa aclaración a causa de su evidente trascendencia.

Hispanoamérica, Nuestra América y Patria Grande denotan la misma entidad: la América hispana, aunque cada término tiene un matiz propio y una función específica. Hispanoamérica reemplazó en el siglo XIX la expresión «la América antes española», frecuente en los primeros tiempos de la época  independiente, y que a su vez reemplazó el nombre Indias, ligado a las nociones de imperio y de Nación de ambos hemisferios (España y las Indias), propias de la Época Indiana. Hispanoamérica tiene pues connotación geográfica, histórica y política. Sigue leyendo

Las republiquitas inventadas

«Los distintos intentos históricos de agrandar y fortalecer esa unidad hispanoamericana han sido siempre enfrentados y frustrados por la gran potencia mundial norteña, prácticamente desde su formación como nación. Siempre han conspirado y actuado beligerantemente en este sentido (…) La posibilidad de unidad hispanoamericana de nuestras patrias es un peligro latente para el imperialismo mundial; no existe excusa posible para ayudarlos en sus intenciones disgregadoras y separatistas»

La Hispanoamérica actual, fragmentada en 18 repúblicas por el imperialismo anglosajón. De unirse, sería una formidable superpotencia.

La Hispanoamérica actual, fragmentada en 18 repúblicas por el imperialismo anglosajón. De unirse, sería una formidable superpotencia.

Artículo de Luis Fuenmayor Toro, médico, político y ex rector de la UCV (Universidad Central de Venezuela), publicado el 7 de enero de 2013 en el diario electrónico venezolano La Razón.

A los países dominantes europeos y a Estados Unidos, responsables del fraccionamiento del continente africano y del que sigue ocurriendo en el mundo árabe, les agradaría infinitamente ver a nuestro continente hispanoamericano también fraccionado en una multitud de “republiquitas”, cuya fortaleza e independencia sería inversamente proporcional a su número. La existencia de todo un continente, extendido desde el Río Bravo hasta la Patagonia, con una diversidad geográfica envidiable, con recursos naturales de todo tipo, con los mayores caudales de agua dulce limpia del mundo, con reservas estratégica notables y con una población que se entiende en el mismo idioma, de religión y costumbres idénticas y con un mismo origen e historia, no deja de ser inquietante y atractivo para quienes se consideran dueños del mundo y quisieran gozar ilimitadamente de sus maravillosos recursos. Los distintos intentos históricos de agrandar y fortalecer esa unidad hispanoamericana han sido siempre enfrentados y frustrados por la gran potencia mundial norteña, prácticamente desde su formación como nación. Siempre han conspirado y actuado beligerantemente en este sentido. Sigue leyendo

La nación hispanoamericana en Hernández Arregui

El cabildo de Buenos Aires, a principios del siglo XIX

El cabildo de Buenos Aires, a principios del siglo XIX

«El ser nacional se expresa como cultura nacional (…) y toda cultura nacional se condensa en una lengua. En América «es el idioma español el que ha plastificado [su] espíritu» (…) fundiendo las tradiciones españolas y americanas indígenas para obtener un nuevo producto; «América Hispánica es una cultura»                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                  El siguiente texto es un fragmento del trabajo titulado «Ser nacional, marxismo y antiimperialismo: el nacionalismo en Juan José Hernández Arregui», de Jorge Luis Ferrari, publicado en Anuario Nº 5 – Facultad de Ciencias Humanas, Universidad Nacional de La Pampa (125-136).

La nación

Pensar la actualidad de América Latina como un conjunto de Estados nacionales, cada uno con una geografía característica, organizados bajos ciertos principios económicos y políticos, poseedores de una soberanía territorial, rasgos culturales particulares y símbolos y tradiciones representativos propios, parece la actitud natural y hasta obvia de un observador ingenuo. Estamos tan acostumbrados a pensar y a actuar en términos de Estado-nación que no percibimos la modernidad, y hasta la arbitrariedad y artificialidad, de esa organización económico-política. Escribió Jorge Abelardo Ramos en su libro Revolución y contrarrevolución en la Argentina (1999): «Somos un país porque no pudimos integrar una nación y fuimos argentinos porque fracasamos en ser americanos» (p. 13). La pregunta obligada, entonces, que busca desentrañar el enigma de la fragmentación territorial, económica, política y cultural de la América Hispánica recorre toda la historia de América Latina para encontrar, como fruto de la reflexión, sus respuestas en el estudio de los orígenes de las naciones y los nacionalismos hispanoamericanos. Sigue leyendo

La necesidad de un nuevo revisionismo histórico

Caricatura del imperialismo inglés, como un pulpo que controla el mundo, de finales del siglo XIX

Caricatura del imperialismo inglés, como un pulpo que controla el mundo, de finales del siglo XIX

«la “guerra de la independencia de España” fue un fracaso no sólo, como sostenían los hombres de la Generación del ´900, porque no se logró conformar políticamente la gran nación hispanoamericana, sino, también, porque las distintas repúblicas que surgieron, producto de la fragmentación de los distintos Virreinatos, pasaron de la dependencia formal de España a la dependencia informal de Gran Bretaña (…) el instrumento principal, a través del cual Inglaterra había logrado la subordinación ideológico-cultural de la América española y de la Argentina en particular, había consistido en la “falsificación de la historia”

Autor: MARCELO GULLO*

Ponencia presentada en el primer congreso de revisionismo histórico Manuel Dorrego, celebrado en Navarro (provincia de Buenos Aires), el 14 de mayo de 2011.

La vulnerabilidad ideológica

La hipótesis sobre la que reposan las Relaciones Internacionales, como sostiene Raymond Aron,  está dada por el hecho de que las unidades políticas se esfuerzan en imponer, unas a otras, su voluntad.

[1] La Política Internacional comporta, siempre, una pugna de voluntades: voluntad para imponer o voluntad para no dejarse imponer la voluntad del otro.

Para imponer su voluntad, los Estados más poderosos tienden, en primera instancia, a tratar de imponer su dominación cultural. El ejercicio de la dominación, de no encontrar una adecuada resistencia por parte del Estado receptor, provoca la subordinación ideológico-cultural que da, como resultado, que el Estado subordinado sufra de una especie de síndrome de inmunodeficiencia ideológica, debido al cual, el Estado receptor pierde hasta la voluntad de defensa. Podemos afirmar, siguiendo el pensamiento de Hans Morgenthau, que el objetivo ideal o teleológico de la dominación cultural, en términos de Morgenthau, “imperialismo cultural”[2], consiste en la conquista de las mentalidades de todos los ciudadanos que hacen la política del Estado en particular y la cultura de los ciudadanos en general, al cual se quiere subordinar. Sin embargo, para algunos pensadores, como Juan José Hernández Arregui la política de subordinación cultural tiene como finalidad última no sólo la “conquista de las mentalidades” sino la destrucción misma del “ser nacional” del Estado sujeto a la política de subordinación. Y aunque generalmente, reconoce Hernández Arregui, el Estado emisor de la dominación cultural (el “Estado metrópoli”, en términos de Hernández Arregui), no logra el aniquilamiento del ser nacional del Estado receptor, el emisor sí logra crear en el receptor, “…un conjunto orgánico de formas de pensar y de sentir, un mundo-visión extremado y finamente fabricado, que se transforma en actitud «normal» de conceptualización de la realidad [que] se expresa como una consideración pesimista de la realidad, como un sentimiento generalizado de menorvalía, de falta de seguridad ante lo propio, y en la convicción de que la subordinación del país y su desjerarquización cultural, es una predestinación histórica, con su equivalente, la ambigua sensación de la ineptitud congénita del pueblo en que se ha nacido y del que sólo la ayuda extranjera puede redimirlo.” [3] Sigue leyendo

La reunificación de nuestra América

«Muchos piensan que es una Utopía. Cierto. Una Utopía es una realidad de mañana. Otros piensan que es imposible, dada la infinidad de nuestros problemas. Pero el futuro no es una proyección en línea recta del presente. Si así fuera, no habría evolución. Todo depende de que seamos capaces de transformar las imposibilidades de hoy en las posibilidades de mañana. Sí podemos»

Muralla de Cartagena de Indias

Muralla de Cartagena de Indias

Artículo publicado por el Instituto Bolívar bajo el título «¿Qué significa reunificación?» (19 de agosto de 2004)

La Idea de la Reunificación

Una Idea, no es una ocurrencia, es un pensamiento que se ha llevado a la madurez en forma tal que contenga, por lo menos en germen, la realización.

La Idea de la Reunificación es un pensamiento que surge cuando el movimiento de la Independencia va fraccionando el Estado Indiano continental, y es un pensamiento que la historia ha llevado a la madurez hasta darle la virtud de inexorable.

Muchos piensan que es una Utopía. Cierto. Una Utopía es una realidad de mañana.

Otros piensan que es imposible, dada la infinidad de nuestros problemas. Pero el futuro no es una proyección en línea recta del presente. Si así fuera, no habría evolución. Todo depende de que seamos capaces de transformar las imposibilidades de hoy en las posibilidades de mañana. Sí podemos. Sigue leyendo

«El grito», de Gabriela Mistral

Mural en homenaje a Gabriela Mistral, en Cerro Santa Lucía, Santiago de Chile. Obra de Fernando Daza (1971)

Mural en homenaje a Gabriela Mistral, en Cerro Santa Lucía, Santiago de Chile. Obra de Fernando Daza (1971)

EL GRITO

¡América, América!¡Todo por ella; porque nos vendrá de ella desdicha o bien!

Somos aún México, Venezuela, Chile, el azteca-español, el quechua-español, el araucano-español; pero seremos mañana, cuando la desgracia nos haga crujir entre su dura quijada, un solo dolor y no más que un anhelo. Sigue leyendo

La unidad de la América de habla española

Hispanoamérica (en verde) posee una unidad cultural, histórica y lingüística claramente distinta de Brasil (en naranja).

Hispanoamérica (en verde) posee una unidad cultural, histórica y lingüística claramente distinta de Brasil (en naranja).

«los diez mil kilómetros que separan el norte de México del sur de Chile y Argentina son una distancia geográfica, pero no espiritual (…) la América Española existe y se puede discurrir sobre ella sin necesidad de dividirla en veinte (…) hay puntos de contacto, semejanzas, parentescos entre Brasil y la América Española, pero la suma de las diferencias es más importante que la de las semejanzas (…) La América Española en cambio, a pesar de su inmensidad geográfica y su aparente heterogeneidad, es un conjunto identificable, con suficientes rasgos comunes como para que sea útil generalizar sobre él, una subdivisión “clara y distinta” del mundo en que vivimos»

El siguiente texto es un extracto del libro «Del buen salvaje al buen revolucionario» (publicado en 1976), del periodista y escritor venezolano Carlos Rangel.

Española, no latina

Los latinoamericanos no estamos satisfechos con lo que somos, pero a la vez no hemos podido ponernos de acuerdo sobre qué somos, ni sobre lo que queremos ser. ¿En qué consiste, exactamente, ese ser latinoamericano que compartimos desde el Río Bravo hasta la Patagonia? Una respuesta posible consiste en decir, que no hay una América Latina, sino veinte (título del libro bastante conocido de Marcel Niedergang) e inclusive echar en el saco a Brasil (y hasta a Haití). Pero todo hispanoamericano sabe, al encontrarse con un brasilero, que está frente a él, no junto a él, que uno y otro miran el mundo desde perspectivas diferentes y eventualmente conflictivas. Sigue leyendo