Archivo de la categoría: Historia

La mitología autoderrotista (Parte 1ª)

El siguiente texto forma parte del ensayo «La nueva visión», del escritor e investigador hispanoamericanista Raúl Linares Ocampo, y que publicamos por entregas en nuestro sitio web.

Vista de la ciudad de Sevilla en el siglo XVI, obra de Alonso Sánchez Coello. A través del río Guadalquivir llegaba la Flota de Indias, la flota de galeones que conectaba a la ciudad con los virreinatos americanos

Vista de la ciudad de Sevilla en el siglo XVI, obra de Alonso Sánchez Coello (1531-1588). A través del río Guadalquivir llegaba la Flota de Indias, con sus galeones que comunicaba a la ciudad con los virreinatos americanos.

PRIMERA PARTE

 LA MITOLOGÍA AUTODERROTISTA

 PRIMERA SECCIÓN: LA CONQUISTA

“Los pueblos fuertes y sanos, sensibles a las tradiciones que honran a su pasado, practican el culto de su próceres. Todo pueblo desea, necesita, mecerse en la certidumbre o en la ilusión de su gran origen, de los próceres, de los sabios o de los santos que forman la raíz de su pasado. Si estos entes originarios no se los encuentra o no existieron, la necesidad ineludible obliga a inventarlos: tal la leyenda de Guillermo Tell, en la pequeña y a la vez grande República Helvética”. (Nicolás Reppeto (1871-1965), conspicuo miembro del Partido Socialista argentino)

Nuestra América no tendría necesidad de leyenda alguna, le bastaría recurrir a la historia para atestiguar su fabuloso origen: unión del Viejo Mundo y del Nuevo que implantó en suelo americano el milenario y vigoroso tronco de la cultura latina, civilizadora universal, para injertar en su médula substanciosa y añeja las culturas indígenas igualmente milenarias. Ambas partes vivían su  apogeo cuando mezclaron su sangre y unieron su destino. España llegaba como paladín de la ciencia, de la cultura y del mundo; los imperios autóctonos vivían su esplendor. Y el Siglo de Oro hispano fue el Siglo de Oro de nuestro nacimiento.

Durante los tres siglos de la Época Indiana nuestra América tuvo la primacía continental, hasta el momento en que la independencia desarticuló al gigante indiano. Perdida la unidad, se perdió la fuerza; y perdida la fuerza, se perdió la soberanía. Y así como los imperios autóctonos se entregaron porque sus mitos mandaban entregarse a los dioses venidos de ultramar, los mitos autoderrotistas mandaban a las nuevas repúblicas entregarse al dios venido del norte, al nuevo conquistador, que nació pigmeo y se hizo gigante. Sigue leyendo

El Congreso de Panamá

suramerica congreso panama

«Es tiempo ya de que los intereses y las relaciones que unen entre sí a las repúblicas americanas, “antes colonias españolas”, tengan una base fundamental que eternice, si es posible la duración de los gobiernos» (Simón Bolívar, 7 de diciembre de 1824)

El siguiente texto es un fragmento del ensayo titulado «Simón Bolívar y el nacionalismo del Tercer Mundo», del político e historiador Vivián Trías (incluido en el curso «Nuestramérica: Memoria y futuro de los actuales procesos de liberación», módulo «Proceso emancipatorio, bibliografía ampliatoria», de la Universidad Popular Madres de Plaza de Mayo, 2011).

3. El Congreso de Panamá

¿Puede el caudillo crear historia? Precisemos la pregunta. El caudillo surge en un tiempo de crisis y con una finalidad concreta para cumplir una misión planteada por las tempestuosas circunstancias. Bolívar es ungido a la conducción de los pueblos americanos en la coyuntura crítica del derrumbe del Imperio español y su meta inmediata es la independencia. Bien, pero una vez satisfecha la necesidad histórica que lo ha engendrado, ¿puede el caudillo llevar a su pueblo hacia otros objetivos más avanzados a los que las masas no aspiraban en el momento de la eclosión revolucionaria?

Es, justamente, lo que Bolívar se propuso. Cumplida la fase de la independencia, emprendió la gigantesca tarea de fundir las repúblicas soberanas recién alumbradas en una gran nación. Sigue leyendo

La identidad de patria en 1810

«la identidad hispanoamericana puede rastrearse en los versos de la primera versión del Himno Nacional argentino (…) En sus estrofas aparecen mencionadas localidades como México, Quito, Potosí, Cochabamba, La Paz, Caracas, La Colonia (…) No es casual que el primer gran conflicto internacional del gobierno de Buenos Aires como entidad independizada de España fuese la guerra con el Imperio de Brasil entre 1825 y 1828: la ex colonia portuguesa era para los porteños el “otro” cultural, en tanto entidad no hispanoamericana»

Batalla de Juncal (Guerra del Brasil), óleo de José Murature (1865).

Batalla de Juncal, óleo de José Murature (1865).

 
 
 
 
 

El siguiente texto es un fragmento del artículo titulado «Patria en 1810 y en 2010», escrito por Francisco Corigliano en la revista web argentina Criterio, y publicado en junio de 2010.

Patria en 1810

En los tiempos coloniales los habitantes de Buenos Aires contaron con dos niveles diferenciados de identidad: la estrictamente local –que comprendía la ciudad-puerto y sus alrededores– y la de mayor alcance, la hispanoamericana. Sigue leyendo

La unidad de origen hispanoamericana

REFLEXIONES SOBRE LA UNIDAD INDIANA FRENTE A LA JUNTA DE MONTEVIDEO DE 1808 (Fragmento de la conferencia del Dr. Oscar Abadie Aicardi en ocasión de cumplirse los 200 años del Cabildo Abierto de 1808. Domingo, 21 de Setiembre – Museo Zorrilla de San Martín. Organización: Asociación Patriada por la Historia)

Cabildo abierto de 1808, óleo de Pedro Alonso

Cabildo abierto de 1808, óleo de Pedro Alonso

1.- La unidad de origen hispanoamericana

Como recuerda Felipe Ferreiro, durante más de 300 años Hispanoamérica fue una sola unidad tanto en lo político como en lo militar, en lo económico y financiero y lo administrativo. Por Real Cédula de 1519, Carlos V renunció a su potestad de disposición y de sus sucesores respecto a las islas y tierras comprendidas en el Reyno de Indias en estos categóricos términos:

“Es nuestra voluntad y lo hemos prometido y jurado que siempre permanezcan unidos por su mayor perpetuidad y firmeza, prohibimos la enajenación de ellas. Y mandamos que en ningún tiempo puedan ser separadas de nuestra Real Corona de Castilla, desunidas ni divididas en todo o en parte ni en favor de ninguna persona […] y si Nos o nuestros sucesores hiciéramos alguna donación o enajenación […] sea nula y por tal la declaramos.” Sigue leyendo

La nueva visión (Introducción)

«En Nuestra América existe una Nación Histórica a rescatar de la autodenigración y del olvido para hacerla base de un Estado erigido en todo el ámbito encerrado por las fronteras del idioma, la historia, la cultura y el destino comunes»

Mapa de América, finales del siglo XVII.

Mapa de América, finales del siglo XVII.

El siguiente texto es la introducción del ensayo «La nueva visión», del escritor e investigador hispanoamericanista Raúl Linares Ocampo, y que publicamos por entregas en nuestro sitio web.

ADVERTENCIA INICIAL

A fin de que la obra sea comprensible y cumpla su cometido, precisa emplear la siguiente terminología.

Nuestra América es la América que tiene comunidad de origen, historia, cultura y destino; la América eminentemente mestiza como los Libertadores, la América que se entiende en Castellano. Es Hispanoamérica. Ni más ni menos. Lo que va más allá nos debilita porque introduce la heterogeneidad. Lo que es menos no agota nuestro potencial histórico.

Época Indiana es la que abarca desde el Descubrimiento (1492) hasta el inicio del movimiento de la independencia (1810). Comprende pues los siglos XVI, XVII y XVIII. Colón creyó haber llegado a la India. Cuando se comprobó el error, se llamó Indias Occidentales a la parte ocupada por España. Este nombre quedó luego abreviado en Indias. La sociedad de entonces se autodenominó indiana, y el correspondiente adjetivo indiano fue corrientemente empleado: administración indiana, política indiana, legislación indiana, monarquía indiana, Estado Indiano, etc. Las Indias no fueron colonias. Fueron una parte constitutiva, autónoma, del imperio hispano, representada y regida por el Consejo Supremo de Indias. Esta es la razón de método y etimología por la que empleamos el adjetivo indiano en vez de colonial. Un motivo adicional es la suprema razón del propio interés. Un pueblo digno de respetarse, comienza por respetarse a sí mismo, para hacerse respetar. A tal fin comienza por dignificar origen y apellido históricos. El adjetivo colonial, comúnmente aplicado a esta época, es extraño a la época misma y a nuestro propio interés, dado su matiz peyorativo más adecuado para rebajar al ofendido que para acusar al ofensor. Colonias fueron las plantaciones, las factorías y los enclaves que anglosajones, franceses, holandeses, etc. establecieron alrededor del mundo. Asentamientos ultramarinos destinados a explotar el país, controlar a los colaboradores y segregar las razas. En las Indias se creó un Nuevo Mundo, gracias al mestizaje biológico y cultural de dos mundos que vivían su apogeo cuando chocaron, mezclaron su sangre y unieron su destino. Fabuloso nacimiento, motivo de orgullo para un pueblo. No fue pues casualidad que las Indias tuvieran la primacía continental durante los tres siglos de su existencia.

El nombre América, invento de las potencias rivales de España, se popularizó en las Indias recién en el siglo XVIII. Sigue leyendo

La independencia en Hispanoamérica: una especulación

La valoración del papel del azar en la historia es uno de los elementos positivos que destaca el autor de este artículo en la segunda parte de su comentario al libro de Julián Marías España inteligible. Esta valoración permite comprender, entre otras cosas, sobre la temprana independencia de las colonias españolas y la modalidad fragmentaria que revistió, en contraste con el caso portugues.

La América española y la portuguesa a fines del siglo XVIII. Obsérvese la enorme extensión de Hispanoamérica (en color marrón), que si hoy siguiera unida sería la mayor nación del mundo.

La América española y la portuguesa a fines del siglo XVIII. Obsérvese la enorme extensión de Hispanoamérica (en color marrón), que si hoy siguiera unida sería la mayor nación del mundo.

Artículo del escritor Francisco Ayala publicado en la sección «Tribuna» del diario electrónico español El País el 2 de agosto de 1985.

Un rasgo que de manera especial me complace en el libro de Julián Marías sobre España inteligible es su insistencia en restablecer el papel -a veces de alcance transcendente- jugado por el azar en el desenvolvimiento de los acontecimientos que fraguan el destino tanto del individuo como de las colectividades. A este respecto, leyendo las consideraciones -en gran medida atinadas- que hace sobre el proceso de la independencia de los países hispanoamericanos y sobre las causas de la creciente dispersión centrífuga con que esa independencia se produjo, así como la interpretación que nuestro filósofo-historiador ofrece de las fuertes connotaciones de reacción antiespañola con que la independencia de las nuevas repúblicas se manifiesta, se me ocurre pensar que ahí pudiera deber contarse con uno de esos factores azarosos capaces de torcer el curso de los acontecimientos, o al menos de prestarle una particular inflexión. Más de una vez en mi vida me he preguntado, contemplando el mapa del continente americano, donde en seguida salta a los ojos que la extensión territorial de Brasil es equiparable a la del conjunto de los países de lengua española, cuál puede haber sido la causa -que deberá ser, en todo caso, una causa histórica- de que aquel país surgiera desde el comienzo y se haya mantenido -pese a sus tremendos desniveles internos de todo tipo- como un cuerpo político unido, mientras que éstos se encuentran divididos en multitud de Estados, varios de ellos apenas viables, o no viables en absoluto. Y si tan chocante contraste ha de tener una causa histórica, a la historia habrá que preguntársela. Sigue leyendo

La unidad hispanoamericana después de 1810

El siguiente texto está extraído del libro «La disgregación del Reyno de Indias» (Capítulo 10: la unión y la unidad americanas después de 1810), obra del político, historiador y escritor uruguayo Felipe Ferreiro (1892-1963). El libro fue editado en Montevideo por Barreiro y Ramos en 1981, y consta de una recopilación de artículos llevada a cabo por el hijo del autor, el Profesor Hernán L. Ferreiro.

El Estado Indiano (o Reino de Indias) en 1800: tres siglos de unidad política.

El Estado Indiano (o Reino de Indias) en 1800: tres siglos de unidad política.

«la existencia y predicamento en la América civilizada por españoles de un concepto vital de unidad, sentido uniformemente en todas partes, era en 1810 una realidad, un hecho incuestionable (…) Las mismas leyes en lo civil, en lo comercial y en lo penal, regían igualmente en todas partes. Eran idénticos idioma y religión. Las costumbres no tenían generalmente localidad porque el mismo frecuente trasiego de funcionarios eclesiásticos, civiles y militares las hacía recorrer en sus bagajes el ámbito entero y tomar asiento por lo mismo en todas partes (…) La nación es América española entera. “Paisanos” se llaman siempre entre sí en Europa los originarios del continente»

“La unión y la unidad americanas después de 1810”

(EN TORNO A LAS ACTAS DEL 25 DE AGOSTO DE 1825)

I

Para poder valorar con criterio histórico las dos Leyes Fundamentales dictadas el 25 de agosto de 1825 por la Asamblea Nacional de la Florida, preciso es que previamente sustraigamos por un momento nuestra atención de ese tema concreto y aún también de los motivos con él relacionados de ambiente oriental, y consagremos ese tiempo al enunciado de algunos antecedentes de historia general americana que, como ha de verse después, proyectarán claramente la luz que necesitan nuestras interpretaciones.

Se sabe que Montevideo y la Banda Oriental, las dos partes sustanciales de nuestro territorio que Artigas reunió definitivamente unificándolas en cuerpo de Estado bajo el nombre de Provincia Oriental del Uruguay, fueron hasta 1810, de hecho y de derecho, segmentos o simples sectores de una unidad imperial –el reino de Indias-que abarcaba en su inmenso perímetro los territorios de ambas Américas que habían poblado los españoles. Sigue leyendo

La revolución de mayo y la unidad hispanoamericana

«Para él su patria era la unión de todas las porciones de América Española. Unión en un mismo Estado o Confederación de Estados, o una misma fraternidad, que para el caso es lo mismo. Lo importante no es lo formal, sino lo esencial: que haya conciencia de unidad de origen y unidad de destino. Eso era el pensamiento de los hombres de la primera década revolucionaria. La artiguista provincia de Santa Fe en su mencionado Estatuto considera “ciudadano de Santa Fe” a todos los nacidos en América española»

Monumento a José Gervasio Artigas en Montevideo. Artigas fue uno de los primeros defensores del unionismo hispanoamericano.

Monumento a José Gervasio Artigas en Montevideo. Artigas fue uno de los primeros defensores del unionismo hispanoamericano.

El siguiente texto es un fragmento de la conferencia pronunciada en 1960 en la Facultad de Arquitectura de Montevideo por el abogado e historiador argentino José María «Pepe» Rosa y titulada «La revolución de mayo y la unidad hispanoamericana»

EL REVISIONISMO HISTÓRICO ¿QUÉ ES EL REVISIONISMO?

Mis palabras tal vez chocarán a algunos porque pertenezco a la escuela revisionista de la historia Argentina, que bien puede llamarse de la historia latinoamericana ¿Qué es el revisionismo histórico? Ante todo es emplear el método histórico en la investigación del pasado: reconstruir los hechos lo más aproximadamente posible a su veracidad. Y enseñar públicamente esa verdad: en la escuela, en los colegios, en la universidad. Y si no se puede allá, en conferencias, en plazas públicas: porque nuestra auténtica historia ha sido escamoteada deliberadamente por la oligarquía para mantenernos en un estado de mediatización colonial para ser colonias pacíficas y tranquilas. La historia es el alma de los pueblos, y se nos ha querido quitar el alma para que no seamos jamás un pueblo. Pero además de este restablecimiento de la veracidad histórica por la auténtica reconstrucción de los hechos históricos, el revisionismo hace otra cosa. Los interpreta No los interpreta como la historia liberal desde las conveniencias del liberalismo, ni desde las vaguedades de la humanidad, la libertad, la civilización, etc. Nosotros los interpretamos desde aquí, desde el suelo que pisamos, y si me apuran mucho diré que desde la hora que vivimos. Porque la historia no es algo muerto: es algo vivo, algo que enseña el camino a un pueblo. Aquello que carece de actualidad no nos interesa: interesa a los eruditos, La historia no es erudición: es quehacer político. Interpretamos a la historia. Es decir valoremos los hombres y las cosas del pasado desde las conveniencias de Hispanoamérica como unidad nacional. No nos interesa que sus gobernantes hubieran sido constitucionales o inconstitucionales, “tiranos” o libertadores (para usar la terminología liberal que llama «tiranos” a los gobernantes populares). Nos interesa si fueron patriotas y sobre todo si obraron con patriotismo. Todo lo demás lo consideramos no sustancial, adjetivo. ¿Qué se propone el revisionismo? Esencialmente quebrar al coloniaje. Al coloniaje político, económico y sobre todo cultural lo quebraré mostrando donde está la “patria”, borrando a los falsos próceres que hoy se muestran como ejemplo y que hicieron de la Argentina (no quiero hablar sino de las cosas de mi tierra) esa colonia sin alma que hoy es. Que hicieron de toda Latinoamérica (aquí si puedo hablar) ese mercado de materias primas y víveres de los grandes imperialismos cuyos ideales se nos dice son la «libertad” (la libertad para que nos exploten: la libertad para pocos: la libertad del zorro libre en el gallinero libre que dijo alguno) y la “democracia” sin demos, la democracia controlada, conducida, engañada por los dueños de ultramar. Sigue leyendo

España e Hispanoamérica: Comunidad histórico-jurídica 1812-2012

La Constitución de Cádiz de 1812 tenía el objetivo de enterrar el Antiguo Régimen. Era la primera Carta Magna que se sustentaba en los pilares de la democracia moderna y un texto tan avanzado para su época que sirvió de modelo a otras constituciones americanas.

La Constitución de Cádiz de 1812 tenía el objetivo de enterrar el Antiguo Régimen. Era la primera Carta Magna que se sustentaba en los pilares de la democracia moderna y un texto tan avanzado para su época que sirvió de modelo a otras constituciones americanas.

Artículo de Mónica Nicoliello, Profesora de Historia en la Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación de la Universidad de la República, Montevideo. Publicado el 14 de agosto de 2012 en el diario digital boliviano La Razón.

Las Constituciones nacionales de España y América tienen una matriz común: la Constitución de 1812 y tienden a integrar normas de Derecho internacional.

“No fueron unos ‘aventureros’ los 60 diputados americanos que viajaron –sorteando mil y un peligros– desde América a una ciudad sitiada como Cádiz, como también se ha escrito. Les impulsó, les motivó algo especial, único, quizá la certidumbre de que estaban protagonizando un momento histórico (…) Porque marchar a una ciudad asediada, a una península ocupada, a una Europa en guerra, requirió de una ilusión heroica difícil de historiar pero de obligada referencia y de mayor complejidad que ciertos simplismos históricos referidos hasta aquí”, Manuel Chust, “La Constitución de 1812 y América”, El País, 21/04/2012.

La matriz constitucional de España y América

Que el contenido de las constituciones de España e Hispanoamérica no sólo responde a criterios comunes, sino que hasta los legisladores son por momentos los mismos, es algo que rompe los ojos. La Constitución de la Nación española de 1812 consagra lo que era y probablemente sigue siendo un hecho, la existencia de una Comunidad histórico-jurídica, es decir, un conjunto de tradiciones históricas, políticas y jurídicas comunes, y, además, con características de Comunidad nacional, lo cual supone una herencia cultural común, empezando por la lengua castellana y que, al mismo tiempo, no excluye singularidades:

“La Nación española es la reunión de todos los españoles de ambos hemisferios (españoles europeos y españoles americanos)” (Título I, Capítulo I, artículo 1). Sigue leyendo

La revolución hispanoamericana, 1808-1810

Salvador Viniegra (1862-1915), La promulgación de la Constitución de 1812

Salvador Viniegra (1862-1915), La promulgación de la Constitución de 1812

 
 
 
 
 
 
 
 

Autor: Olmedo Beluche, sociólogo y profesor de la Universidad de Panamá

LA REVOLUCIÓN HISPANOAMERICANA 1808 -1810.

De las abdicaciones de Bayona a las Cortes de Cádiz.

Uno de los pasajes menos estudiados del proceso independentista hispanoamericano es que el que va de, mayo de 1808, con las Abdicaciones de Bayona, a la instalación de las Cortes de Cádiz, en septiembre de 1810. Sorprende este aparente olvido, siendo este período el que dispara el chorro de acontecimientos que cambiaría para siempre la suerte del Imperio español y sus territorios americanos. Gracias a la deferencia del Prof. Guillermo Castro, hemos accedido a un libro que ilumina muy bien esta fase: Modernidad e independencias. Ensayos sobre las revoluciones hispánicas, del historiador hispano-francés François-Xavier Guerra (Fondo de Cultura Económica. México, 1992). Dato curioso, Guerra, que empezó estudiando al movimiento obrero marxista, y luego se concentró en historia de México e Hispanoamérica, fue miembro numerario del Opus Dei.

Dos maneras de entender la Nación, la antigua y la moderna

El objetivo central del libro consiste en estudiar el tránsito del Antiguo al Moderno régimen en la España (o las Españas) de inicios del siglo XIX. Cambios que se operan en las instituciones, pero también en las formas de sociabilidad y, sobre todo, en las mentalidades. Modificación en la forma de entender y relacionar categorías como Nación, Pueblo, Soberanía, Representación, Legitimidad, etc. Ese cambio se produjo en el bienio 1808-1810, en medio de la crisis de la Monarquía española, según François-Xavier Guerra. La forma como españoles ibéricos y españoles americanos entendían esos conceptos es una al inicio del proceso y otra al final del mismo. Cambio más cultural que efectivamente social y económico, y que el autor califica de Revolución. Sigue leyendo