«No podemos ser Hispanoamericanos si no reconocemos los enormes puentes que nos comunican entre nosotros como hispanos así como los retos que se nos presentan con la península, continentalmente. De la misma forma, el destino de España frente a la América Hispana no podrá depender de la dinámica interna de las cumbres sino de una política en la que defienda el crecimiento de la región con base en la independencia política de Hispanoamérica frente a los Estados Unidos»

Diputados jurando la Constitucion de 1812, monumento a la Constitución en Cádiz, obra del arquitecto Modesto López Otero y del escultor Aniceto Marinas.
Artículo del politólogo Rafael Morales Ramírez publicado en el sitio web de la revista crítica El Catoblepas (nodulo.org), en marzo de 2009.
El proceso que abre el bienio 1808-1810, con el que se alcanza la independencia de los países americanos de España, sigue interpretándose el día de hoy como un hecho nacional y americano. Así, las repúblicas hispanoamericanas se preparan para realizar grandes celebraciones tratando de ensalzar aquello que les es más propio, sus héroes, himnos y todo tipo de referentes patrioteros, las pertenencias que dan forma al carácter nacional de cada país. Se organizan grandes comisiones, congresos, cátedras y publicaciones para revisar los hechos de aquellos años; se develan monumentos y arrancan todo tipo de obras públicas con la finalidad de rememorar las hazañas de nuestros ancestros. Los jefes de Estado se apresuran a organizar los festejos para dar una imagen de renovación social o, incluso, para relanzar sus gobiernos. Las celebraciones alcanzan casi para todo. No obstante los aprestos por el Bicentenario de las Independencias no han suscitado un debate en torno al futuro histórico de Hispanoamérica.
En efecto, este hecho da cuenta del surgimiento de la Nación política, que se alcanza por holización, es decir, por la transformación de la sociedad política del Antiguo Régimen a una Nación política compuesta de individuos iguales entre sí.{1} No obstante, el proceso independentista que surge del bienio 1808-1810 no sólo forma el mito fundacional de cada uno de los Estados nacionales de la región pues implica, sobre todo, la inserción de los pueblos americanos en una plataforma continental histórica, vale decir, universal: Iberoamérica. De ahí que los fastos del bicentenario de la independencia de la América española queden a la deriva, al reducirse a múltiples festejos, siempre que no se reflexione sobre nuestra historia política dentro de un bloque continental más amplio, no estrictamente nacional, que coloque a cada país frente a Hispanoamérica Sigue leyendo









