Texto de lectura para un curso de lengua publicado el 20 de septiembre de 2010 en el sitio web de Gertz-Ressler High School (California).
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A pesar de la gran diversidad que presenta Hispanoamérica, los países que la forman tienen un patrimonio histórico común y, por lo tanto, la misma tradición hispana. La unidad de su historia hace de Hispanoamérica una gran patria para todos sus habitantes, los cuales hablan, piensan, sienten y rezan en español.
La organización de los pueblos y ciudades de Hispanoamérica es típicamente española, teniendo siempre una plaza central con la iglesia a un lado y el ayuntamiento, o palacio municipal, al otro. En cualquier ciudad de Hispanoamérica se puede apreciar la huella que España dejó en sus calles, en sus casas con patios interiores, en sus ventanas enrejadas, en sus catedrales y en sus claustros. Asimismo, son parte de la herencia española ciertas costumbres y tradiciones, como la siesta del mediodía, las cenas tardes y las sobremesas largas. También forman parte de esta herencia ciertas celebraciones, como el Día de los Difuntos (Día de los Muertos), el 2 de noviembre. Esta es una fecha de recordación de las personas desaparecidas y los cementerios se llenan de gente que lleva flores a las tumbas de sus familiares.
Esta marcada influencia española tomó distintas formas al unirse con otras culturas en el Nuevo Mundo. El substrato azteca y maya en México y en Guatemala, y el inca en el Perú, así como la cultura africana en el Caribe, fueron las principales fuentes de enriquecimiento que contribuyeron a formar un mundo con formas colores y música genuinamente propio de Hispanoamérica. Sigue leyendo








