«esos cuatrocientos años de imperio, no son sino lo más trascendental que hemos vivido. En ellos, se constituyó nuestra identidad: la hispanoamericana (…) Negar el hecho de que somos hispanos es negar la vida misma, pues es imposible aprehender todo lo que ella nos ofrece sin una identidad constituida. En esta premisa subyace la profunda crisis existencial que aqueja actualmente a la América Hispana»
Artículo de opinión de Andrés della Chiesa, estudiante de Literatura y Ciencias Políticas en la Universidad Bicentenaria de Aragua (UBA) y fundador de ORDEN (Organización de Estudiantes Nacionalistas de Venezuela). Tomado del sitio web de esta última.
En 1982, la pluma encendida de don Arturo Uslar Pietri se cuestionaba el influjo real de la gesta española en el nacimiento de la Modernidad. Un Descubrimiento de América que trajo consigo una nueva visión del hombre y de su destino, creando una crisis de identidad en el Viejo Mundo cuyas consecuencias conocemos el día de hoy. La universalidad del 12 de Octubre en ese sentido, y probablemente en cualquier sentido, es innegable. Si algún intelectual de inestimable reputación, intuición aguda y buen tacto, realizara el día de hoy un compendio de los eventos más importantes de la historia humana, el encuentro entre españoles y americanos debería encontrarse sino a la cabeza, tampoco muy lejos de ella. Esa gesta sin igual, expresión máxima del espíritu aventurero, trajo consigo no sólo el divorcio con un pasado convulsionado y traumático, sino la ruptura absoluta con gran parte de lo que hasta la fecha conformaba el canon del conocimiento.
La idea, europea, de un nuevo hombre, de nuevas formas de asociación e interacción, dio al flujo del pensamiento occidental una dimensión nunca antes vista. En su libro Fachas, fechas y fichas, don Arturo propone la tesis de un Nuevo Mundo que abarca, de buenas a primeras, al mundo entero. No el hecho americano, con todas sus implicancias, sino el hecho humano, cuya condición existencial no volverá a ser la misma. Pasadas las primeras confusiones, descubiertas las posibilidades que el nuevo continente ofrecía, España vino a América a fundar Imperio, a fundar otras Españas. La ardua empresa de la conquista no pretendía, como se afirma hoy en día, subyugar al indio y saquear la tierra o extraer del suelo nuevo, riquezas nuevas. Considerar esto implicaría un reduccionismo muy burdo y muy elemental, al que lamentablemente se han entregado no sólo políticos y ciudadanos, sino “historiadores” cuyo renombre es exacerbado por contribuir a la tergiversación de un hecho fundamental, en todos los sentidos, como el encuentro de Dos Mundos.
Lo que los cronistas de la época llegaron a denominar La Empresa de las Indias, afectó de muchas maneras y en diverso grado nuestro destino y nuestro pensamiento. Sigue leyendo








