«He aquí dos ideas básicas, dos premisas de la política hispanoamericana de Lucas Alamán: los países hispanoamericanos son miembros de una familia histórica cuyo interés común es salvaguardar su existencia; sus relaciones son específicas y deben ser objeto de trato especial. En consecuencia deben unirse en un Pacto de Familia (…) El “gran objeto político (…) es el promover la unión de todas las Repúblicas formadas de lo que antes fue Colonias Españolas, para que procedan de acuerdo en todo lo que puede llamarse intereses comunes, y restableciendo los lazos fraternales que entre ellas existían y que nunca debieron romperse por la independencia, se adquiera para todas la consideración que en la política sólo se concede a las grandes masas”. Es la idea persistente común al pensamiento de Egaña, Bolívar, Muñoz Tébar, del Valle, Zea»

Lucas Alamán, en un grabado de mediados del siglo XIX. Espíritu culto y político de gran visión estratégica, comprendió la necesidad de unir a Hispanoamérica para convertirla en una gran potencia capaz de salvaguardar su existencia y defenderse de las amenazas de potencias extranjeras, particularmente Estados Unidos.
El siguiente texto es un extracto del libro «La Patria Grande. La reunificación de Hispanoamérica: Historia de una idea persistente» (Capítulo 14), de Raúl Linares Ocampo (Ediciones del Instituto Bolívar, Arequipa-Berlín, edición de 2010). El presente artículo es uno de los escasos textos que actualmente pueden encontrarse en internet sobre el Pacto de Familia de Lucas Alamán, una de las figuras clave del unionismo hispanoamericano.
Desechada la opción a una reunificación por lo menos parcial a causa del fracaso del Congreso de Panamá, en adelante nuestros países debían enfrentarse aislados a potencias europeas ya consolidadas y de infinito poder; a los Estados Unidos, “una poderosísima nación, muy rica, muy belicosa, y capaz de todo; y al imperio brasileño, ocupado en extender su frontera a costa del territorio hispanoamericano. Lucas Alamán, como único vidente entre los ciegos del gobierno mexicano, había apoyado desde el principio y sin reservas la empresa bolivariana: firmó los tratados de alianza con los artículos de intervención, defendió su carácter anfictiónico, y por tanto se opuso a la participación de los E.U., y vio en la Confederación Hispanoamericana el medio adecuado para defender la integridad del territorio mexicano “contra las acechanzas de sus enemigos”, como Bolívar ofrecía. Cayó derrotado por la diplomacia autocolonial, según vimos. Años después retorna a la Secretaría de Estado desde la cual intenta realizar una variante de la empresa bolivariana. El presente capítulo la describe, a la vez que recoge su testimonio sobre la verdadera causa del fracaso del Congreso de Panamá, del cual él fue inicialmente un protagonista y cuyos documentos probatorios estaban a su disposición en la Cancillería. La diplomacia autocolonial de la República Criolla lo derrotó una segunda vez, por patriota. Sigue leyendo








