La unidad de origen hispanoamericana

REFLEXIONES SOBRE LA UNIDAD INDIANA FRENTE A LA JUNTA DE MONTEVIDEO DE 1808 (Fragmento de la conferencia del Dr. Oscar Abadie Aicardi en ocasión de cumplirse los 200 años del Cabildo Abierto de 1808. Domingo, 21 de Setiembre – Museo Zorrilla de San Martín. Organización: Asociación Patriada por la Historia)

Cabildo abierto de 1808, óleo de Pedro Alonso

Cabildo abierto de 1808, óleo de Pedro Alonso

1.- La unidad de origen hispanoamericana

Como recuerda Felipe Ferreiro, durante más de 300 años Hispanoamérica fue una sola unidad tanto en lo político como en lo militar, en lo económico y financiero y lo administrativo. Por Real Cédula de 1519, Carlos V renunció a su potestad de disposición y de sus sucesores respecto a las islas y tierras comprendidas en el Reyno de Indias en estos categóricos términos:

“Es nuestra voluntad y lo hemos prometido y jurado que siempre permanezcan unidos por su mayor perpetuidad y firmeza, prohibimos la enajenación de ellas. Y mandamos que en ningún tiempo puedan ser separadas de nuestra Real Corona de Castilla, desunidas ni divididas en todo o en parte ni en favor de ninguna persona […] y si Nos o nuestros sucesores hiciéramos alguna donación o enajenación […] sea nula y por tal la declaramos.” Sigue leyendo

La nueva visión (Introducción)

«En Nuestra América existe una Nación Histórica a rescatar de la autodenigración y del olvido para hacerla base de un Estado erigido en todo el ámbito encerrado por las fronteras del idioma, la historia, la cultura y el destino comunes»

Mapa de América, finales del siglo XVII.

Mapa de América, finales del siglo XVII.

El siguiente texto es la introducción del ensayo «La nueva visión», del escritor e investigador hispanoamericanista Raúl Linares Ocampo, y que publicamos por entregas en nuestro sitio web.

ADVERTENCIA INICIAL

A fin de que la obra sea comprensible y cumpla su cometido, precisa emplear la siguiente terminología.

Nuestra América es la América que tiene comunidad de origen, historia, cultura y destino; la América eminentemente mestiza como los Libertadores, la América que se entiende en Castellano. Es Hispanoamérica. Ni más ni menos. Lo que va más allá nos debilita porque introduce la heterogeneidad. Lo que es menos no agota nuestro potencial histórico.

Época Indiana es la que abarca desde el Descubrimiento (1492) hasta el inicio del movimiento de la independencia (1810). Comprende pues los siglos XVI, XVII y XVIII. Colón creyó haber llegado a la India. Cuando se comprobó el error, se llamó Indias Occidentales a la parte ocupada por España. Este nombre quedó luego abreviado en Indias. La sociedad de entonces se autodenominó indiana, y el correspondiente adjetivo indiano fue corrientemente empleado: administración indiana, política indiana, legislación indiana, monarquía indiana, Estado Indiano, etc. Las Indias no fueron colonias. Fueron una parte constitutiva, autónoma, del imperio hispano, representada y regida por el Consejo Supremo de Indias. Esta es la razón de método y etimología por la que empleamos el adjetivo indiano en vez de colonial. Un motivo adicional es la suprema razón del propio interés. Un pueblo digno de respetarse, comienza por respetarse a sí mismo, para hacerse respetar. A tal fin comienza por dignificar origen y apellido históricos. El adjetivo colonial, comúnmente aplicado a esta época, es extraño a la época misma y a nuestro propio interés, dado su matiz peyorativo más adecuado para rebajar al ofendido que para acusar al ofensor. Colonias fueron las plantaciones, las factorías y los enclaves que anglosajones, franceses, holandeses, etc. establecieron alrededor del mundo. Asentamientos ultramarinos destinados a explotar el país, controlar a los colaboradores y segregar las razas. En las Indias se creó un Nuevo Mundo, gracias al mestizaje biológico y cultural de dos mundos que vivían su apogeo cuando chocaron, mezclaron su sangre y unieron su destino. Fabuloso nacimiento, motivo de orgullo para un pueblo. No fue pues casualidad que las Indias tuvieran la primacía continental durante los tres siglos de su existencia.

El nombre América, invento de las potencias rivales de España, se popularizó en las Indias recién en el siglo XVIII. Sigue leyendo

La reconstrucción de Hispanoamérica [fragmento]

«cuanto más cerca de las fuentes, más personalidad; cuando más pasado, más patria (…) al afirmar nuestra personalidad autónoma hay que volver los ojos cada vez más resueltamente hacia la sangre hispana que, al mezclarse con la sangre indígena, impuso la realidad de la nueva América (…) Hay, desde el punto de vista del carácter, más diferencia entre dos provincias de Francia que entre dos repúblicas nuestras. Quien las recorra todas, de norte a sur, viajará sin cambiar de ambiente y aunque pase fronteras múltiples, tendrá la sensación de no salir del mismo país»

"Primera Misa en Santiago", óleo de Pedro Subercaseaux, 1904. Colección Museo Histórico Nacional (Chile)

«Primera Misa en Santiago», óleo de Pedro Subercaseaux, 1904. Colección Museo Histórico Nacional (Chile)

El siguiente texto es un fragmento extraído del capítulo II («El material humano») del ensayo «La reconstrucción de Hispanoamérica», obra póstuma del escritor, diplomático y político Manuel Ugarte, publicada por primera vez en 1961.

Las naciones se amalgamarán siempre alrededor de particularismos que concentran y no alrededor de generalidades que dispersan. No es posible crear nacionalidades sin nacionalidad. Nuestro punto de partida está en el cruce de caminos de la América autóctona con la conquista ibérica. La realidad étnica es esa. En cuanto a la realidad espiritual no puede ser otra que el idioma dominante y la cultura hispana que se sobrepuso. Así podemos decir: cuanto más cerca de las fuentes, más personalidad; cuando más pasado, más patria.

Desde mucho antes de apasionarme por los problemas de América y de observarlos con predilección fui, desde este punto de vista, nacionalista fervoroso, quizá porque tuve, como los pájaros, la intuición del derrotero. Pese a las variantes introducidas, se ha mantenido en el conjunto del continente ibérico la composición de los orígenes, y por encima de los fenómenos esporádicos, con nuestro material tendremos que construir.

Pero no ha de ser tampoco el indigenismo, preconizado por algunos en ciertas zonas, el que pueda servir de motivo inspirador. El indigenismo, o indianismo, significa regresión a la América precolombina y sólo puede tener curso como fantasía literaria. Hasta hace sonreír la simple hipótesis, porque cabe preguntarse en qué idioma se haría la campaña para exhumar ese pasado. Sigue leyendo

La dificultad hispanoamericana

«¿Por qué, me pregunto, en nuestro Mundo Nuevo, Brasil y Estados Unidos consiguieron mantener después de la independencia su cohesión como grandes conglomerados nacionales, en tanto que nosotros, los hispánicos, nos dividimos, nos subdividimos, vivimos entrampados en peleas estériles, mientras celebramos cumbres de toda clase y hablamos a cada rato de una integración que nunca se lleva a la práctica?»

Combate naval de Angamos, óleo de Teófilo Castillo Guas (1857-1922)

Combate naval de Angamos, óleo de Teófilo Castillo Guas (1857-1922)

Artículo publicado por el escritor chileno Jorge Edwards en la sección «Tribuna» del diario electrónico español El País, el 16 de noviembre de 2005

Desde luego, cada país tiene derecho a legislar como le dé la gana, pero no puede pretender que esta legislación o reforma constitucional afecte a los derechos de los países vecinos. Los límites entre Estados soberanos dependen de acuerdos, de convenios, de tratados anteriores. En algunos casos puede ser necesario o conveniente interpretar un texto jurídico, pero la mejor interpretación es la que se alcanza de común acuerdo, por la vía de la diplomacia. La idea de que un asunto de límites entre Chile y Perú, bilateral por naturaleza, pueda resolverse en forma multilateral, recurriendo a la OEA, buscando el apoyo de terceros países, me parece discutible y en cierto modo ingenua. Lo que sucede es que nosotros tenemos ahora una diplomacia impulsiva, lo cual es algo así como un oxímoron. El diccionario emplea el siguiente ejemplo de oxímoron: un silencio atronador. El lector podrá deducir lo que pienso de este concepto de diplomacia impulsiva. No debemos olvidar a los clásicos, a Metternich y compañía entre los europeos, a don Andrés Bello y al Barón de Río Branco en las latitudes nuestras. La diplomacia es una profesión antigua, lo cual supone dos cosas: en primer lugar, que es profesión, algo que los chilenos de ahora no siempre tomamos en cuenta, y en seguida que obedece a reglas y a formas tradicionales que no es cuestión de cambiar de una plumada. Sigue leyendo

Recuperar la unidad de nuestra nación

América, siglo XVIII: los hispanoamericanos teníamos el Estado más extenso y unido; es necesario recuperar nuestra unidad.

América, siglo XVIII: los hispanoamericanos teníamos el Estado más extenso y unido; es necesario recuperar nuestra unidad.

«una mirada revisionista de la historia supone que el horizonte de los padres fundadores era Hispanoamérica. Desde aquí, el objetivo central de la revolución nuestra americana, su motor que la impulsa y que le da sentido, fundamento e identidad es la emancipación total de los pueblos de la América española y la unidad de la nación que existía bajo la forma de los virreinatos (…) la unidad de la nación hispanoamericana aún hoy se construye a fuego lento y contra las presiones de los poderosos»

Alocución pronunciada por el profesor Rubén Buzano, durante la celebración del aniversario del Primer Gobierno Patrio en el Colegio Argentino Árabe «Omar Bin Al Jattab», el 28 de mayo de 2012

Se cumplirá mañana un nuevo aniversario de nuestra revolución. Se dice entonces que hace ya doscientos dos años nació la Patria. Nos interesa reflexionar aquí, como una prolongación y extensión de lo que hacemos en el aula, sobre el contenido y los alcances del proceso revolucionario. Sigue leyendo

La independencia en Hispanoamérica: una especulación

La valoración del papel del azar en la historia es uno de los elementos positivos que destaca el autor de este artículo en la segunda parte de su comentario al libro de Julián Marías España inteligible. Esta valoración permite comprender, entre otras cosas, sobre la temprana independencia de las colonias españolas y la modalidad fragmentaria que revistió, en contraste con el caso portugues.

La América española y la portuguesa a fines del siglo XVIII. Obsérvese la enorme extensión de Hispanoamérica (en color marrón), que si hoy siguiera unida sería la mayor nación del mundo.

La América española y la portuguesa a fines del siglo XVIII. Obsérvese la enorme extensión de Hispanoamérica (en color marrón), que si hoy siguiera unida sería la mayor nación del mundo.

Artículo del escritor Francisco Ayala publicado en la sección «Tribuna» del diario electrónico español El País el 2 de agosto de 1985.

Un rasgo que de manera especial me complace en el libro de Julián Marías sobre España inteligible es su insistencia en restablecer el papel -a veces de alcance transcendente- jugado por el azar en el desenvolvimiento de los acontecimientos que fraguan el destino tanto del individuo como de las colectividades. A este respecto, leyendo las consideraciones -en gran medida atinadas- que hace sobre el proceso de la independencia de los países hispanoamericanos y sobre las causas de la creciente dispersión centrífuga con que esa independencia se produjo, así como la interpretación que nuestro filósofo-historiador ofrece de las fuertes connotaciones de reacción antiespañola con que la independencia de las nuevas repúblicas se manifiesta, se me ocurre pensar que ahí pudiera deber contarse con uno de esos factores azarosos capaces de torcer el curso de los acontecimientos, o al menos de prestarle una particular inflexión. Más de una vez en mi vida me he preguntado, contemplando el mapa del continente americano, donde en seguida salta a los ojos que la extensión territorial de Brasil es equiparable a la del conjunto de los países de lengua española, cuál puede haber sido la causa -que deberá ser, en todo caso, una causa histórica- de que aquel país surgiera desde el comienzo y se haya mantenido -pese a sus tremendos desniveles internos de todo tipo- como un cuerpo político unido, mientras que éstos se encuentran divididos en multitud de Estados, varios de ellos apenas viables, o no viables en absoluto. Y si tan chocante contraste ha de tener una causa histórica, a la historia habrá que preguntársela. Sigue leyendo

Por una organización de países hispanoamericanos

«una Organización política, económica social y militar de Países Hispanoamericanos, que presente una sola voz ante el mundo, que pueda integrar a nuestra región de pleno derecho al concierto de naciones(…) esa entelequia llamada OEA (…) hoy no sirve para nada y es una remora para nuestra región. Y lo es porque en ella están potencias como Estados Unidos y Brasil  que utilizan todo su poder económico para favorecer sus intereses políticos y económicos en detrimento de nuestros pueblos»

Con 400 millones de habitantes, una historia, cultura y lengua comunes, Hispanoamérica es una nación "invisible" ante el mundo por su falta de unidad política.

Con 400 millones de habitantes, una historia, cultura y lengua comunes, Hispanoamérica es una nación «invisible» ante el mundo por su falta de unidad política.

Artículo publicado por Gerardo Ortiz en la web venezolana Círculos Bolivarianos Socialistas (1 de julio de 2011).

Cerca de 400 millones de hispanoamericanos estamos marginados de los centros de decisiones mundiales, y su voz sólo es tomada en cuenta cuando hace falta como relleno mudo de las decisiones tomadas por los potencias que hoy dominan el panorama mundial.

Esta situación se traduce en una completa inferioridad a la hora de tratar importantes asuntos que tienen que ver con el intercambio de los pueblos, desde el económico hasta el cultural, pasando por el tecnológico, el de la salud, el educativo, el de las telecomunicaciones, etc. convirtiendo nuestra región en una especie de «recogiditos» del mundo.

Un ejemplo patético de esta minusvalía internacional lo vimos en la reciente «guerra del banano» en la que, en tanto la Unión Europea tenía una sola voz para negociar, los diferentes productores latinoamericanos aparecían aislados, sin un sólido poder para negociar. Distinto hubiese sido si los europeos nos hubiesen visto como un bloque. Sigue leyendo

Sobre la integración de nuestra América

Noticia publicada en el apartado «Noticias» del sitio web cubano La Ventana, portal informativo de La Casa de las Américas, el 29 de enero de 2013.

Este lunes 28, a las tres de la tarde, en la sala Manuel Galich de la Casa de las Américas, tuvo lugar el panel “Avances, dificultades y perspectivas de la integración independiente en nuestra América”, a cargo de Sergio Guerra Vilaboy (Cuba), Salim Lamrani (Francia) y Renán Vega Cantor (Colombia)

Aurelio Alonso, subdirector de la revista Casa, moderó el primer panel de esta edición 54 del Premio Literario Casa de las Américas, que contó con las intervenciones de los jurados de la categoría Ensayo histórico-social.

Tras las presentaciones de rigor, Aurelio dio la palabra al primero de los panelistas, el historiador y ensayista cubano Sergio Guerra Vilaboy, quien ofreció los antecedentes de la integración latinoamericana y recordó que en los tiempos de eclosión y cambio que vivimos en el continente, la celebración de una cumbre de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC), reunida por estos días, constituye una muestra de esa voluntad integracionista.

Aludió al auge, sin precedentes en Nuestra América, de los procesos de unidad e integración, cuyos orígenes se asocian a Venezuela y una figura como Francisco de Miranda, el primero en pensar en la emancipación y sugerir que las colonias de España debían independizarse y congregarse en torno a un solo estado. Sigue leyendo

El hispanoamericanismo de Alberto Masferrer

Alberto Masferrer, escritor, filósofo y político nacido en Alegría (El Salvador) en 1868 y fallecido en Tegucigalpa (Honduras), en 1932.

Alberto Masferrer, escritor, filósofo y político nacido en Alegría (El Salvador) en 1868 y fallecido en Tegucigalpa (Honduras), en 1932.

Su antiimperialismo era más bien rodoniano de búsqueda de lo propio frente a lo ajeno, de reencuentro con los valores hispanoamericanos y de rechazo a la imitación de lo norteamericano, evitaba copiar lo extranjero como lo único bueno y válido para la constitución de la patria y la nación.(…) «la necesidad perentoria es hacer la unión, porque si no la hacemos juntos se apoderarán de nosotros y después no habrá ni conservadores ni liberales sino súbditos de un poder extraño»

El siguiente texto es un fragmento transcrito del trabajo titulado «El vitalismo teosófico como discurso alternativo de las élites intelectuales centroamericanas en las décadas de 1920 y 1930. Principales difusores: Porfirio Barba Jacob, Carlos Wyld Ospina y Alberto Masferrer», obra de Marta Elena Casaus Arzú (publicado en la revista REHMLAC, ISSN 1659-4223, Vol. 3, Nº 1, Mayo 2011- Noviembre 2011, bajo el apartado «La difusión del vitalismo teosófico de Masferrer»).

Podríamos decir, sin duda, que no sólo es el mejor exponente del vitalismo teosófico sino su creador o el intelectual que más difundió e influyó en Centroamérica en esta corriente tan sui generis en el pensamiento centroamericano y que desembocó en un proyecto político: el unionismo. Sigue leyendo